Flo Battah
Estoy preparando la maleta. Echaré algún abrigo porque en estas fechas hace frío. Apenas un par de camisetas y un pantalón completarán mi equipaje. El vuelo sale en unas horas y ya estoy notando ese temblor nervioso que comienza a recorrer mi cuerpo.

Flo Battah
Estoy preparando la maleta. Echaré algún abrigo porque en estas fechas hace frío. Apenas un par de camisetas y un pantalón completarán mi equipaje. El vuelo sale en unas horas y ya estoy notando ese temblor nervioso que comienza a recorrer mi cuerpo.
Dejo una chocolatina sobre mi cama y saludo a mis compañeros. No es una despedida porque saben que en unos días volveremos a vernos, pero si aprecio un suave brillo de ojos que denota un estado de ánimo entre melancolía y felicidad. En unos instantes estaré sentando en el asiento 19D. Pero no viajo solo, voy cargado de sueños e ilusiones, y de miles de personas que, junto a mí, regresan a su tierra por Navidad. Pero claro, no todos ellos van en mi avión ni viajan el mismo día. No los conozco pero sé, que algunos de ellos regresan en tren, otros en autobús, y una gran mayoría, lamentablemente, no podrán estar con su familia en estas fechas tan señaladas.
Cuando llegue abrazaré a mis padres y les diré cuánto les he echado de menos. Le daré un pellizco en la cara a mi sobrino mientras observo perplejo cuánto ha crecido desde la última vez que lo vi, y le contaré a mi abuela que trabajar en el extranjero no es tan duro como parece. Y sí, abuela, estoy comiendo bien, de hecho he ganado algunos kilos.
Cuando llegue quedaré con mis amigos, los de toda la vida, aquellos que aunque te vayas mucho tiempo, siempre te esperan con anhelo y con una sonrisa en la cara. Y saldremos de fiesta y recorreremos todos los bares, como si nunca me hubiera ido. Pero cuando llegue, sobre todo, pasearé con nostalgia por cada calle y cada rincón de mi pueblo, con la esperanza de que hasta las fachadas de los edificios más altos me miren a través del marco de sus ventanas y griten en silencio que saben que he vuelto, y que me echaban de menos.
Tengo tantas cosas planeadas que seguro que no tendré tiempo de llevarlas a cabo. Es imposible hacer en unos días lo que te llevaría años. Pero de una cosa estoy seguro, una sonrisa me acompañará durante estas fechas. A mí y a todos aquellos que regresan a nuestra entrañable comarca del noroeste murciano.
Y cuando termine la Navidad y tenga que volver, me sentaré tranquilamente en esta cama dónde ahora preparo la maleta y seguro que me sentiré orgulloso y satisfecho. Y entonces será cuando deguste la chocolatina que aquí dejo ahora, para que consiga hacerme sentir más dulce la vuelta.
Os deseo una feliz Navidad a todos y cada uno de mis paisanos de la comarca, a los que viven allí y a los que estando lejos, aún tienen su corazón allí. Que vuestros sueños se hagan realidad.