Ya en la calle el nº 1032

María José Soria: La mujer más significativa de mi vida

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MARÍA JOSÉ SORIA/CANDIDATA SOCIALISTA A LA ALCALDÍA DE CARAVACA DE LA CRUZ

Esta semana se celebra el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, en el que se exige que la sociedad avance hacia la igualdad real para que la mujer ocupe el papel que en justicia le corresponde. Pero esta reivindicación no debe quedarse en una fecha o en una semana, sino que se debe trabajar la igualdad cada día del año para que en breve se convierta en realidad. Y esto en gran medida es responsabilidad de las administraciones públicas, empezando por la más cercana, nuestro Ayuntamiento.

Pensé para este artículo en escribir sobre esas mujeres que han destrozado con su talento “el techo de cristal”; científicas como mi admirada Rocío Álvarez a la que propusimos como hija adoptiva de la ciudad; empresarias como las hermanas que con Montesinos Vilar llevan el nombre de Caravaca por el mundo; la médico María Encarna Andreu Reinón; Chon, la del Quiosco, ejemplo de ese buen hacer que siempre han tenido los comerciante caravaqueños. Todas son mis referentes, como esas alcaldesas que en sus municipios llegaron antes donde yo aspiro: ser la primera alcaldesa de Caravaca de la Cruz. Todas ellas, y las que no cito por cuestión de espacio, son mis referentes. Pero si de una persona se trata cuyo ejemplo he tratado de seguir, tendría que hablar de mi madre, Josefa Martínez García; un sostén para mí, la persona que ha creído incondicionalmente en las posibilidades de sus hijos e hijas.

Josefa nació un 28 de enero de 1945, fue la mayor de ocho hermanos, no tuvo una vida fácil, pero fue superando cada dificultad que se presentaba con una fortaleza y empeño que, a día de hoy, no entiendo aún de donde la sacaba.

Tuvo una infancia muy dura, en una casa en la huerta de Moratalla. Sus padres trabajaban fuera de casa y ella, como la mayor de los ocho hermanos que era, fue la encargada de cuidarlos y dedicar su infancia y adolescencia, su tiempo y su increíble energía en ser como una madre para todos ellos.
Siempre recuerdo que nos contaba con cierta pena, que en uno de sus cursos escolares, tras un solo día de asistencia a clase su profesora cayó enferma. Mi madre entonces volvió a casa y ya nunca más tuvo la oportunidad de volver. Todo se le complicó: sus ocupaciones diarias y las responsabilidades asumidas en la casa y con sus hermanos ya no le dejaron tiempo para poder ir a la escuela.

Siempre nos dice que le gustaba mucho ir a la escuela, que iba ilusionada con su cartera y las pocas cosas que llevaba en ella. Le encantaba aprender y disfrutar ese ambiente. Cuando nos cuenta esa historia, tengo la certeza de que hubiese sido una buenísima estudiante. Ingeniosa, inteligente y autodidacta en multitud de aspectos.

No conocí a su madre, mi abuela, pero, por lo que siempre me han contado, ellas dos eran muy parecidas, mujeres fuertes, luchadoras, con un gran amor hacia sus hijos y generosidad hacia sus semejantes.

La abuela falleció muy joven, con solo 45 años. Ahí fue cuando Josefa tuvo que arremangarse y dejar las tareas que le correspondían por edad para ocupar las que la vida le asigno por obligación: el de madre. Toda su familia la llamaba cariñosamente “La Nena”.
A los 19 años se trasladó a la calle Martín Muñoz de Caravaca, donde sufrió dos golpes seguidos: a los nueve meses de nacer mi hermana Dolores, fallecieron tanto mi abuela como ella.

A pesar de tanto infortunio, se mantuvo fuerte como un roble, y no dejó de cuidar y aconsejar a sus hermanas menores hasta que éstas se valieron por sí mismas y cada una siguió su camino. Para nosotros, como lo fue para sus hermanos, su apoyo ha sido fundamental.
No puedo tener más que palabras de agradecimiento por todo lo que ha hecho para permitirnos escoger el camino que cada uno de nosotros hemos elegido y, en particular, en alentarme en mi vocación política, de servicio público.

A través de su ejemplo, primero instintivamente y después con la experiencia que me han dado los años, he comprendido, y he aplicado cuando me ofrecieron la responsabilidad de llevar las Concejalías de Servicios Sociales y de la Mujer, la necesidad de la intervención de los servicios públicos para acortar unas desigualdades que todavía sangran; a través de su ejemplo, y aunque jamás le escuché una queja, supe que en nuestra época los cuidados deben ser una responsabilidad compartida entre hombres y mujeres; y de su amor por la educación aprendí que ésta debe impartirse en igualdad a hombres y mujeres (algo que no sucede en todos los países de nuestro entorno) y también en igualdad (y para eso son fundamentales las políticas públicas como en las que trabajaré desde mi responsabilidad de Alcaldesa) entre quienes más y quienes menos tienen.

A sus 78 años nos sigue reuniendo alrededor de la mesa (donde estoy segura que en la próxima comida con su modestia habitual me reñirá cariñosamente por hablar de ella en el periódico), cualquiera puede apreciar que somos una familia feliz y unida, que se ayuda en los malos momentos y comparte los buenos. El compromiso de ella con la familia lo hemos heredado todos los hermanos y así tratamos de transmitirlo a nuestros hijos.

Si tuviera mil folios, los mil los llenaría con detalles de por qué mi madre es la mujer más significativa de mi vida. Aunque sé que a ella le basta con saber cómo me ha guiado con su ejemplo, lo importante que es y será en mi vida.
Como dirían tus hermanas, que tanto te quieren, «la Nena, ¡la Nena es cojonuda!”.

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