JESÚS LÓPEZ

La “Comarca del Noroeste” es la suma de cinco municipios que, sin constituir un espacio uniforme, comparten una serie de características naturales y humanas, pero también tienen rasgos diferenciales que la hacen heterogénea y variada desde el punto de vista geográfico. Por ello, se hace difícil hacer un somero análisis de su evolución en los últimos veinte años sin incurrir en los defectos propios de las evaluaciones demasiado sintéticas.

Vista de Cehegín

Vista de Cehegín

Cierto es que en su globalidad la comarca ha crecido en población, pasando de 64.000 a 70.000 habitantes en los últimos veinte años, pero ello esconde importantes matices. Por municipios, el único que pierde población es Moratalla, que se situó por debajo de los 10.000 habitantes al final de la década de los setenta y no ha vuelto a superar esa cifra. El que más crece es Caravaca, con un 17%, estando los demás en torno al 10%. Este crecimiento, con ser moderado, se encuentra por debajo de la media de la Región de Murcia, que fue, para el mismo periodo, del 33%.

En estas dos décadas no ha habido demasiados cambios en la distribución interna de la población, que se concentra en el 10% del territorio. 60.000 de los 70.000 habitantes residen en una pequeña porción del mismo, el que queda enmarcado por las cinco cabeceras municipales, unos 270 Km2 de los 2.400 Km2 que tiene la comarca. Obviamente ese espacio absorbe todos los flujos demográficos y económicos. Este fenómeno de concentración es similar al producido en el conjunto de España a partir de la década de los años sesenta del siglo XX, que marca el paulatino final del mundo rural, en el sentido tradicional del término.

Sin embargo, tampoco el proceso de concentración de la población en las cabeceras municipales es homogéneo. Algunos de las entidades menores (partidos rurales o pedanías) mantienen un cierto pulso, como es el caso de la vega del Argos en Calasparra-Cehegín -Valentín, Canara, Campillo de los Jiménez- o algunas de las pedanías de Caravaca –Navares, Archivel, Barranda, especialmente-.

El contraste de los paisajes urbanos señalados frente a los espacios serranos y campos de vocación cerealista de Moratalla y Caravaca es muy notable. La despoblación de estos territorios, cuyo rasgo común  es la altitud -por encima de 1.000 m.s.n.m- y la alternancia entre cuencas, valles y sierras abruptas, se produjo en la década de los setenta y se mantiene como una foto fija desde entonces.

No obstante, si tenemos que destacar algún fenómeno en la evolución del paisaje geográfico en las dos últimas décadas es el cambio en el poblamiento; habiéndose modificado el hábitat notablemente y en especial los patrones de asentamiento de la población.

Los núcleos compactos han experimentado crecimientos ligeros o moderados, según el caso. Igualmente, todos los núcleos han crecido “hacia dentro”, ocupando espacios vacíos que dejaron los desarrollos de final del siglo XX,  incluso en los núcleos históricos. También ha habido ampliaciones de los núcleos compactos mediante planes parciales, incluyendo crecimientos en las periferias, pero sin llegar a los niveles de otros lugares de la región y del levante español. Es cierto que en algunos casos, como el de Caravaca, el planeamiento aprobado en 2004/2006 incluyó polémicas macrourbanizaciones, pero éstas no se llegaron a realizar, aunque siguen figurando en el mismo.

Pero a nivel paisajístico, sin duda, lo más relevante es la ocupación urbanística de las huertas que rodean a los núcleos de población, las cuales han pasado de ser un espacio rural a convertirse en un espacio de rasgos suburbanos. Si comparamos las fotos aéreas de 1997 y 2017 observamos cambios de gran calibre, aunque el contraste más intenso lo encontramos si retrocedemos al vuelo de 1981 y especialmente al de 1956.  La dedicación exclusivamente agraria de aquellas huertas limpias de construcciones ha dejado paso a una notable diversidad de usos, dominando el residencial y el de ocio. Los campos de regadío arbolados, o los de vocación hortícola, o los sistemas promiscuos, se han abandonado en unos casos, y en otros se han mezclado o alternado con construcciones para vivienda habitual o de recreo e instalaciones vinculadas a ello (piscinas, chalets, instalaciones deportivas, jardines privados, equitación…). También se han ubicado algunas instalaciones de ganadería intensiva e incluso naves industriales. Este fenómeno también se está produciendo de manera incipiente en torno a las entidades menores de población de los distintos municipios.

Igualmente la red de tradicional de caminos y carreteras ha experimentado cambios, en respuesta a las nuevas necesidades. Lo más notable, desde luego, desde 1997, es la huella paisajística de la autovía del Noroeste,  pero también se ha hecho más densa la red de caminos asfaltados, incluso nuevos trazados o variantes en algunas poblaciones.

También los polígonos industriales han experimentado cambios. Algunos se han colmatado o ampliado, como el de Cavila en Caravaca o Marimingo en Bullas y aparecen otros nuevos en los municipios de Calasparra, Cehegín y Moratalla.

Finalmente, se han producido otros cambios notables en el paisaje, en especial la irrupción de la agricultura intensiva que ha sustituido tierras de secano por regadío, generando una notable controversia social. Precisamente fue en la década de los noventa cuando se inició ese proceso y está teniendo continuidad en la actualidad.

Así pues, se puede decir que la imagen, el paisaje geográfico, de nuestra comarca ha cambiado de forma notable por la acción del hombre, acelerando lo que ya venía apuntándose desde los años setenta del pasado siglo.