Paco López Mengual

En 2019, el año antes de que estallara la pandemia, fui invitado a firmar ejemplares de mis obras en la Feria del Libro de Madrid. Me encontraba muy contento en el interior de la caseta número 363, de la Librería Lé, cuando le llegó el turno a una mujer de mediana edad. “Hola –me saludo, estrechando la mano-, vivo aquí cerca, me llamo María del Mar y somos amigos de Facebook, me encantan las historias que cada día nos cuentas. Antes de que me dediques un ejemplar de El mapa de un crimen, me gustaría hacerte una pregunta: ¿Es cierto que tienes una mercería o se trata sólo de una pose para llamar la atención, de un lugar inventado donde situar tus relatos?” Le aseguré que soy un mercero que, de cuando en cuando, escribe, que pago la hipoteca de mi casa vendiendo botones y cintas de satén. Pero María del Mar, que era modista, no parecía muy convencida y me pidió que le respondiera a tres preguntas profesionales sobre asuntos de costura. ¡Adelante!, le dije, animándole a que lanzara la batería de cuestiones. Sin pestañear, le contesté lo que era un acerico, el tipo de hilo que se utiliza para los pespuntes de los vaqueros y que cinta se debe utilizar para ribetear un escote. Despejadas sus dudas, y tras dedicarle el ejemplar, le dije: Así que ya ves lo completo que soy: lo mismo te vendo un botón que te escribo una novela.

Este año, en la Feria del Libro de Murcia, les ofreceré a los lectores mi último libro, Historias de mostrador, un coctel donde se mezclan mi profesión de mercero con mi pasión por la literatura.