JAIME PARRA

Con motivo del Día Internacional de la Literatura Infantil y Juvenil, Luis Leante presentó «Maneras de vivir», el jueves 2 de abril a las 18:00h.

Ante la imposibilidad de hacer el acto de forma presencial, fue en directo a través del canal de Instagram @grupoedebe El escritor David de Juan Marcos acompañó al autor en el acto virtual.

«Maneras de vivir», Premio edebé 2020, es una historia de segundas oportunidades y un homenaje, desde el mismo título, a la música Rock de los 80.

¿Qué papel juega la música en su vida?

La música, como la literatura, es algo que ha estado ahí casi desde que tengo recuerdos. Estudié música en Caravaca, cuando no había Escuela Municipal ni era fácil ir a Conservatorio de Murcia. Así que aprendí solfeo y flauta con Antonio Martínez Nevado, que nos preparaba para tocar en la Banda Municipal. Ahí estuve hasta los veinte años. A los siete años ya había empezado a estudiar guitarra española, y a los veinte me pasé a la acústica y después a la eléctrica. Mis gustos musicales fueron de lo clásico a lo contemporáneo y nunca tuve conflicto con los géneros. Me gusta tanto Mozart como Rosendo, y cada uno ocupa su lugar y cumple su papel.

¿Escucha música mientras escribe?

Sí, siempre. De hecho, no sé escribir si no escucho música. El silencio a la hora de escribir es aterrador. El sonio desnudo de la máquina de escribir, antes, y el del teclado, ahora, me inquita. No me gusta. Además, la música afecta al estado de ánimo y termina siendo como un juego de azar, porque según la música que escribo, mi estilo varía. Cada novela de las que he escrito tiene su propia banda sonora. Hay un momento, cuando estoy concentrado en lo que escribo, que no percibo la música. Pero si se para no puedo seguir.

¿Cuánto de biográfico hay en esta obra?

De mi biografía hay pocas cosas, excepto ese eclecticismo que tiene el personaje de Luna, a la que le gusta el rock y la música clásica a partes iguales. Por lo general, no escribo sobre mí, sino sobre lo que hay a mi alrededor. La novela tiene muchas cosas de las vidas de gente que conozco y que quiero, pero disfrazado de tal manera que no creo que nadie se identifique. Pero no soy un escritor de imaginación, sino de observación y copia de la realidad. Intento que la verdad parezca mentira y lo que es mentira parezca verdad.

Usted ha ganado el premio Alfaguara, dos veces el Edebé…, ¿cuál es su secreto?

Me gustaría saberlo. Si hubiera algún secreto sería la constancia y el trabajo. Escribir es difícil, pero conseguir que te lean, o ganar premios es más difícil todavía. Cuando ganas un premio lo que se ve es la parte bonita, incluso idílica de la escritura. Lo que no se ve son los premios a los que te has presentado y no has ganado, las horas que pasas al día sentado delante del ordenador, las novelas que escribes y son malísimas, los momentos de desesperación, la frustración cuando las cosas no salen. Para tener éxito en literatura, por lo general, hay que haber fracasado muchas veces antes. Y esos fracasos son invisibles, pero están ahí. Quizá el secreto de los premios sean los fracasos anteriores.

Cuando escribe, ¿piensa en la edad del lector al que se dirige?

Por lo general, sí. Sin embargo, hay novelas que empiezan siendo juveniles y terminan como novelas de adulto. Y lo contrario también me ha pasado. Pero sí, el lector siempre está presente cuando escribo. Especialmente el lector juvenil. Si no escribes cosas que puedan interesar a los jóvenes, es mejor dejarlo. Una cosa es la calidad literaria, que intento que mejore en cada novela, y otra cosa son los temas que trato.

¿Qué lector resulta más difícil de atrapar el joven o el adulto?

A mí me cuesta más escribir literatura juvenil porque me cuesta más trabajo ponerme en el lugar del lector. Cuando escribo para adultos, yo soy mi propio lector ideal. Cuando escribo para jóvenes, tengo que hacer un esfuerzo en pensar como lo hacía a los 15 años. Y, aunque mi forma de ver el mundo ha cambiado mucho, el mundo ha cambiado bastante. Interesar al lector suele ser siempre lo más difícil, tenga la edad que tenga.

¿Cuál fue el primer libro que le atrapó de verdad? ¿Cuál que podamos encontrar en cualquier biblioteca nos recomendaría para leer durante este confinamiento?

Los libros que a mí me convencieron de que leer merecía la pena fueron los de la serie de Los Cinco, de la escritora inglesa Enid Blyton. Si no hubiera leído esos libros, creo que no habría llegado a ser escritor, porque yo empecé imitando descaradamente esas historias cuando tenía 12 o 13 años. Y para leer durante el confinamiento aconsejaría “Crónica de una muerte anunciada”, que fue la novela que me abrió los ojos a la literatura fuera de España. Ese libro me fascinó. Pero es una novela que se queda corta para el confinamiento. Se puede leer en dos días. Yo lo he leído más de 10 veces, pero no me atrevo a aconsejarlo. Así que, si en la biblioteca dejan sacar más de un libro, aconsejaría también “La mancha humana” de Philip Roth.