José Antonio Melgares Guerrero/Cronista Oficial de Caravaca y de la Vera Cruz.

Tras el popular y cariñoso sobrenombre por el que son conocidos los miembros de tres generaciones de fabricantes de calzado en la ciudad, permanece oculto, precisamente en la tercera de ellas, uno de los más ilustres apellidos españoles, relacionado con los nietos del rey Alfonso X el Sabio: los Infantes de la Cerda, hijos de su primogénito Fernando, uno de los cuales fue el primero en ostentar el actual ducado de Medinaceli.

J.F. Rocamora y Maravillas. 1940

J.F. Rocamora y Maravillas. 1940

Todo lo dicho hasta aquí se pierde en el tiempo transcurrido, pues para tratar de ellos hay que remontarse al S. XIII, por lo que me centraré en el pasado próximo y en el presente actual, en que los sucesores de José Fernández García han mantenido a lo largo de todo el S. XX el testigo de la industria alpargatera local, siendo de los pocos que han superado las diferentes crisis por las que ha atravesado el sector.

El primer Cuchara conocido fue el ya citado José Fernández García, desconociéndose el origen y razón de ser del sobrenombre, quien aunque sus antecedentes laborales estuvieron vinculados a la venta de turrón de manera ambulante en ferias y pueblos de la Región, se arriesgó, con pocos medios y mucha ilusión, a montar una fábrica de alpargatas en la C. Larga, frente a la fuente pública, en lugar donde compartió vecindad con otros empresarios alpargateros como El Firma, Velázquez, Agustín, los Pozo, Juan Pérez y otros.

Casó con Carmen Rocamora Sánchez-Cortés y juntos trajeron al mundo diez hijos, de los que sobrevivieron siete (José, Antonio, Manuel, Cristóbal, Ana, Concha y Carmen). El primero de ellos: José Fernández Rocamora, a quien consideramos el segundo Cuchara, contrajo matrimonio a su vez, con Maravillas de la Cerda, procreando entre ambos a José, Esteban, Mari Carmen y Cristóbal, que son quienes han introducido la saga de los Cucharasen el S. XXI.

Fallecido el primer Cuchara en 1951, se hicieron cargo de la empresa sus hijos, aunque inicialmente quien llevó las riendas del negocio fue Carmen, la cual dio su apellido ROCAMORA a la marca empresarial. El primogénito, José, junto a sus hermanos Manolo y Antonio, llevaron el grueso del negocio, tanto en el proceso de fabricación como en la contabilidad y en la venta del producto como viajantes, ofreciendo su mercancía en Andalucía, Extremadura y las dos Castillas fundamentalmente, hasta donde llegaba a través de la RENFE. Aunque el trabajo de los tres no estuvo nunca muy definido, Antonio dirigía el corte y colaboraba en la oficina, Manolo era el contable y viajaba y José se encargaba de la coordinación general.

El trabajo, en los años 50 y primeros sesenta se llevaba a cabo tanto en el interior de la fábrica como en la calle. Dentro trabajaban 12 ó 15 personas entre urdidores, cortadores y maquinistas; mientras que en la calle lo hacían cientos, entre hombres y mujeres quienes trabajaban a destajo. Por las tardes los trabajadores externos, conocidos como alpargateros y alpargateras, entregaban la tarea y recogían la del día siguiente, en el acto conocido como la entrega, a hora en que las calles se llenaban de gente que iba y venía camino de esa y otras fábricas de alpargatas.

El proceso de fabricación que tanto trabajo dio a las clases populares locales comenzaba con el hilado de la fibra del cáñamo, proseguía con el urdido de la soga, formando la suela, luego se cosía ésta y se unía a la lona (tareas éstas últimas que se hacían a destajo, fuera de la fábrica).

Entre los hiladores que trabajaron para los Cuchara se recuerda al Carambillo y al Albaricoque entre otros. Entre los urdidores a Jesús el Chispas, José Manuel Rocamora y Mateo el Guitarrero. Entre quienes se ocupaban del cosido a Pepe el Chispas, Antonio el Atocha, Juan Antonio el Pay, Francisco el Viudo y el Papa Gori. Enseñando a hacer pares estuvieron Isabel Sánchez-Cortés, María y Rosa entre otras.

Entre los clientes se recuerdan como muy importantes, durante los primeros años cincuenta, a Genaro Antóny Jusepo, de Elche; a José Luís Álvarez y Alfonso Jiménez Varela, de Sevilla. Novo 1 y Novo 2, Antonio Vidal Fraile y Margarita Rodríguez de Madrid, y Guiory Catalana Central de Calzados, en Barcelona. Entre los proveedores de material a las empresas: Cometel, Artesa y Comercial Lonera, de Elche y Segovia Textil, de Elda. Como proveedor de colas a Insoco y entre los representantes de lonas en la ciudad a Paco el Brigada, Guillermo Elum y Pepe Pastor, entre otros.

A mitad de la década de los cincuenta comenzó la crisis del cáñamo por la competencia del vulcanizado (suela de goma o caucho), en la que fueron pioneros los fabricantes de Elche y Elda. Esto hundió prácticamente la industria alpargatera de Caravaca, con el consiguiente bajón de la economía local. Una comisión de fabricantes locales visitó al entonces Ministro de Trabajo José Antonio Girón de Velasco en solicitud de ayuda, pero éste no les ofreció otra solución que la reconversión del sector y la respuesta adecuada a la demanda de los mercados.

Algunas empresas sobrevivieron, entre ellas los Cuchara y también el Firma, los Tubos y Manuel Campos Magán, incorporándose al vulcanizado. Otros languidecieron como Coscorrones, los Marranas, Ignacio Velázquez y Pablo Coriana.

Tras unos años malos se produjo un repunte en el mercado en la década de los ochenta gracias al vulcanizado, y en los noventa gracias al yute. Se adquiría la goma para el vulcanizado en bolas que proporcionaba un representante de Monteagudo, realizándose la plantilla a máquina, con incorporación de borra en talón y puntera, y con horma de aluminio se unía la suela al paño, lona o piqué (en el calzado de verano). Posteriormente el mercado chino empeoró la situación, salvándose únicamente quienes se han subido al tren de la fabricación oriental.

La tercera generación de Cucharas. 1970

La tercera generación de Cucharas. 1970

Al jubilarse la segunda generación de Cucharas (José, Manolo y Antonio), se hicieron cargo de la empresa los hijos del primero: Pepe y Esteban, quienes en 1992 abandonaron laC. Larga al quedarse pequeña la vieja fábrica, cuando se produjo la reconversión de la empresa. El repunte del yute les exigió mayores dimensiones de espacio, e instalaron la nueva fábrica en el paraje de Las Minas, cercano al cementerio municipal.

José Fernández falleció, con noventa años, en diciembre de 2008 habiendo visto y disfrutado de los nuevos vientos que animaban la empresa; y muy feliz ante la perspectiva de futuro que ofrecía la misma con la incorporación de una nueva generación, la cuarta ya, representada en la persona de su nieto José Javier Fernández López.