JAIME PARRA

La moratallera María Ángeles Pérez Navarro trabaja en el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF) donde investiga los cambos que se producirán en la vegetación mediterránea con el cambio climático.

Bióloga de profesión, la científica de Moratalla continuará en breve con sus investigaciones en Londres.

En esta entrevista nos habla de su trabajo, de su vocación y de las condiciones de la investigación en España.

María Ángeles Pérez Navarro

¿En qué consiste tu trabajo en el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales?

Me dedico principalmente a analizar los potenciales cambios en la vegetación mediterránea con el cambio climático. Para esto estudio como cambiará la calidad de los hábitats en el futuro con diferentes escenarios de cambio climático, pero también utilizo análisis retrospectivos basados en la respuesta de la vegetación a eventos climáticos extremos que han sucedido en el pasado.

¿A qué dedicaste tu tesis?

Durante mi tesis estudié las respuestas de la vegetación tras el evento de sequía extrema del año hidrológico 2013-2014 en SE de la Península Ibérica. Durante este año se acumularon de media en la Región de Murcia unos 150mm, cuando el promedio histórico se sitúa en torno a los 300mm, y en algunos puntos concretos se acumularon sólo 60mm. Básicamente analicé qué especies sobreviven mejor durante estos episodios, que previsiblemente serán más frecuentes en el futuro en un contexto de cambio climático. Lo que observaba era que, a pesar de estudiar ecosistemas como los murcianos, muy adaptados a la sequía, las tasas de mortalidad en estos eventos tan extremos son bastante altas tanto en pino carrasco como en especies de matorral. Aun así, hay algunas especies que resultaron menos perjudicadas que otras, podríamos decir que en las zonas de matorral más del interior de la Región, las especies semideciduas (que pierden la hoja facultativamente cuando la demanda evaporativa es muy alta) como tomillos, cistáceas o romero, resultaron menos perjudicadas que las especies arbustivas de mayor tamaño como la sabina, el lentisco o la coscoja; mientras que en las zonas más áridas próximas al litoral murciano, las especies que mejor resistieron fueron el palmito, y diferentes especies iberoafricanas como el cornical (Periploca angustifolia), el cambrón (Lycium intricatum), o Launaea sp.

¿El bosque mediterráneo que tu estudias es el que se corresponde a Moratalla y su comarca y/o a Sierra Espuña?

En el caso del matorral, he estudiado comunidades vegetales del interior de la Región, en Mula y Cieza, y comunidades próximas a la costa, en Águilas, Mazarrón y Calblanque, que son comunidades mediterráneas algo más áridas de lo que encontramos en Moratalla o Sierra Espuña. No obstante, en el caso del pino carrasco si que he estudiado los efectos de la sequía a lo largo de toda la Región de Murcia y vemos precisamente que los bosques de las zonas del Noroeste y Sierra Espuña resultaron ser los menos afectados por la sequía del año hidrológico 2013-2014, en parte porque la sequía en estas zonas no fue tan intensa y en parte porque son hábitats históricamente más favorables para esta especie.

¿Cómo le está afectando a nuestros bosques el cambio climático?

En la región mediterránea el cambio climático está provocando el aumento de las temperaturas y el mantenimiento o reducción de las precipitaciones, lo que desemboca en un incremento generalizado de la aridez. Además de estos cambios en los promedios climáticos, el cambio climático también implica un incremento de la frecuencia e intensidad de los eventos climáticos extremos, tales como olas de calor y sequías. En este sentido, los episodios de mortalidad de bosques y matorrales serán también más intensos y frecuentes en el futuro. Aquellas especies que no sean capaces de adaptarse a este nuevo escenario climático disminuirán su abundancia o desaparecerán localmente, mientras que aquellas que mejor toleren las nuevas condiciones se volverán más abundantes. Así pues, en las zonas más áridas de Murcia las especies iberoafricanas (aquellas que se distribuyen por la península ibérica pero también en el norte de África) aumentarían su abundancia en detrimento de otras especies de matorral mediterráneo como el lentisco, la coscoja o el romero, mientras que estas últimas aumentarían en ecosistemas más del interior de la Región en detrimento de especies arbóreas como el pino carrasco, el pino rodeno o la encina, que quedarían relegados a las zonas con mayor pluviometría en la provincia.

Introduces en un buscador de Internet “cambio climático” y lo relacionan en muchísimas ocasiones con “imparable” o “irreversible”. No sé si lo comparte la mayoría de la comunidad científica, pero si es así ¿cómo explicarle a la ciudadanía la necesidad de acciones para frenarlo?

Aunque sí es cierto que ciertas consecuencias del cambio climático son ya irreversibles, todavía estamos a tiempo de evitar otras muchas implicaciones. Yo soy partidaria de usar un lenguaje posibilista y esperanzador, porque no todo está aun perdido y porque los mensajes catastrofistas suelen ser paralizantes.

Aunque hay cosas que hemos perdido definitivamente como la posibilidad de tener glaciares en la península, o volviendo al ejemplo de los bosques de la Región, la posibilidad de encontrar ciertas especies más húmedas como el quejigo, cuya regeneración natural está bastante comprometida, todavía hay muchas cosas que podemos evitar perder. Todavía estamos a tiempo de evitar una mayor aridificación de nuestros ecosistemas que restrinja aún más la distribución de los bosques de pino carrasco o rodeno (este último bastante escaso) o que ponga en peligro la persistencia de encinares como el de Bajil o que acorte o suprima la duración de la temporada de setas.

En definitiva, todavía tenemos muchísimos motivos por los que luchar contra el cambio climático y es clave que la sociedad se implique a través de pequeñas acciones, reduciendo en lo posible las emisiones de CO2, pero sobre todo presionando a los gobiernos para que tomen medidas drásticas y socialmente justas, exigiendo mayor responsabilidad a aquellos que más se han lucrado de un sistema energético basado en combustibles fósiles.

En Doñana

¿Ya de niña tenía interés o inquietud por la ciencia?

Más que una inquietud original por la ciencia, lo que yo tenía era inquietud por la naturaleza. Al crecer en un entorno natural como el de Moratalla, al haberme criado y jugado en el río o ido al monte desde niña con mi padre, desarrollé interés por saber cómo funcionaban los sistemas naturales y preocupación su preservación.

¿Su trabajo es de campo o de laboratorio?

Mi trabajo tiene de las dos partes: una de campo, que se trata de recoger muestras o medir ejemplares o valorar in-situ el impacto de la sequía. Por ejemplo, para mi tesis estuve tres meses entre Águilas, Mazarrón y Calblanque estudiando los efectos de la sequía. Y luego otra parte de oficina o de laboratorio, donde se procesan las muestras o se hacen los análisis estadísticos de todos los datos recabados.

¿Hace falta un mayor apoyo económico a la investigación?

Indudablemente sí. El sistema científico español tiene un problema estructural de falta de recursos económicos, y en general todos los que trabajamos en ciencia lo notamos en nuestro día a día. Nos afecta porque nos hacen falta instrumentos, mejores ordenadores, vehículos para el trabajo de campo, y por supuesto también falta personal técnico de campo y laboratorio.

En el CREAF (Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales) en nuestro laboratorio éramos doce. A veces no tenemos todo el material de prevención que nos gustaría para campo o los equipos informáticos son insuficientes… Como digo esta es una situación sistémica en nuestro país. Si comparo con otros países europeos en los que he estado como Suiza o Dinamarca se nota la diferencia.

¿Muchos investigadores tienen que abandonar España?

En mi caso de hecho me voy dentro de dos semanas a Londres. Pero es porque así funciona el sistema científico; necesitas salir al extranjero con un contrato de dos o tres años (contrato postdoctoral) cuando acabas la etapa del doctorado y publicar con otros grupos, de lo contrario estás prácticamente “vetado” para continuar en el sistema académico.

En realidad, salir al extranjero, trabajar en otros centros, colaborar y aprender con otros grupos no me parece algo necesariamente negativo, el problema viene más bien después: cuando retornas de esta etapa y te topas con que los recursos económicos siguen siendo tan precarios en España que a pesar de haberte formado fuera, como se supone que corresponde, no puedes estabilizarte en España. Muchos compañeros, con una trayectoria excelente, han intentado retornar y ante la imposibilidad para estabilizarse aquí y en contra a veces de sus deseos, tienen que volverse a ir al extranjero por la falta de opciones nacionales.

¿Tienen más complicado las mujeres dedicarse a la investigación?

Actualmente, con mi edad y en mi etapa académica, no noto grandes diferencias. Aun así, por encima de mi caso particular, sí que hay algunos estudios que señalan como los hombres pueden salir beneficiados en el sistema académico por sesgos que pasan inadvertidos como una mayor red de contactos en promedio o una mayor tendencia a autocitarse.

En cualquier caso, lo que suele ser más flagrante y provoca gran número de deserciones de mujeres del sistema académico es la maternidad. A menudo para las mujeres la etapa de la maternidad coincide precisamente con esta etapa postdoctoral en la que debe viajar, publicar más…. Es cierto que en cuanto a la solicitud de becas se suele considerar la maternidad, concediendo más tiempo a las madres para pedir las becas, pero a mi juicio no deja de ser un parche mejorable. Primero, porque no todas las maternidades son iguales, hay niños que necesitan más cuidados que otros o durante más tiempo, además de que no todas las familias tienen las mismas posibilidades de externalizar los cuidados. Y, en segundo lugar, porque no ataja el problema de raíz, que son las carencias de la productividad científica como aval de la calidad de un científico.

¿Crees que los investigadores tienen el deber de divulgar los progresos de la ciencia?

Personalmente creo que sí. Algunos compañeros creen que para eso es mejor que haya un personal especializado. En cualquier caso, la divulgación científica es clave. Lo que hacemos debemos transmitirlo a la sociedad, por una parte, porque ellos pagan nuestro trabajo con sus impuestos, y por otra parte, porque aunque se tenga que explicar a un nivel muy básico el contenido científico siempre es útil, por ejemplo, conocer las consecuencias del cambio climático les ayudará a entender la importancia de las medidas para reducir emisiones.

Estoy convencida de que el conocimiento nos mejora como sociedad.