GLORIA LÓPEZ

Atinamos cuando decidimos poner el grupo de lectura los viernes a las 20 horas. Ya se ha pasado la semana, hemos dejado atrás los horarios, las carreras y las preocupaciones y en esa hora mágica que cae el día y deja paso a la noche nos sentamos, tranquilamente, en corro a desgranar los capítulos de ese libro que llevamos entre todas a medias. Un olivo entre trigales» de Ángeles Castillo Caballero.

Nos sentamos, como esta semana nos leyó en los ojos nuestra invitada de honor, sin otra pretensión que deshacer los nudos del corazón, esos que se nos van formando de enredarnos con la vida y con muerte y que solo es posible cortarlos durante esos momentos mágicos.
Así nos encontró este pasado viernes nuestra ahora nueva amiga, María Ángeles Ibernón (escritora y editora). La sorpresa que tanto nos había anunciado Juani, nuestra librera favorita, entró soplando como el viento en las esquinas, con fuerza, con alegría, rubia como las candelas y tantas ganas de conocernos como nosotras a ella.
Sabíamos lo básico: ceheginera y cincuanteña, aprendimos lo esencial: que hasta en la muerte hay vida. Sin guión, por mucho que se lo eche en cara su marido, nos contó los nudos de su vida: la muerte de su madre, de su padre y de su hermana de la misma enfermedad, la misma que hoy golpea al hermano que le queda vivo y su lucha contra ella a través de los libros que escribe (los beneficios van íntegros a distintas obras sociales contra el cáncer o el hambre). Nos contó que cada cual tiene su forma de superarlos, que no siempre es la misma ni de la misma manera, que ella tuvo tiempos de todos y que la felicidad de hoy está llena de tristeza del pasado, solo hay que tener tiempo para tejerla.
Un tiempo precioso que nos regaló, sabiendo que es lo único que no se recupera, y que desde aquí quiero agradecerle.
Y así acabamos la semana y nuestro pequeño espacio de lectura otro viernes más: leyendo párrafos de su último libro “Diario de una cincuanteña”

“He aprendido a quererme a mí misma,
jamás tendré miedo a la soledad.
Ahora soy como un espacio abierto
donde diariamente me visto de vida”
M Angeles Ibernón.