MARIANA PÉREZ

Los Bereberes Imazighen, descendientes de la dinastía Amazigh, son un pueblo autóctono del Norte de África que estrechó infinitos lazos con otras tribus del Mediterraneo. El papel de las mujeres en esta tribu es esencial. Descendientes de guerreras y reinas, madres y guardianas, son las encargadas de proteger lo que «crece y florece», del cuidado de la casa, la economía, la transmisión de la cultura con los cuentos populares, de las “prácticas mágicas” y del arte, incluyendo el de tatuar.

Tatuajes cuyos significados se remontan siglos atrás, a la época pre-islámica, que prácticamente han desaparecido de la tradición y cultura afincada en el norte del continente africano, ya que en otros pueblos árabes son considerados ‘haram’, pecado, aunque la tradición en la mujer  Amazigh sigue viva en zonas rurales de Túnez o Tamazgha.

Consideraban el tatuaje como ayuda divina, vinculados a ritos paganos y mágicos, ya que para ellos un tatuaje solucionaba la vida a la persona que sufría alguna desgracia. Se protegían de los espíritus malignos con tatuajes en las partes de su cuerpo «vulnerables» al mal, es decir orificios del cuerpo y extremidades. Sus pies eran protegidos con tatuajes para no dejar pasar al mal a través de la tierra que pisaban.

La parte del cuerpo tatuada guardaba una intensa relación con su significado, si estaba en la barriga de la mujer, él bebe que se engendrara estaría protegido. Motivos como las gacelas representaban la belleza de la mujer tatuada. Protegían a sus niños, pintándoles con carbón en la frente, símbolos contra la mala suerte, ya que hasta la edad adulta no serian tatuados.

Cruces que dispersaban la mala energía hacia las cuatro direcciones del viento, símbolos similares a los encontrados en las pintaderas Canarias, que representaban a La Diosa Madre creadora, la divinidad sagrada femenina de la creación y los cuatro elementos, similitud  también nos lleva a nombrar a las mujeres aborígenes canarias, quienes portaban estos símbolos “mágicos” tatuados, culturalmente ligados al pueblo Imazighen probablemente debido a la descendencia bereber de los habitantes de las islas.

Mujeres que cuando se casaban tatuaban sus caras para sentir la conexión con “lo divino” y  cuando quedaban viudas lo simbolizaban tatuando sus barbillas, simulando barbas, dotándolas así del vigor y la abundancia que sus maridos les legaban tras su muerte.

Un sin fin de significados mágicos y protectores que las unían espiritualmente a la creación y que aún las definen y diferencian de las mujeres de otras tribus árabes.