HABLANDO DE EDUCACIÓN – 08

JOSÉ CLEMENTE RUBIO GARCÍA

Moratalla nos recibe y nos vemos en el lugar donde se acumulan los conocimientos, la aventura, la fantasía, la ilusión…es la Biblioteca. Nos dejan un espacio y hablamos un buen rato cuatro personas amantes de nuestro trabajo, el que es o el que fue, pero sin dejar de ser Maestros.

Carmen Martínez García, maestra jubilada, 37 años de experiencia, mujer inquieta y preocupada por el bienestar de la sociedad y de su pueblo en particular.

Marcial García García, maestro jubilado, con 40 años de experiencia docente. Marcial y un servidor estudiamos en el Colegio San José de Espinardo, donde compartimos experiencias y conocimientos propios de un Centro tan peculiar y que nos ayudó a ser lo que somos. Marcial es historiador, escritor, pero sobre todo lo definiría como Maestro.

Y forma este cuarteto de ilusionados maestros, Salvador Estéfano Sánchez Sánchez, maestro joven, con solo tres años de experiencia, pero con un presente y futuro lleno de ganas de trabajar y esperanza.

La  verdad, queridos lectores, que no sé exactamente como empezar a narrar lo vivido esta tarde en Moratalla. La gana de aportar por parte de los cuatro me llena de ideas, pero, al mismo tiempo, me es difícil el ordenarlas. La cara de asombro e ilusión contenida de Salvi, es un respiro de aire fresco. La memoria de Carmen y Marcial son extraordinarias y nos llevan a El Sabinar, ese pequeño pueblo al que tanto quiero y me lleva a revivir parte de mi vida. Como olvidar su teleclub usado para cualquier menester, de cómo se introduce la Educación Infantil,  de cómo se consigue la construcción del nuevo colegio,  de cómo se implica a los padres y a las madres,  de cómo se desenvuelven los maestros y maestras sin prácticamente ningún material ni recursos…, son experiencias que sirvieron para hacernos maestros y más, a Carmen y a Marcial, que eran sus primeros destinos.

No es pretensión el contar historias pasadas, ni realidades presentes, ni muchos menos plantear objetivos ni caminos que puedan o deban seguir los actuales maestros, tampoco es intención dar recetas, ni muchos menos consejos, simplemente es intención de transmitir esa ilusión por educar, por el trabajo, por ser Maestros.

El recordar es vivir dos veces una realidad y que, en cierta forma, pueda ayudar a hacer visibles, aquellos verso del poeta de “caminante no hay camino, se hace camino al andar…” pero sabiendo que nunca se podrá de nuevo andar, pero sí nos puede ayudar a seguir caminando hacia la ruta que queramos tomar.

Aquellos años de los setenta, tras superar esos cuarenta años oscuro y empezar a ver la luz de ese largo túnel, eran momentos de gran alegría e ilusión por el futuro que se nos presentaba. Muchas ideas nuevas y a nivel de educación se empezaba hablar de un tal Freinet, de la Escuela Nueva, Escuela Activa, Escuela Moderna y se fue creando un ambiente propicio para que el profesorado y la sociedad se fuera organizando, creando Sindicatos, Partidos Políticos, Asociaciones de Vecinos, Culturales, etc. y todo ello llevaba a descubrir cosas nuevas y, en nuestro caso, un tipo de escuela que sirviera para mejorar nuestro entorno y nuestras mentes. También hay que señalar que con la publicación de la Ley de Educación, de Villar Palasí, año 1970, ordenó, de alguna forma, el sistema educativo español y fueron requeridos muchos más maestros y maestras para poder llevarla a cabo. Eso rejuveneció la plantilla del profesorado y, con los nuevos aires que se respiraban en todo el Estado, nos entusiasmó y nos implicamos de forma directa. Surgieron las Escuelas de Verano, donde miles de maestros se juntaban en periodo vacacional y con sus propios medios a formarse y tratar temas para cambiar esa escuela, en muchos de los casos triste, en algo nuevo e ilusionante.

Había que “luchar mucho” y recordábamos las grandes huelgas para conseguir mejoras salariales, las presiones y estrategias para hacer nuevos colegios, el disminuir el número de alumnado por aula, la necesidad de ciertos especialistas y hasta lo más sencillo, como es dotar de un material mínimo a los diferentes Colegios. Las escuelas de los pequeños pueblecitos o aldeas, su situación eran de total abandono: ventanas sin cristales ni luz eléctrica, a veces con una vieja y destartalada estufa, a la que los niños y niñas tenían que traer la leña, de ahí el calificativo de “la escuela del palo”: cada escolar, cada día, además de sus libros y materiales, debería traer su tronquito. La escuela la limpiaban los propios escolares, o bien el maestro o la maestra, los sueldos de los docentes eran de absoluta pobreza y todo eso nos preocupaba y nos llevaba a una unión entre el profesorado capaz de transformar, exigiendo a las correspondientes autoridades esas mejoras tan necesarias. Marcial cuenta como un maestro que empezó a trabajar en la dictadura de Primo de Rivera, luego en la República, más tarde en la Dictadura y ahora en democracia, que ante la situación que se estaba atravesando y ante la huelga convocada, se debería de ser muy serio y pensad a la hora de votar en la Asamblea. En aquellos tiempos el movimiento asambleario se llevaba en prácticamente todos los centros escolares y la votación era respetada y de ahí el gran seguimiento que tenían esas movilizaciones, que no eran de uno o dos días, era de semanas…, y así se consiguieron los grandes avances en la enseñanza y no fueron solamente en asuntos de sueldos del profesorado, si no en todo lo que rodeaba a la misma.

Los años van pasando y las escuelas evolucionando. Las situaciones actuales son muy distintas a las anteriores, pero una cosa en las que estamos todos de acuerdo, que aunque el profesorado, en líneas generales, está mucho mejor formado científicamente, pero creemos que necesita una mayor implicación en la tarea docente, ya que entendemos que la escuela debe de seguir implicándose en el devenir de la vida, de su pueblo, de su barrio. Muchas veces, da la sensación, de que por parte de las diversas Administraciones, se pretende que los docentes se “limiten” a transmitir conocimientos y que la labores de gestión, de participación en la toma de decisiones, de la política educativa, lo dejen en manos de otras personas, cosa que nos parece muy pobre y, en cierta forma negativo. Muchos detalles a tener en cuenta hoy en día: ¿qué papel se le deja al profesorado en los Consejos Escolares?, ¿quiénes, realmente, elige a los cargos directivos de los Centros Educativos?, ¿qué papel tienen los Claustros?,¿ y  la formación permanente del profesorado? Muchas otras cosas quedan sobre la mesa y que sería tema de otros artículos o trabajos, pero es necesario saber que, a pesar de esa apatía que parece tienen el profesorado actualmente, limitándose, en muchos de los casos, a las propias académicas, tenemos un profesorado digno de alabar y que se entregan a su labor docente de forma ejemplar, pero entendemos, que necesitan una mayor participación e implicación en el devenir de la vida del mundo educativo y que debe ser parte activa en la formación de la niñez y juventud para conseguir una vida y una sociedad más justa.

Gracias amigos por vuestra amistad.

José Clemente Rubio García