JOSÉ CLEMENTE RUBIO GARCÍA

«Mira, mira, mira, mira,
mira si soy barrandero,
que en la Venta de Cavila,
me considero extranjero.»
Desde que por primera vez escuché cCuatro generaciones tocando la misma músicaantar esta copla a Juan «el Banana», empecé a comprender a estas personas que viven en este pueblo de unos novecientos habitantes y que forma parte del municipio de Caravaca de la Cruz.
Hablar de Barranda es hablar de música, de fiesta, de cultura, de gente culta que ama a su tierra, a su pueblo, pero con una mentalidad abierta al mundo y que lo distingue y caracteriza por su capacidad de acoger a toda persona capaz de entender la belleza que se desprende del saber estar, respetar y aplaudir todo lo que sea sincero y se haga con buena voluntad.
Barranda rezuma sapiencia. No podemos olvidar sus Veladas Culturales que cada mes de agosto nos regalan, esa Luna que tanto brilla por el verano, ese Museo de Música ganado a pulso y que es uno de los más visitados de la Región de Murcia. Es hablar de la Candelaria y de La Fiesta de las Cuadrillas, festejo que es capaz de reunir, con un mismo motivo de divertimento, a cuatro o más generaciones que vibran al ritmo que marcan las distintas Cuadrillas de Animeros, Rondas, etc. y que prácticamente invaden todas las calles con sus músicas y sus bailes. Es el mayor festejo de estas característica en todo el Sureste Español y, yo me atrevería a asegurar, de los más punteros de todo el Estado.
Hoy no venimos a hablar de todo eso que hemos señalado anteriormente, sino de un grupo de personas que tiene mucho que decir sobre esos tema, pero que vamos a conocerlas un poco mejor en su día a día y que se trata de Los Aguilanderos de Barranda.
Los Aguilanderos son una pieza eCuadrilla a finales de los 50sencial y que queremos unir al rico mosaico que estamos montando sobre el mundo cuadrillero del noroeste murciano.
Nos reciben en su local hombres de muy distintas edades pero con un común denominador: la música tradicional de su pueblo. El escritor Antonio Rodríguez Almodóvar, en la última Fiesta de las Cuadrillas, me decía que se maravillaba de ver como personas de tan diferentes edades se unían y compartían un sentir y divertimento común y, todo ello, en un mismo momento y espacio, sin interrumpirse pero complementándose.
A nuestras espalda un armario repleto de recuerdos de las numerosas actuaciones, participaciones en fiestas, certámenes, juntas, festivales, etc. y alrededor de una mesa nos juntamos personas pertenecientes a cuatro generaciones en edad de músicos y que les une la música tradicional y que en todas ellas ha sido un legado que le han dejado sus mayores y que, con sumo orgullo, transmiten a los más jóvenes y de forma oral.
El tiempo pasa de forma rápida y entre conversación y conversación siempre surge alguna jota y alguna que otra malagueña que hace que se ambiente la conversación..
Antonio Lorente es el mayor de las personas que nos reunimos y nos cuenta como por aquellos años de la primera mitad del siglo pasado, iban de cortijo en cortijo, y no sabían si era de noche o de día, y cuando llegaban de nuevo a sus casas, con las zapatillas ya rotas de tanto andar y disfrutar con los bailes y la música, se acostaban y no había forma de dejar la cama. Nos cuenta que siempre eran los mismos músicos los que salían, aunque a veces llamaban a alguna persona que los acompañaran y que tenían especial gracia para realizar lo que llamaban «juegos de cuadra» y que eran pequeñas escenificaciones, siempre un tanto picarescas, sobre la realidad que se vivía en aquellos tiempos.
Antonio nos dice que él fue aprendiendo de sus mayores a tocar la guitarra, ya que como le gustaba, cada vez que podía la cogía y poco a poco se «iba arrimando a los músicos» hasta que fue uno de ellos. Recuerda a Esteban «el Romeral» que le ayudó y enseñó mucho. También salen en la conversación nombres de otros músicos mas antiguos, como son Antón Carrasca y el «tío Candilejas.
Nos cuenta que siempre eran bien recibidos por las casas y que al saludo/pregunta de «¿se canta o se reza?» , la familia los acogía y les agasajaban con algunos dulces o bebida y siempre le daban una limosna que puntualmente, por parte del Mayordomo, se le entregaba a la parroquia para la celebración de misas en sufragio por los familiares fallecidos.
En Barranda no se tiene constancia de que se constituyera Hermandad de Ánimas, pero siempre estuvieron los músicos, que como grupo organizado era «contratado» por la Parroquia para el tema de los «bailes de pujas» y «pedimenta» por los cortijos y casas de Barranda, con el fin de recaudar fondos. Cosa curiosa, nos cuentan, que el cura nunca intervenía, sino que era el Mayordomo el que hacía de intermediario entra la iglesia y los músicos. Los músicos nunca cobraban nada, Antonio Lorenteo máximo era que le compraban unas zapatillas y los gastos que ocasionaban y alguna vez podían darle algún dinerillo, ya que las comidas y hospedaje (cuando se dormía fuera de casa) normalmente eran acogidos por el vecindario. Esta costumbre se desarrollo así hasta los años cincuenta del siglo pasado.
En la actualidad, los músicos lo hacen sin ningún tipo de contraprestación económica y los organizadores invitan a las Cuadrillas y cubren sus gastos y si sobrara algo de dinero queda para sufragar los gastos de la propia Cuadrilla.
Blas Marín Pérez es de la siguiente generación y en esos años de la década de los, sesenta, setenta y ochenta, la actividad era muy intensa y más cuando se colaboraba de forma decisiva en la recaudación de dinero para sufragar los gastos de la construcción de la nueva iglesia del pueblo, que fue realizada con el esfuerzo de todos y cada uno de los vecinos, los cuales, de forma generosa ofrecían peonadas para su construcción y los materiales eran comprados por las mil y una forma que se ideaban para conseguir dinero y una de las más empleadas fueron los bailes de puja que realizaban Los Aguilanderos.
Por aquel entonces, hubo un «maestro» que enseñaba a los jóvenes a tocar el laúd y la guitarra, era Manuel Torrecillas, alias «Mocolindo» y que lo hacía a cambio de que cada aprendiz le hiciera un trabajo en el campo, como hacer agujeros para plantar árboles, o cualquier otra actividad.
La percusión siempre, y ahora también, se hacía de oído y con la práctica, consiguiendo buenos percusionistas.
Para afinar los instrumentos era uno el que marcaba la nota y los demás lo seguían. Normalmente era una persona con unas cualidades excepcionales para la música, recordando en especial a Pedro Borbón y Juan Botía «el Yescas». Más tarde se usó el diapasón para llegar al afinador a principios del dos mil.
A partir de los años noventa del siglo pasado se organizó lo que se denomina Escuela de Música y sigue su ritmo hasta los días actuales, garantizando así la continuidad de la Cuadrilla.
Lo importante es ver como los niños y niñas, viven esta música, ya que acompañan a sus padres y así van interiorizando todo lo que es la música y sus rituales.
Esa llamada tercera generación, formada, entre otros, por Juan «el Banana», Tomás «el Zorro», Juan Fernández, Andrés… son, junto con los actuales, los que dan vida hoy en día a la Cuadrilla y sin olvidar a los más mayores que la completan.
Hasta el año noventa aproximadamente, eran solo varones los que formaban la Cuadrilla, aunque se daba la realidad que en las familias donde había varios músicos, era muy normal que entre las mujeres de la casa, hubiera alguna que tocara o cantara, pero normalmente sólo lo hacía en pequeños círculos. Es a partir de esas fechas cuando la mujer se incorpora totalmente y con toda normalidad.
En la actualidad, los más jóvenes son los que realmente llevan la Cuadrilla, siendo, entre otros, Carlos Manuel, Javi, Jose, Luis Diego…, los encargados de seguir con esa Escuela de Música Tradicional, de tocar esa primera malagueña tras la Misa del Gallo, de recorrer las casas que siguen siendo visitadas en los días navideños, de organizar el Baile de Puja del Día de Navidad y gozando con estas costumbres y transmitiendo este rico patrimonio inmaterial de forma oral y de generación en generación, asegurando su continuidad con los niños y niñas que continuamente se van incorporando a Los Aguilanderos.

LA CUADRILLA:
Nombre: Los Aguilanderos de Barranda
Presidente: Carlos Manuel Salcedo Pérez
Contacto: Tlf.: 649237114 / info@fiestadelascuadrillas.com
Año de su fundación: No hay datos escritos sobre su fundación, ya que los primeros documentos que se conservan son de finales del siglo XIX. Se supone que sus orígenes están a partir de la celebración del Concilio de Trento en el siglo XVI, si bien, es en el siglo XVIII donde mayor auge y difusión tienen estas agrupaciones.
Miembros de la Cuadrilla: Veinte, aunque no es un número concreto, ya que depende de la disponibilidad de las personas (trabajo, vacaciones, etc.)
Instrumentos que usan: Guitarra. guitarra mayor, guitarra tenor. guitarro, requinto, laúd, bandurria, platillos y pandereta. Todos los instrumento son propiedad de Los Aguilanderos y los de cuerda fueron fabricados en la década de los ochenta por los luthiers de Baza (Granada) Pedro Checa y Pedro Martínez Peñalver.
Lo que tocan: Ritual religioso:
– Los huesos (lento y rápido)
– Las aguilanderas
– La aurora
– Los pastores (villancico)
Ritual festivo:
– La jota
– Seguidillas (pardicas de La, de Re, manchegas y gandulas)
– Malagueñas (cifrá, de los tangos, cartagenera y malagueña de Mi)
Baile agarrao:
– Mazurca
– Pasodoble

 ACTOS SIGNIFICATIVOS DURANTE EL AÑO QUE CELEBRAN:
Ciclo de Navidad:
– Pedir el aguilando por todo el pueblo.
– Participación en la Misa de Gallo.
Resto del Año:
– Fiestas del pueblo (primeros días de febrero de cada año)
– LA FIESTA DE LAS CUADRILLAS (último fin de semana de enero)
– Participación en Encuentros, Certámenes, Fiestas, etc. en lo que son invitados por todo el territorio nacional.

COPLAS QUE DEFINEN A LA CUADRILLA:

«Chipurriana chipurriana,
que si te quema el tomate,
tíralo por la ventana,
si se mata que se mate.»

«Canta compañero, canta
y no le temas al mundo,
si no tienes corazón,
yo tengo dos, toma uno.»

«Ya viene la reina del baile,
ya viene la conductora,
ya viene la que le pone,
a la Virgen la corona.»