ANA MARÍA VACAS

El descaro vanguardista de su atuendo contrasta con la timidez inicial de su mirada, limpia, clara con verdad en sus pupilas. Quedé fascinada con su obra gracias a las redes sociales que consiguieron que dos paisanas tuvieran que encontrarse por medio de Instagram.

Lucía Petrelli

Lucía Petrelli

Sin tener ni idea de su formación, ni de sus facultades, me impresionaban cada una de sus fotografías carentes del posturno tan adquirido hoy día, eran rostros casi mágicos por lo angulosos y de una belleza en la mayoría de los casos no perfecta, pero tan serena y sencilla que embaucaban tu mirada. Sus contrastes de luz, sus andróginas figuras conseguían evadir la consciencia sin apenas advertirlo.
Hoy conociendo de primer plano la evolución de ese instante mágico que salto en la clase de fotografía del Bachiller de Artes y que irremediablemente marcó su destino, me siento afortunada por haber compartido con ella unas horas de conversación, donde poco a poco ha desnudado su alma para mostrarme el talento que sin lugar a dudas empieza a mostrar sin reparos.
Utilizó mil y un caminos para llegar hasta la fotografía. Su primera opción fue la carrera de Historia del Arte, que no consiguió el propósito de hacerla sentir auténtica, pero que le ayudo a que su formación le sirviera como un sendero a su futuro. Pasó de manera anodina por la Escuela de Arte y oficios de Murcia, sin creer que esos años aportaran beneficio a su persona, su inconformismo por los cánones establecidos la llevó a huir de todo aquello que coarta la libertad de expresión de un artista. Reconoce sin arrepentimiento que su huida camino de Madrid para realizar un curso de Iluminación fue su elección mas sabia, sería esa decisión la que por fin la llevaría a formar parte de ese mundo tan hermoso, en el que se siente libre en opciones, respetando su identidad y defendiéndola por encima de modas y caprichos.
Sus imágenes no pasan inadvertidas para el mundo de la moda, en el cual desarrolla su trabajo de una manera continuada, reconocida en este ámbito tan exclusivo del que siente amor y odio, por lo irresistible y banal que puede ser en ciertos momentos, pero sin ninguna duda el camino más personalmente artístico que ha elegido para su presente…
La sutileza en su trabajo le hacen trabajar con empresas afines a sus gustos, donde se siente reconocida y bajo ningún concepto acepta condicionantes que mermen sus proyectos, donde cada fotografía tiene un mensaje evidente. Profundiza a diario en el color, las texturas, en reinventarse de nuevo, en la investigación como vehiculo para su propia evolución que aumenta como si de una lupa se tratara los bocetos en su mente que esperan el momento de ser expresados. No deja nada al azar teniendo lápiz y papel cerca para que ninguna idea ronde suelta y se pierda en el abismo. Impregnando de su sello personal donde los azules dominan sus fotogramas, haciendo reconocible su obra sin firma alguna y conviviendo últimamente con la fotografía analógica como reconocimiento del autentico valor del espíritu del observador, que acomoda su retina para no andar con retoques y magias varias que en vez de perfeccionar, desvirtúan la obra.
No creo que sea fácil abrirse camino en esta profesión, en un campo donde las nuevas tecnologías hacen sentirse fotógrafo a cualquiera que disponga de una cámara, pero la diferencia radica en esa palabra que vamos a utilizar bastante en esta sección, la formación se adquiere pero el talento sólo unos pocos privilegiados pueden disponer de él. María Caparros es una fotógrafa conocida dentro de la profesión en los círculos artísticos de Madrid, ¿y usted conoce a esta artista caravaqueña con enorme potencial?