MICAELA FERNÁNDEZ

Coincidiendo con el Día Internacional contra la Violencia de Género nos adentramos en conocer de primera mano las emociones y el sufrimiento por el que tuvo que pasar una mujer de la Comarca del Río Mula víctimas de los malos tratos de su pareja.

La cita es en el CAVI de Mula, un lugar donde ha sido capaz de sacar desde lo más profundo de su alma todo lo vivido y enseñarnos ese horizonte lleno de esperanza que ella, después de muchos años encerrada en sí misma, ha encontrado. La llamamos Lucía.

Lucía, ¿cuál es tu historia?

Mi historia se remonta a años atrás en los que no me daba cuenta que había sido una mujer maltratada.

¿Cómo te diste cuenta de que algo no iba bien?

Existían formas que se notaba que las cosas no iban bien. Los maltratadores te hacen sentir como que te quieren, pueden llegar a pegarte y después decirte que te quieren con locura. Me veía reflejada en una mujer que era querida, pero en el fondo no lo era. Estaba siendo maltratada psicológicamente, físicamente y económicamente en algunos casos también.

Qué duele más, un golpe, un grito, una humillación…

A mí me ha dolido todo, pero me dolía más que me humillaran por algo que no era que el propio moratón que se te pasaba y ya está.

¿Cuándo tocaste fondo?, ¿Cuándo fue el momento de decir hasta aquí?

Cuando mi hija pequeña me dijo un día el papá es malo, ahí. Yo ya sabía que no iba bien, pero sí es cierto que yo no sabía que mis hijas sabían lo que sabían. Fui aguantando porque yo creía que mis hijas no sabían nada, ni habían escuchado nada. Mis hijas a me escuchaban llorar y se metían debajo de la cama, eso me lo han contado con los años, yo tampoco lo sabía.

¿Qué hiciste para escapar de esa situación?

Para mí fue fácil porque también era infiel. Teníamos una empresa y me fue infiel allí. Cuando yo descubrí eso, para mí fue un aquí te vas a quedar, me puse una barrera a través de esa infidelidad.

¿Llegaste en algún momento a querer denunciar?

No, nunca. Le tenía mucho miedo. No le tenía, le sigo teniendo, aunque yo me quiera hacer creer lo contrario. Sí sigo teniendo miedo.

Con dos hijas y una situación complicada por delante, ¿a quién recurriste?

Fue cobarde hasta para eso. Llegamos hasta a pasar un tiempo conviviendo en la misma casa después de pedirle el divorcio porque me decía que no tenía donde ir. Un día dije hasta aquí porque seguía viviendo de mi dinero, gastándolo para sus vicios. El mes y medio que duró esa situación su comportamiento fue creo que como nunca había sido, quizá por recuperarme, pero ya no había marcha atrás.

¿Cómo llegaste al CAVI?

Yo he pedido ayuda después de muchos años. Me refugié en el trabajo y mi vida se centró en eso para sacar a mis hijas adelante y no me daba cuenta de que yo tenía un problema, que no había pasado el duelo de esos malos tratos. Con los años me han salido muchas cosas, pesadillas, cosas, que han sido por no haberme curado del todo y dejando todo aquello a un lado. La primera vez que hablé con el psicólogo me preguntó que pensara por qué me pegaba y que pensara bien la respuesta… yo en ese momento era muy chiquitita de cara al mundo y mi respuesta fue quizá porque me lo merecía y no, no es justo, yo no me merezco palos de nadie. Normalizamos cosas que no son normales. Para mí, este servicio es maravilloso, yo lo recomiendo a todo el mundo y a cualquier persona que esté viviendo algo parecido o similar o que tenga indicios de que pueda estar viviéndolo, que venga aquí.

Si hubieras sabido de la disponibilidad del CAVI, ¿qué hubieras hecho?

Hubiera venido el primer día, sin lugar a dudas. A mí me han ayudado muchísimo. Desde la primera hasta la última persona que hay aquí en el CAVI y mucho apoyo y además, me siento super querida, es como una familia. A mí, venir aquí, me ha hecho sentirme segura, que yo valgo mucho más. Hay alternativas, y por el bien de tus hijos también, porque, aunque pensemos que no se dan cuenta, con los años les hace mella y les puede afectar muchísimo. Incluso para ellos, aunque nosotros estemos bien, les puede ayudar muchísimo.

¿Se puede retomar la vida normal?

Por supuesto, tienes que tener mucha valentía. Hay que mirar hacia adelante. Es una etapa de tu vida que tienes que pasar página, aunque nunca se olvida y perdonar, quizá tampoco.

El hecho de estar en un pueblo pequeño, ¿lo hace más difícil?

Cuando empecé a tener pesadillas fue una amiga la que me recomendó venir aquí. De hecho me dio el teléfono de Murcia porque allí no me conocían podía ser anónima porque pasar por un pasillo y pensar que alguien puede reconocerte es muy difícil. Yo atravesé el pasillo el primer día y después lo atravieso con total normalidad porque no estoy sola. Tenemos que apoyarnos y ayudarnos entre todos porque es algo que se lleva en silencio hasta que te ves aquí y estoy segura que hay mucha gente que al verme aquí no sabía nada de la existencia mi sufriendo ni yo del suyo.

Vuelves a tener pareja, mantienes tu trabajo y tus hijas están bien, ¿cómo te ves en el futuro?

Me veo envejeciendo al lado de este hombre -mirando y haciendo alusión a su actual pareja nos acompañó en toda la entrevista sin dejar de soltarle la mano y sufriendo igual que Lucía mientras ella hablaba-, te lo digo de verdad y que nuestros hijos estén sanos, con poquito me conformo.