José Antonio Melgares Guerrero/Cronista Oficial de Caravaca y de la Vera Cruz.

Si nos remontamos a sus más lejanos orígenes diré que los Juegos Florales comenzaron a celebrarse en la antigua Roma, hacia el 173 a. de Cristo, teniendo lugar cada año, entre el 28 de abril y el 3 de mayo en honor a la diosa Flora. En España comenzaron a celebrarse en su moderna configuración a mitad del S. XIX en Barcelona y Valencia en el seno de la intelectualidad y la política local, generalizándose en todo el país durante los primeros años del S. XX y teniendo su mayor esplendor durante el Modernismo Literario que en España y la región de Murcia se prolongó hasta bien entrados los años veinte. La celebración de dichas justas poéticas estaba sujeta a una estricta normativa y era una exaltación de la belleza en general, representada por la literatura, la mujer y las flores. Protagonistas de los mismos eran una reina con su corte de honor, elegida entre lo más selecto de la sociedad local; el mantenedor u orador elocuente que, en un cuidado discurso se refería a la belleza en términos generales, y el elenco de poemas presentados al certamen, entre los que se premiaba uno de ellos con premio denominado Flor Natural  y otros con carácter de accesits. A veces, la Flor Natural tenía dotación económica, así como los accesits, sin embargo el premio era más simbólico que material.

Aurea Marín-Espinosa, el Hermano Mayor y García Sanchís

Aurea Marín-Espinosa, el Hermano Mayor y García Sanchís

En Caravaca tenemos noticia de su celebración a lo largo de los años veinte del pasado siglo (de lo cual dio cumplida y detallada información mi amigo el arquitecto José Alberto Sáez de Haro, en la Revista de Fiestas de la Cruz 2010), siempre en el marco temporal de la primavera y Fiestas de la Stma. Cruz, organizados por la Comisión de Festejos de su Real e Ilustre Cofradía; con mantenedores de tronío como el abogado albaceteño Antonio Gotor (1923), el canónigo madrileño Diego Tortosa (1927) o el abogado del Estado Federico Salmón (1929).

Juegos Florales de 1923

Juegos Florales de 1923

El período de la II República y la Guerra Civil supuso un parón en todo, y también en la celebración de los Juegos Florales caravaqueños, que volvieron a celebrarse de manera puntual en 1943, siendo Hermano Mayor José Luís Gómez Martínez, en que actuó como mantenedor Eugenio D´Ors, y posteriormente en 1950 y 1951 siéndolo el médico oftalmólogo Miguel Robles Sánchez-Cortés y actuando de mantenedores el académico de la Lengua Federico García Sanchís y el comediógrafo y escritor Luís Fernando Álvarez Pérez-Miravete (Arturo Rigel) respectivamente. Intuyo que en 1951 fue la última ocasión de su celebración, siendo desplazados por La Retreta, más del gusto y la participación popular, en la tarde del cuatro de mayo.

Los Juegos comenzaban cuando, meses antes de su celebración, eran convocados a través de los medios de comunicación, para el general conocimiento de poetas y prosistas que desearan participar. La Comisión de Festejos de la Cofradía de la Cruz elegía a la Reina y ésta, a su vez, a las damas que compondrían su corte de honor. En 1950 fue elegida Aurea Marín-Espinosa Guerrero, hija del comerciante de tejidos Sebastián Marín-Espinosa Jiménez (de la desaparecida Tienda de los Jiménez, en la C. Mayor), quien eligió como damas a amigas y compañeras del Colegio de las Monjas de la Consolación como Dora Navarro, Conchita López, Manola García Guirao, Tere Molina, Cruz Muñoz Marsilla y Loli López Battú. Como pajes a Amancio Robles Musso, María oliva y Luís Martínez Carrasco, y como acompañantes masculinos a Carlos Melgarejo, Joaquín Sánchez-Guerrero, Juanito Moreno, Francisco Albarracín, Alvaro Moreno y Pedro López Augüy.

Juegos florales de 1943

Juegos florales de 1943

La reina, en consenso con sus damas, establecía un modelo de vestido de fiesta, que luego se interpretaba por la modista que lo fabricaba, siempre blanco y largo; mientras que los acompañantes vestían riguroso esmokin negro. Las modistas y sastres locales eran los encargados de la hechura, aquellas desplazándose al domicilio de la clienta, donde establecían taller provisional durante el tiempo necesario, y éstos en sus propias sastrerías. Entre las modistas más afamadas de la época: Maravillas Morenilla, Antonia la del Longuiy Carmen Romera entre otras; y entre los sastres: Antonio el Modisto yAmadeo, José Manuel, Antonio y Eduardo Caparrós, también entre otros.

Días antes del festejo todos los participantes en el mismo ensayaban en el Gran Teatro Cinema, y antes en el Thuillier, los movimientos a realizar como la entrada, acceso al escenario y colocación en el mismo; y el día de la celebración, reunidos todos en el halle del coliseo, y colocado el público en sus respectivas localidades del patio de butacas, plateas y anfiteatros, se hacía la entrada solemnemente por el pasillo central y se accedía al escenario mientras María Rodríguez, “la del maestro de Música”, interpretaba canciones de moda en el piano del Teatro.

Colocadas la Reina y damas con sus pajes y acompañantes en el escenario, se hacían públicos los trabajos literarios ganadores, y el que entre todos merecía la denominada Flor Natural, se leían algunos de ellos y el Mantenedor pronunciaba su discurso que suponía el plato fuerte del espectáculo. Al terminar, en los salones del Círculo Mercantil tenía lugar el denominado Baile de las Flores. Días después, en ambiente más distendido y ya sin extraños, tenía lugar una merienda que, en 1950, se celebró también en el Círculo, en la que cada una de las damas aportó un plato diferente.

El ganador de la Flor Natural en 1950 fue el canónigo Magistral de la Catedral de Zamora Rvdo. Francisco Romero, quien declinó su derecho a llevar a la Reina de su brazo en el acto, por su condición de clérigo, en la persona del novio de aquella, el valenciano Francisco Albarracín Raga, gesto que a todos dejó satisfechos. Con tal motivo el citado Magistral dedicó un poema en madrigal a la reina Aurita Marín-Espinosa, que reproduzco a continuación por su calidad literaria y caravaqueñismo de puro arraigo, el cual fue publicado en la Revista de Fiestas de 1951.

Participantes en los Juegos florales de 1950

Participantes en los Juegos florales de 1950

Antes de concluir diré que el poeta y Cronista local D. Manuel Guerrero Torres se hizo acreedor de múltiples flores naturales  en Juegos Florales celebrados en España y América, y que este tipo de festejo, culto y de altura intelectual, se ha venido celebrando con posterioridad, puntualmente, en lugares de la región de Murcia como Cartagena e incluso en la propia Capital, donde tuve el honor de mantener la edición de unos de ellos, organizados por una peña huertana, en 1980.

El poema dedicado a Aurita Marín-Espinosa, en 1950  se titulaAsí naciste y dice: Una noche de amor bajó una estrella,/ y en su camino se encontró una Cruz;/ al ver la Cruz, se enamoró de ella,/ y la envolvió en los brazos de su luz./ La Cruz desde aquel día en que se amaron /sobre un viejo castillo se destaca…/ Una noche en el cielo se besaron/ y nació una mujer en Caravaca./ Fuiste tú esa mujer. Luego has crecido/ junto al viejo Castillo pura y bella;/ ¿Cómo no vas a serlo si has nacido/ del beso de una Cruz con una estrella?