GLORIA LÓPEZ

FOTOS: ÚRSULA MARÍN/ENRIQUE SOLER

Desde que entré y pisé… pisamos arena de la playa… arena de la playa!!! me dí cuenta que algo maravilloso estaba por suceder… y entré ya con los pelos de punta y el ánimo dispuesto a disfrutar de lo que me iban a enseñar.

Que los maestros son los que mueven los hilos de nuestras vidas ya lo sabíamos. Sabíamos que un profesor puede hacerte odiar o amar la literatura, el arte o las matemáticas ( bueno, a esas ya las odiaba yo de antes). Lo que no sabíamos es que pueden llegar a emocionarte ya pasados los cuarenta. Lo que no sabíamos es que pueden llegar a volver a enseñarte lo que no aprendimos o simplemente lo que se nos olvidó.

¿Qué maestro llena una sala de conciertos de Cehegín de arena para hacernos más felices a los asistentes?

¿Quién puede convertir una sala de ponencias en un mar de sentimientos? ¿Quién es capaz de transportarte en un viaje por la educación y la vida, la risa y el llanto, los padres y los profesores, el mar y sus habitantes?

Sólo quien tiene pasión, imaginación y entusiasmo… tanta pasión como peces en el escenario, tanto entusiasmo como arena con la que han llenado el Camelot. Y tanto conocimiento y sabiduría como para hacernos levantarnos y remar, remar todos en el mismo sentido, y que  “entender”, que es mucho más difícil que “hacer”, que ellos son el faro que ilumina el camino de nuestros hijos.

Porque seguramente para ellos sería mucho más fácil entrar y salir de un trabajo como otro cualquier, sin embargo entendieron que el suyo no es como el de todos.

Su trabajo tiene el poder de cambiar el mundo:

Con las palabras; genial un Ramón Barrera que nos tiró al camino a las now menos now y me dejó el gustillo por desgranar las palabras.

Con los hechos;  Manu Barrera abrió un tarro de purpurina que dejó a los asistententes el poso de un millón de acciones y otras tantas reacciones a los políticos que hacen las leyes sin contar con ellos.

Con el perdón y el corazón, se llega más lejos que con el rencor ( Irene Villa nos puso en pie a toda la sala, ella… que no tiene piernas).

Con la imaginación para salvar los problemas que día a día se les presentan y resolver situaciones que de otra manera serían insalvables (la de una juventud que envió mensajes a la maravillosa Ana Peinado en una botella, sin wasap, para que les escuchemos y busquemos en nuestro estómago esas quince primaveras que tuvimos alguna vez y se perdieron en la suma de los años y la resta de la vida).

Con el coraje de esos policías que hablan sin castigar y ayudan sin hablar. (Sergio Ortega y sus policías tutores  nos hicieron portarnos bien).

Con la ternura de quien enseña a quién quiere aprender, de entender lo que no llegamos a comprender, de saber que cada uno es diferente, único… que hay personas que no son ordinarias, sino extraordinarias. (APCOM nos demostró cuán extraordinario pueden llegar a ser).

Salí, volviendo a pisar arena de la playa, con la firme convicción que no les ha quedado ninguna asignatura pendiente, que una educación renovada, adaptada a nuestros tiempos y nuestras nuevas y difíciles tecnologías es posible si la basamos en la creatividad, la curiosidad, la colaboración, la participación y la motivación.

Salí pensando que sois, M Dolores, Juan Carlos, Miguel, M José (los que conozco  y tengo que nombrar, porque fueron ellos los que tanto me insistieron en ir) y al resto que no conozco, el equipo completo que forma EducAcción, el faro que ilumina una nueva forma de educar, que sois maestros de ternura, tejedores de ilusiones.

“Gota sobre gota somos olas que hacen mares. Gotas diferentes, pero gotas todas iguales. Una marea de gente remando al mismo compás”