Ana María Vacas

Conversar relajadamente con Lola de su vida personal, dedicar unas horas a desnudar sus ilusiones, sus sueños y ambiciones, no tiene nada que ver con las entrevistas al uso o con presentar un currículum en cualquier compañía de teatro; quizás porque la conversación ha sido siempre un buen camino para llegar a los demás, y por desgracia hoy día estamos perdiendo esa hermosa costumbre. Conocernos desde hace muchos años, ha ayudado a que se esfumara de inmediato la poca tensión del momento. Hoy, me ha mostrado a la persona por encima de todo, esa parte genuina, integra que a veces es poco visible para los demás, desconocida para su público.

Lola Salcedo

Lola Salcedo

Es difícil expresar lo que puedes sentir al estar en presencia de esta artista; es una mezcla de raza, fuerza, energía, emoción y paradójicamente por otro lado, un sentimiento de tranquilidad, que se pone de manifiesto al oírla hablar, entre pausas y movimientos lentos.

Siempre cuando la he presenciado en el escenario, la sentía dueña de un enorme potencial, un carácter indomable que reflejaba sin mesura su manera de expresar; agitada, indolente, sentida, coherente, nos muestra sus entrañas sin tener miedo de las reacciones del  espectador.

Su primer contacto con el teatro fue a la edad de ocho años, en un taller en el colegio Cervantes, impartido por Ana Belén Olivares Martínez. Su inicial personaje del que no guarda muy buen recuerdo, fue un demonio, el cual repetía los textos del personaje protagonista, era como su eco; dado su carácter para estos menesteres, le costo más de un disgusto conformarse con el papel asignado. Mientras se impartió este taller, siguió formando parte de esa pequeña compañía formada por niños que alimentaba sin ella saberlo lo que más tarde sería su profesión y donde se mezclaban los textos y la merienda; las risas y los temores.

Después de que la vida le mostrara su aspecto más frio y duro, decide la manera de enfocar sus prioridades, se reinventa e intenta cambiar su destino. Viaja a formar parte de la restauración de un pueblo en los pirineos, a modo de terapia personal, donde en sus momentos de ocio vuelve a aflorar su vena artística, dejando impresionado al compañero que se encargaba de la dirección de la obra y encontrando por primera vez en esa actuación, plenitud. Esta nueva sensación tan agradable y satisfactoria la llevará directa a la Universidad de Arte Dramático de Córdoba, donde su madre, María Ángeles toma la determinación “por un palpito”, de matricularla sin ni siquiera consultárselo, después de escuchar lo bien que se sentía escenificando. Realmente fue un acierto, las madres raramente se equivocan. Allí se encontró de bruces con el trabajo duro y empezó a comprender que había que esforzarse para hacerse evidente, reto que en ninguna circunstancia era imposible, dado su carácter intenso y perfeccionista.

Finaliza sus estudios en la Universidad de Murcia donde el número de alumnos era más numeroso que en Córdoba y las oportunidades más compartidas, pero esto la motiva para entregarse plenamente, ayudada por esa formación exquisita que ayuda a prosperar en sus fines. Continua sus estudios haciendo un Máster en Bielorrusia y un curso de cine “Conocimiento de la cámara,” en Madrid, pero su alma de artística no encuentra todavía el escenario perfecto. Decide marcharse para sorpresa de su círculo familiar a Buenos Aires, quiere conocer de primera mano el teatro más experimental y vanguardista del momento; allí vive en contacto con artistas de diversas especialidades, disfrutando y aprendiendo alternativamente; pero en contraposición, el cambio de vida, las nuevas expectativas que se presentan la desbordan, haciendo que la vida pasara a primer plano y el Teatro quedara expectante, pero no por falta de oportunidades y proyectos.

Hay veces que la vida decide nuestro destino, nos devuelve a nuestro origen para bien aunque en ese momento no lo sepamos; no es imprescindible alejarse para encontrar el presente, está en uno mismo y viaja a nuestro lado; Lola no fue una excepción, vuelve a Caravaca para contento de sus paisanos, formando parte de la Compañía Entrementes, con la que representa numerosas e impresionantes obras tanto clásicas como contemporáneas, haciendo posible que el teatro llegue a su público entregado y esté al alcance de cualquiera que quiera disfrutarlo. Encuentra apoyo laboral trabajando para el Ayuntamiento en mercadillos talleres, teatro en la calle, colaboraciones con el Conservatorio y otros muchos proyectos individuales.

Pero la vida de Lola no se enriquece sólo con sus amigos, y éxitos profesionales, hay una parte esencial de Lola que le ayuda a realizarse y convertirse en la persona que es hoy día, Dante su hijo. Ese faro de luz en su camino es lo que le permite conocer la estabilidad en su vida, dotándola de vivencias que conforman su propio texto. El arraigo de tener la responsabilidad de cuidarlo, la hacen madurar, pero no siendo un impedimento, al contrario, un nuevo aliciente para demostrar a su hijo y a todos los que la rodean, su talento. Este hombrecito que aguanta estoicamente conversaciones de varias horas, continúa creciendo en el mundo artístico y respeta con su corta edad los compromisos por su profesión que su madre tiene.

Hoy día, su prioridad es conseguir que su mente descanse en sus momentos de ocio junto a su hijo, disfrutándose mutuamente, y que su creatividad explore nuevos proyectos para seguir emocionando y transmitiendo en el escenario.

Querida Lola has nacido para deleitarnos con el Teatro.