GLORIA LÓPEZ

Por estas mismas fechas hablaba yo con un sufridor pequeño empresario sobre el 2015. Este iba a ser nuestro año. Y mira que se lo dije, un año que acaba en 5…con esa rima… imposible que sea el nuestro. Así ha sido. Nos han dado por todos lados, y no solo por donde se hinca el cinco.

 

GLORIA LÓPEZ
Por estas mismas fechas hablaba yo con un sufridor pequeño empresario sobre el 2015. Este iba a ser nuestro año. Y mira que se lo dije, un año que acaba en 5…con esa rima… imposible que sea el nuestro. Así ha sido. Nos han dado por todos lados, y no solo por donde se hinca el cinco.
Pero como diría Frida, al final del año descubrimos que podemos soportar más de lo que creemos. Y hasta pensar, aunque sea por un breve espacio de tiempo, que todo puede cambiar, que nunca es tarde para empezar de nuevo, para una nueva ilusión, un nuevo reto o un nuevo amor. Este año que se acaba me enseña que incluso en el atardecer de nuestras vidas, que diría una que yo me sé, te puede dar un giro la vida y ponerla patas arriba hasta en un estrecho rellano. Y eso me lo han enseñado dos mujeres, que sin querer queriendo han ido abriendo camino a lo largo de su vida y aún sabiendo su destino no han cesado de estar abiertas a cualquier cambio, porque nunca sabes dónde puede estar tu felicidad ni dónde puede llevarte la vida siempre que tu edad no sea un número sino un estado mental.
Solo hay que ver el último video de Manuela Carmena para entender, para creer, para saber que somos el resultado de una trayectoria, de unos ideales y hasta de unos errores, pero que si creemos en ellos podemos sobrellevar la realidad y hasta cambiarla, y convertir, lo que era una utopía, en una alcaldesa de Madrid.
Cómo no va a ser ella mi mujer del año. La mía y la de media España. Es aquella que le preguntas como quieres que le llames, señora jueza, señora abogada o la primera mujer que abrió un despacho laboralista y te dice llámame Manuela.
Lo que todo el mundo sabe de ella es que nació en Madrid el 9 de febrero de 1944 (tiene 71 años) y está casada con el arquitecto Eduardo Leira con el que tiene dos hijos. Lo que pocos saben es que no se casó en nombre de Dios, como todo el mundo, sino en nombre de los hombres y que lo hizo convencida por un entonces sacerdote de la Complutense, donde trabajaban los dos, que más tarde se convertiría en grande de España, Jesús Aguirre, Duque de Alba. Todos saben que fue abogada. Pero pocos saben que luchó desde siempre por los trabajadores sin importarle más ideología que la justa ni más clase que la igualdad y para ello fundó el despacho de Atocha donde fueron asesinados cuatro de sus compañeros, y que ella se salvó de milagro. Una ideología como la suya, siempre a favor del más débil molestaba al más fuerte.
Todo el mundo sabe que es alcaldesa, pero pocos saben que en 1986 ganó el premio nacional de Derechos Humanos. Todo el mundo sabe que es jubilada desde 2010, pero que no dudó en marcharse 2 meses al congo para ayudar en un organismo de cooperación.
Es por todo lo que no se sabe de ella mi mujer del año. Por ser tan ella misma y a la vez tan variable, por saber escuchar y aprender, por ser tan humana como sus errores, tan humilde como el reconocimiento de ellos, tan moderna como su pelo rubio y suelto, tan empática como sus chaquetas de abuela y tan generosa que nos regala sus últimos años de vida para dejarnos un mundo mejor. Pero un mundo al que solo llegaremos si queremos, si estamos abiertos a él, porque nada es inamovible en esta vida, tan solo la muerte. Y así lo dice cuando su vida dio el primer giro y se hizo jueza: “Estamos muy poco acostumbrados a los cambios. Se piensa en una profesión para toda la vida, un matrimonio para toda la vida… y esto no debe ser así. La vida cambia, nosotros cambiamos, todo cambia y hay que estar abierta a recorrer nuevos caminos”.
Y los tuyos Manuela, son sin duda en los que yo me perdería en este año que comienza.