PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

Si queremos hablar de una formación legendaria, histórica, identificada con sus raíces exclusivas hacia el bolero y todavía viva por la vía de las múltiples sustituciones, tenemos que referirnos, necesariamente, a “Los Panchos”, un trío singular, ya que esa ha sido casi siempre su composición numérica y, si se ha visto aumentada, ha sido con algún músico de apoyo, pero en la retaguardia y sin dar la cara en primer plano escénico. El grupo, en sus inicios, nació en Nueva York, en 1944, con tres grandes músicos internacionales: Alfredo Bijalil Gil y José de Jesús Navarro Moreno, ambos mexicanos, completando la formación Herminio Avilés Negrón, un puertorriqueño que, como sus compañeros artísticos, eran grandes músicos, extraordinarios compositores, faceta en la que destacó como nadie Navarro Moreno, ya que fue muy prolífico, además de excelentes guitarristas que trataban de sumar fuerzas artísticas con sus conocimientos musicales y hacer grande el mundo del bolero. Coloquial y amistosamente, se les conocía, respectivamente, como el “El Güero Gil”, “Chucho Navarro” y “Hernando Avilés”, quienes se iniciaron interpretando las canciones a tres voces y con otras tantas guitarras, aunque, posteriormente, dos tocaban la misma guitarra, mientras que Gil se ocupaba del requinto que le otorgaba vivacidad con esa especial característica que ofrece ese instrumento para engrandecer los boleros.


En los más prestigiosos escenarios
La formación gozó del privilegio de recorrer los mejores teatros del mundo, los recintos de más prestigio y disfrutar del lujo de haberse recorrido el mundo entero pueblo a pueblo, porque nunca les importó la grandeza, sino que se ocupaban, esencialmente, de que su música y su arte se pasearan por todos los rincones del planeta con clamoroso éxito.
Tuvimos la fortuna de presentar a esa formación original, en directo, en varias ocasiones y, posteriormente, ya lo volvimos a practicar cuando entró en el grupo Rafael Basurto Lara, otro gran músico, ahora empeñado en que “Los Panchos” no desaparezcan nunca “a costa de lo que sea”, aunque bien es cierto que, ahí, se perciben claros intereses de este otro mexicano que se esfuerza, denodadamente, para que el trío siga vigente, ya que le reporta sustanciosos beneficios al haber sido considerado, en su momento, “La voz de los Panchos”. Es verdad que canta de maravilla y que atesora una muy dulce voz, pero no es menos cierto que los años pasan factura a todo el mundo y, especialmente, que unirse con miembros más jóvenes les resta la prestancia y el arte con el que conocimos al trío. Basurto es simpático, cercano, amable, cariñoso y agradecido, pero insistimos en que se percibe, en él, ese afán de subsistencia de una formación que, por deferencia a sus creadores originarios, merece el respeto de dejar fresco, natural, elegante, discreto y sentido el recuerdo de quienes fueron los mentores del grupo.
Excelentes músicos y voces femeninas han desfilado por “Los Panchos”
Por la formación han pasado muchos más músicos, todos de altura y seleccionados mediante audiciones exclusivas para ello, como David Ortiz, Julito Rodríguez, Ovidio Hernández, Johnny Albino, Chuco Navarro “Junior”, Gabriel Vargas Aguilar y voces femeninas como la italiana Gigliola Cinquetti; la argentina Estela Raval (la voz de “Los 5 Latinos”); la bonaerense María Martha Serra Lima; la fallecida caravaqueña, de Singla, Mari Trini, y como voz más prestigiosa, distinguida y que le dio, si cabe, más vida a la formación, la inolvidable y ya desaparecida intérprete de Las Vegas, Eydie Gormé.
La voz mágica y mítica de Eydie Gormé
Existen discos de “Los Panchos” con rancheras, boleros, baladas y otros géneros musicales que se apartan un poquito de lo tradicional en ellos, pero es que 73 años de escenario dan para mucho, aunque la muestra inolvidable, ideal y extraordinaria para los oídos, son los recopilatorios que esta formación grabó con la solista citada, Eydie Gormé, cuya voz limpia, manejada con inusitada destreza y de espectacular timbre, entonó con el trío “Vereda tropical”, “Nochecita”, “Luna lunera”, “Piel canela”, “Nosotros”, “Y…”, “Sabor a mí”, “Noche de ronda”, “Caminito”, “Cuando vuelva a tu lado”, “La última noche”, “Historia de un amor”, “Media vuelta”, “La hiedra” y un etcétera tan interminable como apetecible de percibir sus notas.
Siempre ha sido glorioso escuchar a “Los Panchos”. Y confesamos que en todas sus formaciones, aunque la primera nos genere justificada nostalgia. Pero escucharles con esa maravilla de voz que atesoraba Eydie Gormé es un lujo que llena cualquier ambiente, genera placer para los oídos y se convierte en un auténtico gozo para todos los sentidos.
No existe país de la América Latina que no haya sido visitado por “Los Panchos”, pero, igualmente, es muy probable que tampoco se haya privado de su visita ningún estado del Norte de América. Y, en España, como ya hemos señalado, no solamente son las capitales de provincia las exploradas por el trío, sino que son números los pueblos de todo tipo y dimensión que han recibido a estos fenomenales embajadores del bolero que pasarán a la historia de la música como impulsores y conservadores de ese género, como artistas de prestigio y como músicos que, independientemente de sus cambios de “titularidad”, han sabido conservar el germen, la idiosincrasia, el genio y el arte que quisieron y consiguieron aplicar, impulsar y defender sus originales creadores.
Evolución escénica
Y, como nos quedamos sin espacio, porque los nuevos y bonitos formatos de presentación de nuestra publicación así nos lo exigen, no queremos acabar sin recordar que la primera vez que fuimos invitados a presentarles actuaban con un decorado que no era más que una tira frontal de las bombillas de toda la vida, sujetas por un cordón de hilo de lo más normalito, sin más. Luego, fueron entrando en la modernización lumínica con los efectos especiales y todos esos valores que la tecnología nos ha proporcionado. Pero, ellos, fueron siempre profesionales y grandes maestros que se enriquecían con la voz de la intérprete de Las Vegas y… ¡¡¡de qué manera!!!. Buenos días.