Pedro Antonio Hurtado García

Si nos preguntan por el organigrama jerárquico de funcionamiento de un ministerio o, mejor, los escalones, esferas y niveles existentes desde el propio Rey hasta el concejal del pueblo más diminuto de España, seguro que suspendemos el examen.

Nadie asume el reto de explicar el porqué de la existencia del Senado, ¿para qué sirve?. Es la agencia de colocación de los que gobiernan, independientemente del color político, porque, unos y otros, lo han asumido complacidamente, lo han usado vendiendo sus bondades y como refugio de “amiguetes” y pagos por “servicios prestados”. ¿Y las diputaciones provinciales?. ¿No es dueño de los poderes autonómicos el ejecutivo de cada Comunidad?.

Secretarios, subsecretarios, directores generales, asesores por toneladas con los que, en ocasiones, no existe tiempo material ni de despachar. Delegados del gobierno, consejeros, así como sus correspondientes duplicidades al existir directores generales a nivel del Estado e idéntica figura en las Comunidades Autónomas, más los cargos que no citamos por indisponibilidad de espacio: concejales, alcaldes, más asesores, etc., etc.

¿Alguien nos puede explicar el número de personas dedicadas a la actividad política que conforman ese enorme escalafón y a qué cifras asciende su coste de mantenimiento por salarios, dietas y demás?. Sabemos que se pasan la vida, la mayoría, ofreciendo a los colegas de menor rango promesas, estudios y palabras que a nada conducen y nada resuelven, con un nivel de actividad nada estresante y con vergonzoso resultado en su intensidad. Sería bueno conocer, insistimos, el volumen de esas cifras de rubor.

Nadie mejor que nuestros mayores para aplicar su frase favorita: “Más pan y menos manteles” o “No nos llevemos a la boca lo que no podamos masticar”. Buenos días.