PASCUAL GARCÍA

Regresa el escritor Rubén Castillo, nacido en Blanca pero de aliento universal, al género de la novela, que ha sido desde su primera obra el género predilecto de un narrador minucioso, preocupado por el estilo terso y rico, muchas veces poético y profundo siempre, cuyos principales intereses literarios han sido el ser humano, envuelto en circunstancias límite que lo obligaban a comportarse de un modo excepcional y cuyas manifestaciones verbales se iban convirtiendo en las páginas de Rubén Castillo en la revelación del alma humana, del pánico ante el vértigo existencial de cada día, de la crónica del fracaso anunciado del hombre con el que nos cruzamos de una manera habitual en la calle sin que reparemos en los signos evidentes de su tragedia íntima.

Los días humillados

Esta novela relata las horas tensas y dramáticas de un secuestro, el enfrentamiento verbal y psicológico de un etarra y de un empresario por el que sus captores han pedido un rescate que no sabemos si llegará a tiempo, ni siquiera en la última página, porque la perspectiva de nuestro novelista es la de la lucha continua de argumentos entre dos bandos y dos maneras de entender el problema vasco: la violencia y la construcción de riqueza, el resentimiento y el valor de resistir a cualquier precio: “Aquí cabemos los que cabemos. Y somos quienes somos. Y como a vosotros no os ha salido de los cojones entenderlo (pues era más fácil ponerse una venda en los ojos), tenemos que andar unos cuantos pegando tiros, para que el río vuelva a su cauce natural y sea lo que siempre fue: agua vasca regando tierras vascas.”

Bajo la tensa dialéctica de los asesinos, representados por dos de los terroristas, Julen y Patxi, y  de la víctima, José María o Txema, encerrados en el agujero del secuestro, sometidos a la espera intensa de la resolución final, que dependerá del pago del rescate, la obra discurre como una suerte de combate argumentativo, en el que no faltan todos los presupuestos del nacionalismo radical, de la lucha armada, de los acontecimientos más sobresalientes  de la existencia de ETA durante las últimas décadas, que al autor, con una documentación importante pero casi invisible, pone en boca de sus criaturas para contextualizar la fábula, aunque lo significativo de la misma sea la contienda personal, verbal, anímica y humana de las criaturas novelescas que Rubén Castillo construye a modo de monólogos y diálogos, donde los personajes lo cuentan todo y se cuentan a sí mismos sin renunciar al necesario suspense del desenlace, con esa última finta magistral que el autor propone a modo de elipse, porque el relato ha cabalgado fluido, significativo y cautivador a lo largo de todo el libro: “Esto sí es una guerra, joder, a ver cuándo os da la gana de entenderlo, Txema. Una guerra, coño. Y en las guerras se toma partido”.

Una obra como ésta cuenta asimismo los avatares de una guerra honda y recóndita en la que los personajes somos a veces también nosotros, el ser humano en general defendiendo un puñado de ideas  con la violencia y el mal o resistiendo a la humillación más absoluta del encierro y de la vileza asesina, temas eternos de la literatura y del arte que Rubén Castillo nos trae en este relato escueto, brillante y directo como el proyectil de un arma asesina. Mi enhorabuena una vez más.

AUTOR: RUBÉN CASTILLO

EDITORIAL: MURCIALIBRO