Enrique González Semitiel

Asiduo de El Calar de la Santa

Terminada la estancia veraniega en El Calar de la Santa, creo que es de obligada atención reflexionar sobre este fenómeno, si no único, sí interesante por las connotaciones que posee.

Se habla frecuentemente en la prensa de la España vaciada, del futuro incierto de los pueblos pequeños, pero muy poco de los medios que la Administración aporta para frenar este fenómeno. 

¿Cómo no va a emigrar una juventud que no tiene futuro, si ni siquiera hay cobertura de móvil, los apagones del alumbrado público son frecuentes, Telefónica deja sin servicio las líneas fijas y un largo etcétera? Muy necios tienen que ser para no huir de los paraísos de estas características.

El caso que nos ocupa del Calar de la Santa es excepcional, gracias a una persona que, hará entre veinticinco y treinta años, decidió que su pueblo (entonces tres o cuatro caseríos) tenía que convertirse en un punto de referencia en el incipiente turismo de interior. Enorme esfuerzo y constancia tuvo que desarrollar nuestro protagonista, Luis Jiménez, para que, poco a poco, El Calar de la Santa apareciera en el mapa regional.

Gracias a él, ya es una realidad. Sería prolijo enumerar los pasos que ha ido dando, los disgustos y decepciones que ha padecido (pues en nuestra tierra hacer el bien es muy difícil), hasta llegar a ser septuagenario y ver el cambio realizado a lo largo de los años (incluso se ha conseguido que las casas rurales se tengan que reservar en ocasiones con un año de antelación).

Hombre de una capacidad de trabajo solo comparable con sus inmensas bonhomía y sensibilidad. 

No creo que su «negocio» le haya hecho rico, en comparación con otros que con un mínimo esfuerzo llegan a serlo. Amigo de hacer favores y la vida agradable a quienes le rodean.

Otros en el pueblo han seguido sus pasos y entre todos han conseguido crear un ambiente único, al que acompaña un clima extraordinario y unos paisajes irrepetibles. Ya son dos los estaurantes de altísima calidad los que hay en el pueblo, colegio, tienda y zona deportiva.

Muchos visitantes asiduos tenemos que agradecer a Luis nuestro bienestar y, en el caso de muchos que venimos de la capital de la Región, el enorme placer de haber olvidado el calor del verano.

Gracias, Luis. Que tus sucesores sigan tus pasos para bien de todos.