GLORIA LÓPEZ CORBALÁN
Hay vidas que ya nacen con la firme intención de no dejarse morir, o por lo menos de no dejarse caer. Y esa fue la de Matilde Zapata, la primera mujer a la que dirigir un periódico le costó la vida.


Nacería en Sevilla en 1906 pero el padre encontró un trabajo como conserje en Santander y allí crecería. En la ciudad obrera que le marcó su infancia y en el mundo obrero que le señaló su conciencia. Desde pequeña vivió la desgracia y la pobreza de una clase oprimida durante 10 años de dictadura, y desde muy joven decidió afiliarse al PSOE y llegó a ser presidenta del Grupo Infantil de la organización en Santander. De ahí pasó a las Juventudes Socialistas.
Era joven y luchadora y cuando en 1931 se proclamó la II República, como tantos otros, pensó que había llegado su momento y el de la libertad, y tomó partido en una España donde no se podía ni empezar el juego. Y ella era de iniciar siempre la partida. Comenzó a escribir artículos en el periódico La Región, dando voz a todos aquellos obreros que cada día se tragaba la maquinaria laboral de una industrial Santander y denunciando a los grandes empresarios que la ponían en marcha. De su ímpetu y sus palabras se enamoró el director del periódico, Luciano Malumbres, pero ni el amor ni el periódico les duraría mucho, aunque si para la vida que les quedaba por vivir.
Desde el periódico, reclamaba todos los días los derechos de las mujeres y defendió una igualdad que ella nunca pudo disfrutar, ni dentro de su propio partido, que hasta hoy la han tenido olvidada. Las ocho páginas de La Región se convierten en la voz más peligrosa de la izquierda. El país cada día está más dividido y las posiciones más claras. El matrimonio comienza a recibir amenazas de muerte y de ahí al tiro en la nuca a Malumbres mientras jugaba una partida con los amigos en el bar por un miembro de la falange solo pasaron unos artículos.
Mientras él lucha entre la vida y la muerte en el hospital, Matilde la pasa en el periódico, no debe ni quiere dejar que ganen, y a la mañana siguiente el titular anuncia la muerte de su director y señala a los asesinos.La Región no dejará de publicarse.
Pero al verano de 1936 le seguiría un invierno de 4 años que pudo con todos. La Región publicó su último número el 29 de junio de 1937 y un año después Matilde intentaría abandonar España en un barco rumbo a Francia. Con la misma mala suerte que la había acompañado toda su corta vida, las tropas franquistas la trajeron de vuelta para someterla a un consejo de guerra. Afeitada, humillada, torturada y viuda la fusilaron de pie en la tapia de un cementerio una noche de mayo junto a otros 6 afortunados, que ya no pedían otra cosa que morir. Tenía 32 años.
Sus restos siguen enterrados en una de las nueve fosas comunes del cementerio de Ciriego, junto a otras 835 personas ejecutadas por el ejército franquista en los años posteriores a la caída de Santander.