JAIME PARRA

Fue en 2011 cuando la viticultora María José Fernández Llamas abandonó Bodegas Lavia (suyo es el Lavia 2012 que situó a esta bodega en el mapa vitivinícola nacional). Hasta esa fecha la empresa de Patri Morillo asesoraba a Lavia.

Y fue por entonces cuando las dos se comprometieron a crear un vino juntas.

Una década después el proyecto se ha hecho realidad con el nombre de Negrete 2020 que, desde su presentación en el balneario de Archena, ya se puede adquirir (en la comarca del Noroeste lo distribuye la empresa de Joaquín López Carreño Murcia Sabor).

No es que en ese tiempo María José Fernández haya estado parada. En ese tiempo, y entre otros proyectos, ha logrado poner en el mapa una bodega en una zona en principio impensable, como es el Alto de Inazares, donde la contrataron como enóloga en 2017, y ahora ha encontrado en la zona de Vélez Rubio un lugar con parecidas posiblidades a las de su Bullas natal.

Pero es Negrete 2020, con una mezcla de uva monastrell de un viñedo El Pradillo (El Praíllo, como ella le llama) en Mula, cerca de unas hectáreas que pertenecieron a su familia, y de garnacha tintoreta de La Alquibla, el vino al que aspiraron Patri y ella cuando se lo propusieron.

Y un vino que, como no puede ser de otra manera, siendo diseñado por ella ha superado las expectativas incluso de aquellos que desde hace años le pedían que lo creara.

Pudo ser en 2019 pero finalmente ha sido en 2021 y con 1.600 botellas (el año próximo esperan duplicar la producción de este vino de autor) cuando Negrete (nombre y figura -diseñada por su sobrina María Sánchez que toma de su perro que más que un animal es un miembro de la familia) se pueda degustar.

Su trabajo para crear Negrete 2020, explicó en declaraciones a Cadena Ser, llegaba desde la uva hasta la mesa.

Sí, Patri y yo realizamos todo el proceso. Selecciono las parcelas, trato con el viticultor, voy viendo cómo la trabaja, le doy pautas y luego defino fecha de vendimias, cortamos la uva, la procesamos, le damos entrada, vamos sin máquinas… es cien por cien racimo entero pisado. Y luego me ocupo de la fermentación. Llega el momento de prensar y Patri se baja desde Tarragona… Así hasta la distribución de la que también me encargo, aunque muchos restaurantes y distribuidoras ya conocen mi trabajo y así hay más puertas abiertas.

¿De dónde proviene Negrete 2020?

De un viñedo que está en el Pradillo, zona alta, a la izquierda del valle del Aceniche, a la misma altitud, pero en Mula. Me gusta mucho llamarlo Praíllo. Es una viña vieja justo al lado de la que un día fue mía por herencia de mi madre y que ya no tengo. Mi idea era trabajar un día en el Praíllo por vínculo emocional y porque aunque no tiene la belleza del Paso Malo pero cuando pruebas las uvas éstas te transmiten cosas y la idea era plasmarlo en un vino. Patri estuvo totalmente de acuero. Ese es el porcentaje de monastrell

Y la garnacha tintorera, que viene de la Alquibla: es una zona muy cálida, muy seca y no hay viña, solo las siete hectáreas de este proyecto y que yo asesoré de 2013 a 2017, las formé yo.

¿Qué pretendía conseguir con esa mezcla?

Ese choque: lo viejo de la Monastrell con lo joven de la garnacha; la frescura y altitud del Praíllo con la Alquibla, mucho más baja y en zona más árida.

¿Es el vino que tenía en mente?

Sí, los vinos se diseñan, cuando llevas tanto bagaje profesional te haces una idea cuando ves una viña de cómo la vas a transformar en vino. Aunque los vinos siempre llevan una impronta que los define, que es la añada, independiente de la mano del productora.

Pero en los años complicados hay que hilar muy fino para mantener el nivel de calidad de años con mejor clima.

¿Cómo lo definiría?

Una nariz muy seductora con sensación golosa con nota de fruta en gominolas y en boca muy amable. Una boca completa y una persistencia muy agradable siendo muy fácil de beber.