José Antonio Melgares Guerrero/Cronista Oficial de la región de Murcia, de Caravaca y de la Vera Cruz.

Con el sobrenombre cariñoso por el que se les conoce en Caravaca, son ya cinco las generaciones que responden al mismo, sin que hayamos podido averiguar su origen de manera consistente. Una saga que se prolonga hasta nuestros días, cuyos componentes se han distinguido como buenos barberos y mejores carpinteros, habiendo sido la mayor parte de ellos excelentes futbolistas, el más famoso de ellos Miguel Ángel, orgullo de nuestra generación.

El primer Mista conocido fue Manuel, barbero en la Cuesta del Castillo. Su hijo Antonio, también barbero, se estableció primeramente en el comienzo de la C. Mayor, entre los establecimientos de Nieto y los Jiménez, haciéndolo después en la C. Nueva. Uno de sus hijos fue Manuel (los otros: Joaquín, Antonio y Cruz), quien tuvo carpintería en la Cuesta de D. Álvaro y luego en la Canalica.

Manuel Ferrer-Egea Zomeño casó en primeras numpciás con Julia Berbel, con quien trajo al mundo cinco hijos: Manuel el Calderilla, Juan, Antonio, José y Dolores. Y en segundas con Cruz Sánchez Navarro, sumando a su ya extensa prole otros tres hijos: Joaquina, Francisco y Cruz. De todos ellos se dedicaron a la carpintería Juan, Antonio y Francisco. Juan contrajo matrimonio con María Sierra Marín, estableciendo el domicilio familiar en el número uno de la C. Olivericas, donde abrió carpintería en el bajo, y la vivienda familiar en la planta primera, donde llegaron al mundo sus cuatro hijos: Manuel, Esteban (que falleció prematuramente), Emilio y Mari Carmen, quienes forman parte de nuestra actual generación y con quienes ha concluido la actividad carpintera familiar.

Juan Ferrer-Egea, que desde Olivericas trasladó con el tiempo el taller a la C. de Las Monjas (junto a la Casa de la Cruz), simultaneó el trabajo en el taller con el de tramoyista en el Gran Teatro Cinema, de manera eventual, cuando las compañías de teatro que por allí pasaban necesitaban de sus servicios para crear espacios efímeros, montaje de decorados etc. Así mismo ayudaba a su colega de oficio Juan Firlaque en el montaje y desmontaje de las casetas de feria que el Ayuntamiento instalaba en la Pl. del Arco y la Gran Vía durante las Fiesta de la Cruz y la Feria de octubre, hasta los primeros años sesenta del pasado siglo.

La carpintería de la C. de Las Monjas era un espacio de cuarenta metros cuadrados, propio de la familia Alcaina, por el que comenzó pagando 15 pts. mensuales de alquiler, que luego compró a aquella en 200.000 pts. La compra posibilitó la ampliación a un patio trasero, con lo que el espacio utilizable aumentó hasta los 200 metros, completándolo con un almacén en El Porche.

Juan falleció a los 61 años, antes de la fecha de jubilación, permaneciendo como dueños del negocio desde entonces, primero su hijo Manuel y más tarde incorporándose al mismo su otro hijo Emilio, quienes lo ampliaron y trasladaron con el tiempo al paraje de El Jardinico donde uno y otro concluyeron recientemente su vida laboral, traspasando el negocio a Pedro El Brillantes, quien en recuerdo de la familia Mista, lo ha puesto bajo el nombre comercial Pedro Mista 3.

Tanto a Juan como a sus hijos Manuel y Emilio, la materia prima les llegaba desde almacenes de Murcia: Cano Molina, Rosagro y Martigal, hasta que Beteta abrió el primer almacén de madera en Caravaca.

Los hijos de Juan: Manuel y Emilio, en cuyas manos el negocio pasó por los nombres comerciales: Manuel y Emilio Ferrer Sierra y finalmente Carpintería Mista, han trabajado fundamentalmente a los constructores locales como Caracol, Iniesta y Soler, Montalbán y Munagar entre otros, como antes lo hicieron con albañiles locales como Narciso y Antonio Rabadán con anterioridad al “boom” de la construcción, actividad ya en el apartado del recuerdo. Antes de la actividad inmobiliaria trabajaron a particulares en mobiliario doméstico, portieles o galerías, losas para lavar, cantareras, celemines, artesas, marcos de puertas y ventanas, remiendos de puertas; arreglo y fabricación de bancos de alpargatero, telares para tejer (sobre todo al Tío Amarillo y Felipe de Archivel), y un largo etcétera en actividad totalmente artesana.

Entre sus trabajos extraordinarios hay que recordar la fabricación de “futbolines” de alta gama (Futbolines Mista), en los pasados años ochenta, que vendían a una empresa de Barcelona que se encargaba de su distribución por toda España. También hicieron nuevo, y desinteresadamente, el yugo de la Campana Mayor de la torre del Salvador, en 1999. La puerta de acceso al Museo del Castillo, trabajo encargado por Pedro Campos Orrico siendo Hermano Mayor, por el que percibieron 500.000 pts. La balaustrada del coro de la Basílica. La obra de madera de la restauración de la parroquia del Salvador, San Francisco y el convento e iglesia del Carmen. La Residencia de Ancianos del Camino de Mairena y la cúpula de la antigua iglesia de la Compañía, incluida la sustitución de la vieja base de la veleta, en la que trabajaron lo suyo.

Durante el ya citado “boom” inmobiliario con que terminó el S. XX y comenzó el XXI, no sólo trabajaron en Caravaca, donde construían más de tres mil puertas al año, sino en Nerpio, El Palmar y Murcia, lugares en los que hicieron cientos de cocinas.

Entre los operarios que han trabajado con Manuel y Emilio hay que mencionar, entre otros, a Paco el Morote (quien lo hizo a su lado más de cuarenta años), Raimundo Morote, Antonio el Calcuto, Manolo el Chisme, Sebastián (de Cehegín) y Ramón, además de decenas de montadores eventuales cuando se acumulaban los encargos.

Recuerdan haber trabajado con su padre madera procedente del Pinar del Duque, y ya en solitario con madera gallega y de Suecia, que es la que actualmente se usa, ya que la única madera española en la actualidad procede de los pinares de Soria, sirviendo la de nuestros montes, cuando la había, solo para conglomerados.

Así mismo recuerdan que la primera maquinaria que utilizaron fue una cepilladora que costó 22.000 pts y luego una sierra mecánica para cuya adquisición tuvieron que contar con el correspondiente aval bancario. Las últimas máquinas adquiridas fueron una retectadora, una moldurera y una tupi.

Los Mistas siempre se llevaron muy bien con sus colegas de profesión, entre ellos los Zarco, los Firlaque y Agustín Llanas, así como con las otras cuatro carpinterías con las que llegaron a coincidir en El Porche: Salvador el Tallista, el Perla, Salvador el Pomento y el Marca, además de las fábricas de Baúles de Moreno Martos y Jesús.

En nuestros días, el recuerdo de Los Mistas huele a madera recién cortada, sabe a aserrín y se vincula al sonido de la sierra mecánica. Y también a la honradez profesional y a la calidad y cantidad de su trabajo. Por todo ello, también el sobrenombre cariñoso por el que siempre fueron conocidos, merece figurar en la amplia lista de los recordados por la historia reciente.