MARÍA MARTÍNEZ GÓMEZ/FLAUTISTA

En diciembre de 2020 Entre Cuerdas y Metales reveló el cartel de su XXVIII edición dedicada a Liszt, anteriormente cancelada debido a la pandemia. Sin embargo, este año sí hemos podido vivir esta experiencia y, lo que es más, seis de nosotros conseguimos pasar a la final del concurso en las modalidades de viento metal, viento madera, música de cámara y percusión, las cuales contaban con casi ochenta participantes en total. Un logro casi inimaginable.

Finalistas en Entre Cuerdas y Metales

Finalistas en Entre Cuerdas y Metales

Un día de abril, el concurso subió mi vídeo de la fase previa a las redes y me hizo mucha ilusión, aunque no más que cuando al salir de clases mi compañero Guillermo me anunció que éramos finalistas. No nos lo podíamos creer ¡Estábamos en la final!

Desde entonces seguí estudiando mucho en los ratos que podía, hasta que el día finalmente llegó. Estaba muy nerviosa y al llegar al Conservatorio de Cartagena me asignaron un aula para calentar. Después de un rato, me di cuenta de que el trabajo ya estaba hecho y de que ya no era el momento de pensar en esos pasajes que no terminaban de salirme, así que dejé de tocar y esperé a los llamamientos.

Me tocó salir en sexto lugar, así que mientras tanto me senté a escuchar a mis compañeros ya que siempre considero que viendo también se puede aprender. Todos lo hicieron genial y los que lo escuchamos concordamos en que había muchísimo nivel, por lo que no supe decir con exactitud por quién se decantarían.

Cuando me tocó a mí me esforcé al máximo. Es cierto que debido a la sensación del directo, el momento de ver que es tu turno, la forma de coger el aire o la boca seca por los nervios, no me salió tan bien como me hubiera gustado, pero también, hubo otras partes de la Sonatina de Burton en las que disfruté mucho y mientras tocaba me acordé de Jasmine Choi y su magnífica versión de la pieza, que tantas veces había escuchado en YouTube.

Por eso, aunque no me salió perfecto terminé con buena sensación ya que recibí una gran oleada de aplausos y un montón de buenos comentarios de todos mis amigos que me habían estado viendo en directo, así como de mi profesora de flauta, y de los compañeros que estaban allí conmigo. Al final, me di cuenta de que eso es lo que realmente importaba y lo que me guardé de la experiencia.

Tras la entrega de premios tuvimos la suerte de poder hablar con el jurado. Después de oírnos a todos y tomar una decisión, nos dieron algunos consejos y charlaron con nosotros sobre lo que les había gustado de nuestra actuación y lo que menos. Creo que fue una elección muy complicada. Éramos nueve, todos perfectamente capaces de haber ganado, de cursos distintos y con obras de estilos muy diferentes. Además, aunque nuestros instrumentos pertenecieran a la misma categoría, la técnica no es la misma y por ejemplo, a un clarinetista u oboísta, el simple hecho de tocar con una caña nueva o gastada, puede jugarle una mala pasada en plena audición. Por eso creo que los concursos como este se basan en una especie de “lotería”.

De igual manera, aunque no tuve la suerte de ganar algún premio, creo que merece mucho la pena participar y para mí ya fue un logro llegar a la final. Además, pienso que en los concursos nunca se pierde, al contrario, siempre se gana: experiencia, tablas sobre el escenario y muchas horas de estudio que me han ayudado a mejorar muchísimo en poco tiempo.