VÍCTOR MARTÍNEZ-CARRASCO GUZMÁN/DIPUTADO REGIONAL PARTIDO POPULAR

Es inevitable, porque así lo ha querido una tal DANA , que comencemos este nuevo curso hablando de algo que no quisiéramos estar tratando esta semana.

Solidaridad con Los Alcázares

Solidaridad con Los Alcázares

El particular drama por el que están pasando muchas personas como consecuencia del caprichoso destino de una Depresión Aislada en Niveles Altos, que bien se podría haber aislado mar adentro, es  mayúsculo, pues no en vano, hemos asistido a la peor gota fría sufrida en los últimos 140 años.

A todos nos han sobrecogido unas  imágenes que desearíamos no ver más, aunque mucho nos tememos que no estamos libres de recibir cada cierto tiempo un nuevo toque de atención de una enfurecida naturaleza, la misma que nos hace ser, tras el terremoto de Lorca, la Comunidad Autónoma donde se van a percibir las dos mayores indemnizaciones por riesgos extraordinarios a través del Consorcio de compensación de seguros. Triste record de catástrofes que ojalá no hubiésemos conocido.

Es cierto que llueve sobre mojado, expresión que no solo se ha hecho realidad en nuestra tierra generando una acumulación de agua incontrolada, sino que alude a una situación que se repite lamentablemente cada vez que llueve torrencialmente en ciertas áreas.

Ahora se analizará, y así debe ser, todo aquello que debemos mejorar. Estudiaremos qué factores influyeron en las catastróficas consecuencias de esta descomunal gota fría.

Y de todo ello, aunque ahora se diga lo contrario, extraeremos medidas que nos ayuden a disminuir los efectos de estas cíclicas e inoportunas visitas naturales que esperemos se retrasen muchos decenios.

En Lorca proyectábamos y construíamos con un coeficiente de aceleración sísmica que los seísmos del 2011 decidieron triplicar sin previo aviso, por lo que dejaron en evidencia las previsiones de nuestra Norma Sismorresistente. Porque desgraciadamente, ante tales magnitudes, las normas, que van endureciendo los requisitos para su cumplimiento cada vez más, se siguen quedando lejos de resolver las peores previsiones establecidas bajo premisas estadísticas.

Debemos por tanto reflexionar, cierto. Ser autocríticos y también  aceptar la crítica constructiva en medio de tanta destrucción, pero sobre todo actuar y hacerlo ahora mismo sobre lo más urgente, que son las personas.

Y eso sí se está haciendo desde el primer momento de modo ejemplar por parte de todos. Absolutamente todos. Las muestras de gratitud que se han manifestado han sido sinceras. La coordinación de todos los efectivos y administraciones han evitado males mayores aún.

Pero ante tanta destrucción, frente al caos tan cruel que hemos presenciado, sobresale de nuevo, como siempre que surge la adversidad, lo mejor del ser humano, aquello que nos dignifica y nos engrandece, lo que nos enriquece como personas y nos ayuda a creer que en lo cotidiano, en aquello que no es excepcional, si queremos también podemos lograr objetivos comunes.

La unión de miles de manos unidas trabajando sin descanso para ayudar a tantas familias brota con más potencia que la manifestada estos cuatro días de adversa climatología.

En medio de todo ese sufrimiento, dolor y tristeza, las muestras de solidaridad nos recuerdan que la donación desinteresada, sin buscar nada a cambio prevalece sobre la devastación. Que la búsqueda del bien común, del interés general, tiene siempre una respuesta favorable.

Y esta debiera ser nuestra piedra angular sobre la que se sustenten nuestras acciones políticas.

Ahora por lo pronto nuestra responsabilidad más inmediata está en no descansar hasta que todos los afectados por estas inundaciones recuperen lo antes posible una normalidad que nunca debió verse tan brutalmente alterada.