GLORIA LÓPEZ CORBALÁN

Quien haya hecho cualquier camino entenderá el título y el fondo del artículo, quién no, hay que ir haciendo caminos, porque si no, la vida se te pasa en una autopista, donde lo único que hacemos es pagar, sin pararnos a disfrutar de las vistas desde el coche. No tienes que irte a Santiago, siempre puedes hacer en tramos cualquiera de los que tenemos en nuestra tierra y en nuestro entorno más cercano. También entenderán el título los que han andado sin más rumbo que perderse en sí mismos. Hay días que ves el camino y la vida liso y sin sobresaltos, caminar y disfrutar… y son esos días cuando te revuelca el destino, el karma o las fuerzas energéticas que gobiernan nuestros destinos y se te presentan todas las adversidades del mundo mundial  y se empeñan en que un problema parezca una crisis universal y un kilómetro la maratón de Nueva York.

Así comenzó la segunda etapa de 22 km, tan tranquila y con unas vistas preciosas, sin más novedad que ir andando y buscar la mejor sombra para comernos las toñas. Pero aquello no había hecho nada más que empezar. Sin nada de carretera y un sendero precioso lleno de agua, pinos verdes y un cielo azul al que íbamos dando gracias por no llover. Que ilusos. Como todo en esta vida, nada es como empieza sino cómo acaba. Y acabamos pidiendo a gritos una sombra. Porque aquello empezó a volverse desierto en un par de horas, y el cielo despejado que antes habíamos agradecido en nada íbamos maldiciendo.

El paisaje de la sierra de María espectacular, pero los campos, tan nuestros, tan áridos y tan llenos de piedras se nos fueron haciendo interminables. No se veía ni un alma, ni viva ni vegetal y la línea del horizonte era casi infinita, en la que algunas ya iban dibujando su muerte. Nuestro destino en línea recta era la Casa de Periago, que me recordó a mi padre, que tanto hablaba de ella, y por un momento cuando andábamos por esos sembraos através, porque ya ni fuerzas nos quedaban para seguir el dichoso track, llegué a pensar que el camino lo que me llevaba era a encontrarme con él mucho más lejos de este mundo.

Pero alcanzas tu destino, allí está, la casa, el cruze, la vida, lo que nos va a llevar al mundo, al bar….pues resulta que no, que el autobús que venía a recogernos se había roto a la mitad de la senda y había que volver. ¿Por el mismo camino?, preguntaban algunos… o por el bancal de enfrente, si aquello era todo un pedregal. Hasta el próximo cruce. Ya no solo íbamos con sed, ya íbamos también con hambre, nodigomás…

Vuelta 2 o 3 kilómetros que algunas se pasaron matizando la promesa de volver al próximo domingo y cambiarla por una vez al año…si acaso.

Volvimos hacia el único pino que encontramos a 50 km a la redonda, según nuestros cálculos, que ya no eran lucidos, a esperar el bus del rescate. Sin cobertura, a 40 grados y con hambre.

Aquello hubiese sido una tragedia si no llega a ser por las buenas maneras de los dos jefes de la manada, Piti y Noa, que supieron mantener la calma y los nervios cuando ya empezamos a repartirnos, por peso, el primero que habríamos de comernos si teníamos que pasar allí la noche. 

La aventura acabó a las 3 de la tarde cuando vimos aparecer un bus amarillo dejando una estela de polvo cual Priscilla Reina del Desierto, pero sin música, por aquellos campos del demonio…

Reconozco que volví todo el rato pensando cómo iba a vender este camino. No puedo engañaros y presentaros una versión Disney de carretera al infierno, pero tengo que deciros que ha sido la etapa que más me he reido.

Tengo que deciros que todos los que estábamos aprendimos muchas cosas, porque  nunca las cosas fáciles fueron interesantes ni divertidas. Aprendimos que es mejor tomarse las inclemencias del tiempo y el espacio siempre con humor, que al monte siempre tienes que llevar agua y comida, que no sobrevive el más fuerte, sino el que mejor se adapta; que la solidaridad es lo mejor que tenemos y se presenta donde menos te lo esperas; qué es mejor estar delgado porque siempre serás el último en el menú de algún superviviente con hambre, que no debemos cortar los árboles porque su sombra nos da vida, que este camino precisamente hay que hacerlo en primavera, nunca en verano  y que siempre es mejor tener cosas que contar que no hacer nada.

Nos vemos en la 3 etapa, que dicen que es fácil.