José Antonio Melgares Guerrero

(Cronista Oficial de Caravaca y de la Vera Cruz)

Al apellido del titular, va aparejado a lo largo de los tres últimos tercios del S. XX, la profesión de carpinteros y, durante muchos años la de carpinteros fabricantes de ataúdes.

El primero de la saga fue José Antonio Ródenas Marín, hijo de Domingo y de María, en el seno de cuyo matrimonio vino al mundo el 20 de abril de 1914. Aquel, corredor de fincas en Barranda, donde comenzó a trabajar José Antonio en un aperador de carros que pronto dejó para marchar a Murcia empleado en la carpintería de la Funeraria Jesús, que regentaba Juan Jesús Albarracín en la Plaza de las Flores de la Capital, en cuyo taller se especializó en la fabricación de ataúdes, perfeccionando conocimientos al respecto, tiempo después, en la empresa funeraria García Esquiva de Madrid. La Guerra Civil le llevó al frente en la zona del maestrazgo, donde coincidió con caravaqueños como Salvador El Parrulo y Juan Firlaque. No ocultó su ideología antirrepublicana, por lo que fue perseguido hasta el punto de tener que desertar, huyendo a Caravaca donde permaneció escondido en el domicilio de sus padres, en la C. de Canalejas, durante gran parte del conflicto bélico.

Al concluir la Guerra se independizó profesionalmente y contrajo matrimonio con Isabel Sánchez Martínez (hija de Pepe el Talabartero y Mercedes, la mandadera de los Frailes), en 1941, fruto del cual vinieron al mundo sus cuatro hijos: Domingo, Pepe, Jesús y María Mercedes. El primer taller lo abrió José Antonio junto al Molino de los Arañas, donde fabricó muchos ataúdes que vendía a particulares por encargo, en la propia ciudad y en el campo y pueblos de alrededor. Los ataúdes eran fabricados en madera de pino y barniz copal, y forrados interiormente con papel. El crucifijo que se adhería a la tapa lo adquiría Ródenas en una casa de fundición de Valencia (crucifijo que, como recordará el lector entrado en años, los familiares del fallecido arrancaban del ataúd en el momento del entierro, conservándolo como recuerdo en los domicilios particulares). Los ataúdes se fabricaban en diferentes dimensiones (50-60 Cm y 1 metro para párvulos, y 1´80- 1´90 m. para adultos), siendo muy abundante la fabricación de pequeños, lo que delata la gran mortalidad infantil habida durante los años de la posguerra.

Era frecuente en la época referida que, particulares como D. Blas Marsilla, el carpintero Zarco (abuelo de los actuales) o Juan el de la Paca, de Archivel, adquiriesen su propio ataúd, que conservaban en el domicilio a la espera de su uso en fecha incierta. Cuando los hijos mayores (Domingo y Pepe) comenzaron a ayudar en el taller, éste cambió de lugar, abriendo en La Glorieta (junto a las desaparecidas Bodegas Tudela) que, cuando quedó pequeño trasladaron a la C. Entregarajes (Ford y Reinón), hoy muy transformada. Desde allí distribuían la mercancía, primero en una furgoneta Renault Cinco, y tiempo después en dos furgonetas grandes, marca Ebro, la ultima de ellas de color amarillo. Fue la época del paso del ataúd trapezoidal de pino, a las denominadas arcas a la americana, de formas redondeadas, chapadas de madera de nogal, a veces con filigrana de talla en los laterales, forradas interiormente de raso blanco claveteado. Época también, en que los Ródenas llegaron a tener empresa propia de pompas fúnebres, con ayudantes como Antonio y Paco Torres el Indio, Santiago Gironés, Jesús el Bujas y Marcos el Chato, entre otros.

El negocio varió su intensidad cuando irrumpieron en el mercado las empresas funerarias de implantación nacional, como el Ocaso, Finisterre ó Santa Lucía entreotras, vendiéndose la producción a las compañías de seguros y no a particulares, con gran margen económico a favor de aquellas, las cuales hundieron el mercado artesanal en beneficio de grandes empresas del ramo de Madrid y Valencia.

Aquella inflexión laboral motivó el que José Antonio hubiera de simultanear el trabajo en su propio taller con el de la empresa local de Fernandino, que fabricaba muebles, carrocerías d camión, baúles e incluso cuerda de cáñamo para la industria alpargatera, en Las Puertas de Mayrena. Allí coincidió con profesionales como Salvador El Pomento, Perico Rizao, Pepe el chapista, Antonio el Cuchara y el Botarate, entre otros. Fue época de reconversión de la empresa, comenzando la fabricación de mobiliario doméstico de calidad y estilo, por encargo, haciendo dormitorios, comedores y librerías para clientes como Antonio (el del Patio Andaluz), el sastre Antonio caparrós, los empresarios Pedro Antonio y Rafael Orrico y la profesora Encarna Guirao, entre otros; así como para firmas comerciales de Andalucía, Albacete y Benidorm.

A pesar de haberse jubilado años antes, José Antonio murió con las botas puestas en 2008, y su hijo Pepe pocos meses después. Domigo, muy confundido tras la desaparición de ambos, pronto comenzó a abrirse paso en el mundo de la ebanistería, talla y restauración artística, cuyos conocimientos había adquirido años atrás en el Instituto Americano de Madrid, con el escultor alicantino Vicente Gobis y con el tío Pitalúa, que tuvo taller en el barrio de S. Pablo.

El segundo Ródenas, Domingo, hombre de gran sensibilidad artística, intuición e ingenio creativo, derivó hacia el diseño festero y hacia la carpintería de talla, que tan a menos se tuvo por los profesionales carpinteros tiempo atrás. En la actividad festera ha diseñado indumentarias moras, estandartes para el Bando Moro y la cabila Almorávides. Carteles de Fiestas. Empuñaduras para espadas y sables, y atalajes caballistas para El Profesor, Pura Sangre, El Fogoso, Triana, Mayrena, Zambra, Santa Inés y Solterón. En cuanto a la carpintería de talla artística y restauración: el retablo barroco del presbiterio de la Real Basílica de la Vera Cruz, siendo Hermano Mayor Antonio Caparrós Bravo. Tronos para la Semana Santa de Abenjibre (Albacete), Cehegín y Aspe (Alicante). Tronos también para nuestras cofradías de S. Santa (Coloraos, Azules y El Silencio), y el cuerpo de la venerada imagen de Ntro. P. Jesús de la ermita de Santa Elena. Cuatro faroles a manera de fanales para un trono de Abarán y multitud de trabajos artísticos, como el bargueño de la ilustración, de propiedad particular, los símbolos basilicales del Castillo, el Crucifijo del tabernáculo del presbiterio del mismo lugar, y tantos otros trabajos que, desinteresadamente, ha llevado a cabo para Caravaca y la Stma. Cruz.