GREGORIO SÁNCHEZ ROMERO

Este año se cumplen cincuenta y tres (más de medio siglo) desde que un grupo de veinte caravaqueños (Tomás del Toro, Adrian Caparrós, Andrés Herrera, Gregorio Sánchez Córdoba, José Andreu, Fernando Álvarez, Antonio Ros…entre otros) alentados por el impulso de renovación que las históricas Fiestas de la Cruz de Caravaca haFundadores del Grupo Santiaguistabían tomado el año anterior, se decidieran a fundar un nuevo grupo cristiano (los dos primeros cristianos de la transformación de las fiestas fueron Templarios y Arqueros).
Y aquella idea, sin duda surgida entre personas unidas por la amistad, transportadas seguramente por el empuje de la conciencia histórica, les llevó a evocar a la Orden Militar de los Caballeros de Santiago.
Estoy seguro que, al tomar este nombre y sus insignias, los fundadores eran conscientes de que rememoraban a una Orden que protagonizó nada más, y nada menos, que medio milenio de la historia de Caravaca de la Cruz.
Estoy seguro de que sabían que aquellos caballeros cristianos vinieron en el siglo XIV, unas pocas décadas después de que los Templarios abandonaran la localidad y la custodia de la Vera Cruz, por la extinción de aquella organización.
Y también estoy seguro que, junto con el grupo Templario, sabían que si algunos grupos cristianos de las renovadas fiestas hundían sus raíces auténticas en la Historia, éstos eran ellos. No obstante es preciso aclarar que la Orden del Temple solo estuvo en Caravaca en torno a medio siglo, de ahí que la impronta histórica
caravaqueña más profunda sea eminentemente santiaguista.
Y fueron importantes personajes históricos santiaguistas los que dejaron rastro de su paso por Caravaca. Destacaron,
en el siglo XIV, entre los maestres, el Infante don Fadrique (hijo del rey Alfonso XI), don Fernando Osórez y don Lorenzo Suárez de Figueroa, y en el XV el infante don Enrique de Aragón. De entre
ellos la huella más palpable es la de don Lorenzo Suárez de Figueroa, quien reformó y fortificó el castillo, mandó construir las torres-vigía de la Represa y Jonquera y entregó a la Vera Cruz una arqueta de plata.
También hubo importantes personajes entre los comendadores santiaguistas de Caravaca. Destacaron, en el siglo XV, don Alonso Fajardo El Bravo (presuntamente muerto en Caravaca por orden del rey) y don Juan Chacón, partícipe con tropas de Caravaca en las guerras de Granada y acompañante del rey Fernando El Católico en su visita a Caravaca y a la Vera Cruz, a cuya Real Capilla hizo donación de una lámpara (que se conserva en la
hoy Real Basílica-Santuario) y ornamentos eclesiásticos (una casulla y dos dalmáticas), en el XVI, don Pedro Fajardo, primer Marqués de los Vélez, quien donó a la Vera Cruz un retablo, una custodia-ostensorio y el portacruz para los Baños (Agua y vino); en el XVII el duque de Uceda, importante factor para que el rey Felipe III financiara la mayor parte de la obra del nuevo y actual templo de la Vera Cruz y en el XVIII los infantes don Felipe y don Fernando de Borbón-Parma, financiadores de la mayor parte de la obra del Templete y del primer caballo del vino documentalmente
conocido.
Pero volviendo a las Fiestas de la Cruz, aquel primer grupo santiaguista, por causas diversas, comenzó a languidecer hasta que en los años ochenta del siglo XX dejó de hacer sus salidas.
Este año se cumplen veinticinco desde que otro grupo, esta vez de jóvenes caravaqueños, hiciera revivir de nuevo la insignia de Santiago por las calles de Caravaca, con una conciencia histórica, cuando menos, igualable a la de aquellos fundadores. Una muestra clara de ello es la adopción de su actual vestuario, sin duda el más cercano a la realidad de una Orden Militar, de cuantos se exhiben en la villa de la Cruz.
Con ellos, Caravaca, su historia y sus fiestas están de enhorabuena.