JAIME PARRA

”Día +1 Aislamiento. 25/03/2020. 6:12h

Incomprensiblemente hoy he dormido bien.

Amanezco repleta de energía y vitalidad, descansada, serena. Todo parece haber sido un mal sueño, hasta que tomo consciencia de la realidad que me rodea.

La habitación, de 3×3 y que últimamente se usaba casi como “cajón desastre”, es hoy el refugio en el que intento contener al virus que ha anidado en mí […]

”Ayer llegó el resultado. POSITIVO.

En ese momento, no pude más que acordarme de todas esas veces que hemos pedido a gritos material de protección…”.

Así comienza la moratallera Flora Pérez, enfermera en la puerta de Urgencias del Hospital Comarcal del Noroeste, su Cuaderno de Bitácora Enfermero, un diario publicado en Facebook donde narra su día a día desde que descubrió que era positivo en COVID-19.

¿Te sientes valorada en tu trabajo ahora?

Siento que por fin se está dando el valor que tienen a todas las profesiones, no sólo a la mía. Creo que en nuestra sociedad todos los trabajos son importantes, y cada uno ocupa un lugar esencial, que quizá antes no se veía y ahora sí.

Los enfermeros no podríamos realizar nuestra labor si nuestras compañeras limpiadoras no se encargáran de mantener los espacios limpios, y no habría fármacos ni material sanitario con los que atender a nadie si las empresas de transporte no nos los hicieran llegar. Tampoco podríamos trabajar si los administrativos no nos facilitáran los datos en las historias clínicas, ni podríamos atender a los pacientes debidamente sin tener en su caso las indicaciones de los médicos, y la labor de TCAEs, Celadores, técnicos de Rayos, laboratorio, etc.. Y eso hablando solo dentro de un hospital, fuera, se podría extrapolar a cajeras, camioneros, policías, educadores sociales,… Cada uno forma parte indispensable de nuestro tejido social. Y ahora es cuando hemos empezado a valorarlo

¿Y durante estos años pasados?

Antes de toda ésta crisis, mucha gente veía a los enfermeros como simples sirvientes de los médicos, o incluso algunos como médicos frustrados. Nuestra profesión históricamente ha sido bastante denostada por la población. Era normal tener que lidiar con expresiones como el “es que para eso te pago”, o “ya se lo diré al médico cuando venga”. Cosa que nunca hacían, porque claro, el médico era, y es una autoridad, y nosotros los enfermeros, únicamente un medio para tener contacto con la autoridad.

Eso por no hablar de que a nuestras compañeras TCAEs (auxiliares) siempre las han considerado meras “limpiaculos”, cuando su trabajo es mucho más importante que eso, pero es que aunque sólo fuera ese, pocas cosas hay tan necesarias como que alguien ayude a quien no puede valerse por sí mismo a mantener su higiene y su autonomía.

¿Cómo te enteraste de la noticia?

Fue más bien instinto.

Afortunadamente yo no había tenido la oportunidad de estar en contacto con ningún paciente que hubiera dado positivo en COVID-19, por lo en principio no debía ser sospechosa de nada.

Esa semana empezaron a dar positivo varios profesionales del hospital, yo no había tenido contacto cercano con ninguno de ellos, por lo que seguía tranquila , hasta que el sábado por la mañana tuve noticia del positivo de una compañera con la que sí había compartido espacio y tiempo.

Yo no tenía ningún sintoma, únicamente un poco de tos que venía arrastrando intermitente desde Octubre, por lo que no consideraba que fuera algo nuevo, pero mis hijas tenían que irse con su padre y sus abuelos, y algo me decía que debía asegurarme de que no las enviaba con el virus a ningún sitio, así que me hice la prueba y resultó positivo.

¿Cuál fue tu primera reacción?

Al principio fue todo un poco agobiante.

Lo primero que piensas es en no haber contagiado a los tuyos.

En mi casa viven mis hijas, mi padre y mi hermano, y lo peor es pensar que por tu culpa les pueda pasar algo.

Yo ya llevaba días con la mascarilla puesta y extremado las precauciones por si acaso (la deformación profesional es lo que tiene), pero aún así ese miedo no te lo quita nadie.

Después pasé a temer por mi sistema inmune. Hace tres años tuve un linfoma, resuelto y en remisión completa, pero que me tuvo muy, muy malita. Yo al principio pensé que eso no sería un problema a la hora de que mi organismo pudiera con el virus, la verdad, pero una llamada de Salud laboral de la Arrixaca dándome instrucciones de que me trasladará con urgencia al hospital en caso de fiebre o de dificultad respiratoria, me hizo preocuparme un poco.

Por último, mi mayor preocupación era organizar mi casa de forma que mis hijas estuvieran bien atendidas, pero que no entrarán en contacto conmigo, ni con mi padre. Me agobié un poco porque al principio no creía que mi hermano fuera capaz de atender a dos niñas de 4 y 7 años, y hacerlo también con mi padre y conmigo, pero lo hizo genial. Así que al segundo día esa preocupación había desaparecido.

¿Cómo es el día a día?

Mi día a día ha ido cambiando.

Los primeros días tras el diagnóstico me encerré en una habitación de mi casa. Mi hermano me dejaba la comida en la puerta, y nos comunicabamos a través de ella o por el móvil.

Yo recibía los deberes de mis hijas en mi teléfono, y se los iba pasando.

La comida y las compras nos las hacía la familia, y así se pasaron los primeros días.

A la semana mi hermano empezó con síntomas, tras hablar con mi médico me dijo que se tenía que aislar, ahora surgía otro problema. Me quedaba sin niñero y cuidador así que tuve que abandonar mi Aislamiento para cuidar a mis hijas con mascarilla, guantes y manteniendo mucho las distancias.

Posteriormente, el pasado viernes nos realizaron la prueba a mi hermano y a mi. Al día siguiente nos informaron de que mi CR era negativa y la suya positiva, por lo que tras hablar con los médicos, entendimos que yo ya había pasado la enfermedad, y él estaba en proceso.

Para mí aquello significó poder abrazar a mis hijas, y relajar un poco las medidas de distanciamiento con ellas, sin embargo el lunes por la mañana nos avisaron de que creían que las pruebas estaban cambiadas, y que nos las tenían que repetir.

A esas alturas yo había estado haciendo vida prácticamente normal con mis hijas, aunque aún extremado la higiene y minimizando los contactos por el miedo residual, pero poco a pome nos íbamos soltando.

Cuál fue mI sorpresa, cuando este martes nos comunicaron que sí, que se habían cambiado los resultados y por tanto yo seguía siendo positiva (aunque sin síntomas) y mi hermano negativo (aunque con síntomas)

El martes, y dadas las circunstancias, conseguí que le realizarán las pruebas a mi padre, y por la noche obtuvimos los resultados. NEGATIVO.

Así que durante esos últimos dos días, pasé de la incertidumbre, al desasosiego, el enfado, la impotencia, y al fin, un poco de paz.

Siempre siendo realista y sabiendo que aún siendo negativas sus PCR, cabe una pequeña posibilidad de error en la muestra y/o de falso negativo, y que además, ya no puedo permitirme bajar la guardia de nuevo, así que la mascarilla, los guantes y la lejía han vuelto a ser mis más fieles compañeros.

¿Qué es lo que te está resultando más duro?

Lo más duro ha sido tener que rechazar los abrazos de las niñas, frenarlas para que no me dieran un beso y apartarme cada vez que se acercaban.

Eso, y también el miedo a contagiar a los míos, sobre todo a mi padre. Ese miedo aún no se ha ido.

¿Por qué decidiste empezar tu cuaderno de bitácora?

Siempre me ha gustado escribir, y hacer un blog era algo que mr había planteado alguna vez, pero no encontraba ni el tiempo, ni el tema para hacer algo interesante y que pudiera servir a los demás.

Cuando pasé el linfoma escribí varias veces en mi muro, y de aquellos textos me quedé con los comentarios que decían que les había ayudado en algo.

Al estar encerrada en la habitación me sobraba tiempo, el COVID-19 era un tema de actualidad y además creía que mi testimonio podría ser de ayuda a quien se viera en mi misma situación, así que empecé a hacerlo.

Mi blog es simplemente un reflejo de lo que siento cada día, desde la visión de una mujer que es Enfermera y Madre.

¿Qué le dirías a los moratalleros y al resto de ciudadanos de la comarca?

Pues hay muchas cosas que me gustaría decirles.

Primero, me gustaría agradecer el apoyo emocional que me están brindando toda  Moratalla. Es increíble recibir tantas muestras de cariño, tantos detalles detrás de una puerta, tantas llamadas, mensajes y notas de ánimo.

Después, y no menos importante agradecer enormemente a mi familia y amigos lo que están haciendo por nosotros, cuando alguna vez me dicen que soy valiente (cosa que no soy) siempre respondo que no es que lo sea, sino que en mis batallas  tengo un gran ejercito que me acompaña, y de ellos son las victorias, no mías.

Y para terminar, les daría las gracias a todas esas personas que se han volcado de forma extraordinaria con los sanitarios para facilitarnos mascarillas, gorros, monos, pantallas protectoras, ect..

En estos tiempos convulsos, la sociedad española ha demostrado que la solidaridad es algo implícito en ella.

Moratalla se volcó en la elaboración de mascarillas, se ha creado incluso una naciente asociación ciudadana, a la que me enorgullece pertenecer, que pretence establecer una red solidaria para hacer todo tipo de materiales de protección y en todas las casas se han puesto a trabajar para ayudar, y eso es algo de lo que debemos estar muy orgullosos.

Por norma general el Noroeste está dando una lección de solidaridad y de responsabilidad. Nuestros vecinos lo están haciendo muy bien, y los profesionales de la salud les agradecemos enormemente el esfuerzo que están realizando para contener la PANDEMIA.

Como he dicho ya en alguna ocasión, Vivimos en un lugar maravilloso, con gente maravillosa, y es ahora cuando se está demostrando.