JOSÉ ANTONIO MELGARES/Cronista Oficial de la Región de Murcia

Quizás fuera de los últimos administradores de fincas rústicas que pudo vivir de ello, y quizás también el último festero que lo dioManolo Guerrero todo a cambio de nada en las Fiestas de la Cruz. Me refiero a Manuel Guerrero Sánchez, quien nació en enero de 1928 como último fruto del matrimonio formado por Manuel Guerrero Medina y Ana María Sánchez Beltrán, quienes también trajeron al mundo otros cuatro vástagos: Fernando, Luisa, Josefa y Francisco. Aquella unidad familiar habitó y regentó durante lustros el desaparecido «parador» ubicado en el número 21 de la C. Nueva (Faquineto), antiguo lugar de salida y llegada de carros y postas a la ciudad.

Recibió su primera formación en el colegio de las Monjas de la Consolación al cuidado de sor Evarista, y luego en el de los Frailes Carmelitas, junto al recordado P. Amado, donde coincidió con amigos que conservó toda la vida como Pedro «el Caillo», Emilio Tudela, Valentín Leante, Francisco Capitán y Juanito G. Talavera.

Se incorporó a la vida laboral en el almacén de Juan «el Bata» de la C. Rafael Tejeo, junto a empleados como Juanito «Fantasía» y los hermanos Milagros y Juan González entre otros, y poco tiempo después comenzó su dedicación profesional a la que dedicó toda su vida, como administrador colegiado de fincas rústicas, actividad que heredó de su padre, siendo hombre de absoluta confianza en la administración de los bienes raíces de la familia Giménez Girón (los hermanos Enrique, José María y Dolores), quienes tenían propiedades en toda la Comarca Noroeste, al margen de otras en diferentes lugares de España.

Manolo nunca dispuso de vehículo propio, moviéndose siempre en el taxi de Antonio Martínez «el Evelio», o en el de Luís «el de las bicicletas», quienes conocían, como él mismo, los caminos y veredas que conducían a los parajes que, por su trabajo, debía visitar constantemente.

En abril de 1955 contrajo matrimonio con Adelina Sánchez Díaz (hija del popular Paco Dimas), fijando el domicilio familiar en la ya mencionada C. Nueva y espacio también mencionado del antiguo Parador. Allí nacieron sus cinco hijos: Ana, Encarna, Manuel Fernando, Paco y Adelina y allí permaneció la familia hasta 1971 en que se trasladó a lo que entonces se denominaba «Prolongación de la Gran Vía».

Su ocupación «de temporada», permitió a Manolo dedicar a la política y al mundo de la Fiesta parte muy importante de su tiempo. De ideología «joseantoniana», fue concejal durante la segunda época de Pepe Gómez como alcalde local. Y lo fue por el entonces denominado «tercio familiar», ocupándose de áreas como obras, servicios y policía. En su tiempo se creó el primer retén de bomberos con personal del Ayuntamiento. La nueva red de agua potable y la primera brigada de albañiles municipales. Se adquirió el primer coche patrulla para la policía municipal (un Renault 4 L verde que los mayores recordarán) y se comenzó a colocar anualmente el Árbol de Navidad Municipal en la Pl. del Arco, para lo que se cortaba un pino del Cementerio. Gracias a su particular forma de ser logró un eficaz y cohesionado equipo humano y técnico de obras y servicios en el Ayuntamiento, entre quienes figuraban «el Musia», el «Rojo Romeral», Pedro «de la Violeta» y Belmonte entre otros, con quienes mensualmente se reunía a comer un «empedrado» en «El Tuerto», «El Tirantes» o «Los Yemas» . También intervino en la regularización urbanística del último tramo de la Gran Vía, el cual estaba abocado a morir en la actual Pl. de Paco Pim; y en los comienzos del proyecto del Hospital Comarcal, inicialmente previsto en el espacio del viejo Matadero, donde hoy se encuentra el Hogar de las Personas Mayores en la C. del rey Juan Carlos I.

Entre los concejales que junto a él formaron parte del equipo de gobierno del alcalde Pepe Gómez, se encontraban, junto a otros, Luís Jiménez Jaén, Feliciano Morenilla, Maravillas Marín Fuentes, Pedro Beltrán y los entonces aún muy jóvenes Manuel Campos y Ramón García Álvarez.

En el mundo de la Fiesta fue festero con mayúsculas y en el más amplio sentido de la palabra, pues siempre estuvo en la organización general y nunca en lo particular, iniciándose muy joven en el entorno de la Stma. Cruz ocupándose de aspectos relacionados con los arreglos florales, la pólvora y la música. En tiempos del hermano mayor Miguel Robles S. Cortés se ocupó de la organización de «La Retreta» que recorría la ciudad en la tarde-noche del cuatro de mayo. Estuvo 25 años en cargos festeros, de los que 14 fue Secretario de Festejos con los hermanos mayores Ramón Melgarejo, Manuel Sainz de Vicuña, Pedro Campos y Juan Marín Fuentes. Dirigió la Revista de Fiestas en varias ocasiones. Intervino en el primer embotellado del «Vino de la Cruz» cuando dejó de distribuirse a granel en 1985 y organizó la peregrinación de la Cofradía a Roma en 1980.

Cuando dejó la actividad al servicio de la Fiesta formó parte de la Junta-Homenaje a S. Juan de la Cruz para la organización de los actos conmemorativos del IV Centenario de la fundación del Convento de los PP. Carmelitas de La Glorieta, junta que propició el P. Dionisio Tomás y presidió Luís Fernando Álvarez Pérez-Miravete, en la que estuvieron presentes, entre otros, Juan López Moya, Juan Marín Fuentes, Miguel Álvarez Pérez-Miravete, Eladio Sala, Paco Pim, Joaquín Samper y José Antonio Soler, logrando la erección del monumento al Santo, que esculpió en bronce el escultor Rafael Pi Belda (que costó 3.500.000 pts) y que se inauguró el 14 de diciembre de 1986 con la presencia del P. General de la Orden del Carmen a la sazón Felipe Sainz de Baranda.

No perdió el tiempo Manolo Guerrero a lo largo de su vida. A lo ya dicho hay que añadir que fue Diputado Provincial (siendo Presidente de la Diputación Joaquín Andrés López Ruiz), Consejero de Cajamurcia siendo presidente de la entidad Ángel Campos, y secretario del Heredamiento de la Acequia de Carles. A pesar de ello aún sacaba tiempo para asistir a la tertulia que se reunía diariamente en la cafetería «Dulcinea», a la que asistían entre otros Miguel Álvarez, Pedro Antonio Melgares, Mario Moreno, Pedro Beltrán, Antonio Albarracín y los hermanos Pedro Antonio y Rafael Orrico.

Asiduo fumador de tabaco «Condal» y «Boncalo», y no menos asiduo lector de tebeos («Mortadelo y Filemón», «Zipi y Zape» y «Pepe Botero» entre otros), contrajo cáncer de médula que, tras dos años en lucha continua con él, le causó la muerte el 23 de febrero de 2001.

Manolo Guerrero fue uno de los referentes sociales y un activo muy importante a lo largo de toda la segunda mitad del S. XX caravaqueño. Implicado y comprometido en aventuras colectivas de servicio a la comunidad en tiempos en que la imaginación y el esfuerzo personal suplían la falta de medios. Metódico y serio en su trabajo, imaginativo, minucioso y ordenado. Leal y entregado a cuanto se comprometía, siempre concluyó con éxito todo aquello en lo que intervino. Su nombre y su recuerdo permanecen indelebles en la memoria, tanto individual como colectiva de la población.