FÉLIX MARTÍNEZ/FILÓSOFO

Mi madre se llama Rosario, tu madre no sé cómo se llamará, pero seguro que también es filósofa. Nos encontramos, pues, con una filósofa en casa. Una filósofa que, en la mayoría de los casos, no pertenece a la academia.

Podemos saber muchísimas máximas, aforismos o frases conocidas de muchos autores. Ahora bien, ¿quién no ha escuchado cuando se está buscando algo lo de “está en su sitio”? Frase que aúna cotidianidad y profundidad.

En efecto, la “cosa” a buscar habría que entenderla en un contexto muy determinado, muy hermético en este caso. En mi caso concreto lo he interpretado de una manera un poco curiosa, a la manera heideggeriana y kantiana. La frase a analizar rompe de pleno con “la cosa a la mano” de Heidegger, pues en este caso jamás se encuentra a la mano. Aunque sí concuerda con la preexistencia del Ser en cuanto al ente. El ente, pues, antes de su propio existir ya tiene un sitio, por lo que de alguna manera puede responder al acercamiento de su esencia, de su ser. Si conocemos de algo cuál es su sitio, su lugar en el mundo, ¿no estaremos más cerca de conocer el arcano de su ser? Por otro lado, aunque también dentro del contexto heideggeriano, nos encontramos con otro concepto: el habitar. Si en este habitar es dónde puede hallarse el lugar del Ser, las madres, la mía al menos, conoce a la perfección este habitar, es más, conoce multitud de habitares que podría tener otros tantos entes.

Pero no solo, como ya se ha adelantado, podemos rastrear referencias heideggerianas, sino que, también, podemos rastrear a Kant como otro gran paraguas que da un sustrato firme y filosófico a esta máxima cotidiana. Lo que nos interesa del filósofo prusiano es su “estética trascendental”. En ella encontramos al espacio y al tiempo como formas puras, como las formas del conocimiento a priori. En efecto, si la cosa “está en su sitio” tenemos que asumir que el espacio que ocupa la cosa, dentro del pensamiento kantiano, existen antes que la propia cosa, pues el espacio a ocupar tiene que existir antes que el propio objeto que ocupa dicho espacio. Quizá, es por este motivo, y ahora parece que se ve algo más claro, que verdaderamente sí es su sitio, pues este sería el propio de la cosa con anterioridad a la existencia de esta.

Sin embargo, creo que también podemos ir más y rastrear todo esto hasta a Platón si tenemos en cuenta la crítica aristotélica de “el Tercer Hombre”. Con esta crítica podemos ir hasta la Idea de espacio que ocupa cada cosa. Por lo tanto, a nivel metafísico la máxima tendría sentido si tenemos en cuenta esa Idea de lugar, de espacio dónde se insertaría a su vez, la Idea del objeto buscado.

Como vemos, podríamos encontrar fundamento en estos tres autores, aunque bien podían ser otros autores o ampliar la nómina de los mismos.

Pienso en todo esto mientras busco la cartilla del perro para poder llevarlo al veterinario. En esta búsqueda encuentro sosiego y respuesta en la filosofía. Aunque tengo que confesar, una vez más, que mi madre parece saber de filosofía mucho más que yo.