HABLANDO CON MIS ALUMNAS nº 3

José Clemente Rubio García, maestro rural (jubilado)

Hoy hablamos con Juana Mari Plasencia Martínez.

Al llegar a El Sabinar, lo primero que veo es “mi Escuela y mi casa” y, no lo digo con carácter posesivo, sino con todo el cariño a esos dos lugares, donde tuve la suerte de vivir once años compartidos con sus vecinos a los que tanto quiero. Podría afirmar mis mejores años vividos, con mis aciertos y, seguro, con mis errores que también los habrían, pidiendo disculpas  por los mismos.

Juana Mari en una excursión con el colegio

Juana Mari en una excursión con el colegio

En estos días, el pueblo está en fiestas, las vallas preparadas para los encierros. Aparco el coche. Juana Mari y Juan vienen en mi búsqueda. Caminamos hacia su casa. Sus padres me saludan cordialmente, nos sentamos en el patio mirando hacia la inmensidad del horizonte, con esas choperas al fondo que nos indican el nacimiento y los primeros tramos del río Alhárabe que empieza su zigzagueo hasta llegar a unirse con el Benamor formando el río Moratalla.

La tarde va transcurriendo y ante mí esa mujer que me recuerda aquella niña de unos ocho años de edad, seria, pero no aburrida, aplicada, trabajadora, muy trabajadora, astuta, pero sin hacerse notar mucho, con una mirada transparente. Le acompaña su compañero de vida Juan, hombre observador, con las palabras justas que dicen mucho.

Unos dulces del terreno y un buen café llenan la mesa,  hablamos.

Me confiesa que de aquellos primeros años no recuerda mucho, pero, poco a poco, vamos acercándonos a las realidades vividas.

Recuerda que siendo yo su maestro, estuvo en un aula provisional en la iglesia. Yo sonrío y recordamos aquella  habitación, con pequeña ventana a la calle, llena de mesas, niños y niñas. Una pequeña bombilla iluminaba la estancia. Los servicios eran el patio. Cuando llovía o nevaba,  manaba agua del suelo… A nivel del colegio, la bautizamos con el nombre de “Aula Nicaragua”. Sería finales de los ochenta del pasado siglo. Van surgiendo recuerdos: pinturas, maderas…¡estábamos arreglando el aula! Se pintó, nueva iluminación…y, todo con la participación del alumnado y ayudado por un Maestro de Taller. Aquello era lo que actualmente se le llama “Proyecto escolar”….¡éramos unos adelantados de la época!.

Juana Mari Plasencia (primera por la derecha)

¿Un maestro?: Diego Noguera.

¿Una actividad?: Las salidas mensuales al campo en grupos mixtos de tercero a octavo curso, para conocer nuestro entorno (Pinturas, Animales, Plantas, Rocas y Fósiles).

Los dos primeros años del BUP los hizo en el IES de Moratalla, duros años, sobre todo por esos 35 km. de carretera sinuosa, con salida a las 6,30 de la mañana y vuelta pasadas las 4 de la tarde. Quién es capaz de resistir esos años, es capaz de todo, me dice.

La familia se trasladó a vivir a Caravaca de la Cruz y allí terminó su BUP y COU, en el IES San Juan de la Cruz.

Seguimos hablando y van surgiendo mil temas y me dice:

No puedo olvidar a uno de mis profesores, Andrés Franco, que me ayudó mucho y, posiblemente, fuera uno de los artífices de lo que soy actualmente.

La educación, la formación es un camino que se empieza desde bien pequeña y que se va forjando a través de los años. Lo importante es lo que queda y son los valores que te han inculcado y te han hecho lo que eres. Los conocimientos son necesarios, sin duda alguna, pero la formación de tu carácter, el descubrir tus posibilidades, el valor del esfuerzo,  empieza por la familia, pero es la labor de la escuela en guiarte hasta encontrarte contigo misma y conocerte. La figura del maestro, al menos para mí, es esencial en todos los aspectos de la vida.”

Juana Mari sigue sus estudios en la Universidad de Murcia. Medicina es la carrera elegida y Radiología su especialidad. En la actualidad ejerce su actividad en el Hospital Morales Meseguer en Murcia, donde tiene su plaza.

Las amistades cogidas en el colegio pueden ser eternas, me comenta. El ambiente que se viva y más en un colegio pequeño, cree que es un valor añadido. Me dice  lo bien que se sentía cuando se le preguntaba algo y ya lo sabía porque lo había escuchado de sus compañeros mayores.

Ese valor del esfuerzo, del trabajo, de la amistad, me dice que lo ha podido vivir en primera persona junto a esas tres “amigas del alma”: Mari Paz, María José y Mari Cruz, compartiendo piso en Murcia, desde su época de estudiantes universitarias hasta hace bien poco, pero no puedo olvidar a Fina Rodríguez, Fina Soria y a Marta.

“Me siento muy a gusto y satisfecha de mis orígenes, y me alegra cuando uno de mis superiores en el trabajo, me presenta a terceras personas diciendo, como valor añadido, mi procedencia.”

Gracias Juana Mari por el trato que me has dado.