Ana María Fernández y Simón Laborda

Hola a todos, mi nombre es Ana María y soy de Bullas, soy una persona con discapacidad intelectual que vive en Caravaca, en la residencia que APCOM tiene en el paraje del Copo. No cariño, no hace falta que te compadezcas de mi ni digas “que lástima” pues no tienes por qué tenerme lástima ¡Claro que no, faltaría más hombre! Me molesta que por el hecho de tener una discapacidad intelectual se me trate de manera distinta al resto de las personas y se me trate con pena como si estuviera enferma,  simplemente mi manera de entender las cosas, aprenderlas y relacionarme con ellas es distinta a las del resto de personas.  Ni soy una enferma ni tienes que tenerme lástima. Así que tranquilo cuando te cruces conmigo, no tienes que tratarme de una manera especial.

Ana María Fernández y Simón Laborda

Ana María Fernández y Simón Laborda

Igual que tú, tengo mis sueños, mis aspiraciones, mis gustos, mis afinidades, me gusta compartir tiempo con mi familia y también tengo mis enemigos y personas con las que no me quiero ni ver.  Y como tú, me gustaría perder unos cuantos kilos, pero no hay manera.  ¿Lo ves? No somos tan distintos… pero hay una cosa que sí nos diferencia.

Simón y Sara, los enfermeros de mi residencia, pelean conmigo cada día para que sea consciente de mi enfermedad, que no, escúchame, que no te hablo de mi discapacidad, que ya os he explicado que eso no es una enfermedad, pero yo, al igual que el 10% de Españoles, tengo diabetes. Curiosamente en mi centro somos 31 personas, de las cuáles somos 3 las personas que tenemos esta misma enfermedad, un 10% de la residencia. Así que ni en eso somos tan distintos. Yo sé que hay cosas que no tengo que tomar, aunque a veces me puede la tentación, y que hacen que me suba el azúcar. Para controlarlo, cada tanto tengo que tomarme los niveles de glucemia, tengo que ser muy seria con la medicación todas las mañanas y hago una dieta acorde para tratar de mantener mis “azúcar” a unos niveles aceptables aunque algunas veces también me doy mis caprichos cuando salgo por ahí con amigos o familiares.

Como enfermero, cuando entré a trabajar a la residencia me di cuenta que no debemos tratar a las personas con discapacidad intelectual con la condescendencia que se trata a un enfermo, pues no lo son. Una de mis mayores inquietudes era saber cuáles eran las patologías más clásicas de las personas que había en el centro y en qué se diferenciaban del resto de las personas. Me documenté y antes de empezar ya había visto algunos datos que me llamaron la atención. Ana María está en lo cierto, sus problemas de salud no son tan distintos aunque hay algo que sí los diferencia del resto de personas. Por el hecho de tener una DI, tienen hasta 25 veces más posibilidades de sufrir una enfermedad neurológica asociada a su discapacidad, siendo este el problema de salud más grave de este tipo de personas, pero también tienen hasta cuatro veces más posibilidades de tener algún problema funcional  o físico y que pase desapercibido por considerarse parte de su discapacidad sin más. Además observé y así lo indican todos los estudios, que los porcentajes de obesidad entre las personas con discapacidad intelectual era el doble que el resto de la población, sin embargo tienen una menor incidencia de diabetes o hipertensión. ¿Entonces qué es lo que los distingue del resto de la población como ha dicho antes Ana si todos esos problemas físicos ni siquiera están asociados a su discapacidad realmente?

El mayor problema de salud que tienen las personas con DI es el sedentarismo. Están condicionados por dos factores limitantes para poder desarrollarse. El primero es el factor social, por lo general, el acceso a espacios físicos y deportivos adaptados a sus necesidades es prácticamente nulo. El segundo es un factor cultural, por lo general, las personas con discapacidad se han visto relegadas durante muchos años a pasar el día descansando y en el sillón viendo la tele sin que nadie se preguntase cuales eran sus capacidades, sus sueños o sus aspiraciones.

Los programas puestos en marcha en nuestro centro, demuestran que con las actividades adecuadas adaptadas a su forma de entender y aprender, su calidad de vida aumenta y sus capacidades se amplían y además, hacerlos partícipes de sus patologías les ayuda a entenderlas y controlarlas mejor, pero si como sociedad nos limitamos a apartarlos y sentarlos en el sillón, al final los convertimos en verdaderos enfermos que no conocen su patología ni sus capacidades ¿Pero esto también te pasaría a ti no?

“Así que la próxima vez que me veas, pregúntame qué es lo que sé hacer o qué quiero hacer, pero no me tengas pena ni me digas pobrecito, siéntate y descansa. Pues no estoy enferma y como a ti, me gusta participar de las actividades de la vida diaria, me gusta ser consciente de mis problemas de salud y quiero conocerlos, pues como a ti, me preocupan.  Además, como habéis visto, si no dejáis desarrollar nuestras capacidades y realizar actividades que nos estimulen física y cognitivamente, es cuando nos convertís en enfermos de verdad“

“HAY PERSONAS QUE NO SABEN QUERER Y ESO SI QUE DEBERÍA SER UNA DISCAPACIDAD”