MICAELA FERNÁNDEZ

“La abuela María nos contaba las historias de cuando su padre –mi bisabuelo- había estado en la guerra, le habían dado varias medallas e incluso había matado a un moro –seguro que no fue sólo a uno y seguro que no era moro- pero fue quien nos transmitió a apreciar la heroicidad de nuestro antepasado y lo dura que había sido su vida”, afirma María Luisa Hurtado, biznieta de Luis Cervantes Dato, natural de Mula y uno de los 33 españoles que defendieron el último bastión de España en Filipinas.

Este fin de semana Mula rendía un especial homenaje a este ya muleño ilustre coincidiendo con el 140 aniversario de su nacimiento. Familiares residentes en Mula y llegados desde distintos puntos del país e incluso del país vecino de Francia se reunían ayer para rendir “el homenaje que se merecía desde hace muchos años”, Luis Cervantes Dato.
Ayer familiares, autoridades locales entre los que se encontraba el alcalde de la localidad, Juan Jesús Moreno, y vecinos participaban en el descubrimiento de un monolito dedicado a Luis Cervantes Dato donde con imágenes y un breve texto narran la biografía y batallas de este muleño en el sitio de Baler que defendieron durante más de 300 días a pesar de que España ya había dejado de luchar por la colonia Filipina.
El monolito se encuentra ubicado en una de las principales plazas de la localidad que, además, pasará a llamarse plaza de Luis Cervantes Dato, según explicaba ayer Juan Jesús Moreno.
Durante la mañana, además, se celebraba un emotivo acto en el cementerio municipal de San Ildefonso donde los restos de este ‘último de Filipinas’ descansan ya en el panteón de ‘muleños ilustres’ junto a Julián Santos Orgiles, fundador de la Banda Municipal de Música.
El sábado tenía lugar en el salón de actos del Antiguo Asilo una charla coloquio y la presentación de un libro sobre la vida de Luis Cervantes Dato que hacía un repaso por la biografía de este muleño, su estancia en distintas contiendas y su vida al llegar a Mula junto a su esposa Carmen.
Murió joven, ya que le quedaron secuelas de la guerra, pero vivió intensamente esos años en su ciudad natal de Mula, trabajando de albañil, como bracero en la agricultura y como cartero en Molina y San Pedro. Pudo ser Guardia Civil, ya que al volver de la guerra les dieron a elegir profesión pero, prefirió estar cerca de su gente y bajo la visión de su pueblo y su castillo, según relatan familiares y estudiosos de este muleño ilustre.