Ya en la calle el nº 1047

Lidó Rico: “La puesta en escena de un pasado que no está olvidado me sirvió para liberarme”

“No es un libro fácil de leer pero cualquiera se puede ver reflejado en el propio personaje de Remo”

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

MICAELA FERNÁNDEZ

LA FEA BURGUESÍA

Lidó Rico: “La puesta en escena de un pasado que no está olvidado me sirvió para liberarme”

‘El sueño de un Remo’ editado por La Fea Burguesía es la primera novela del artista plástico yeclano Lidó Rico. Una historia llena de experiencias personales, de recuerdos encontrados a través de la distancia y un momento de encierro donde no contaba con las armas para sacar los demonios que lleva dentro.

Y, aunque la literatura siempre ha estado presente con Lidó Rico a través de su afición por la lectura y su arte, esta publicación es mucho más que palabras encadenadas es adentrarse en el mundo interior del artista y encontrarse a uno mismo.

Hablamos con Lidó Rico de esta obra y lo que supuso para él.

Acostumbrados a reconocerlo por su arte, este es su primer libro, ¿cómo surgió la idea de escribir?

Tiene su lógica. En un momento dado, durante la pandemia, me quitaron las armas que yo tengo para sacarme los demonios y, al no poder trabajar con la materia, me tuve que agarrar a la palabra. Todo empezó como un juego. A mí la pandemia me pilló en Yecla donde tenía mi estudio y mi pareja estaba en Murcia. Empezó como un juego donde yo le describía situaciones de infancia que algún día se me olvidarían.

Todo ese ejercicio de introspecciones empezó a crecer y me di cuenta de que se hacía grande por momentos y de que realmente me servía esa puesta en escena de un pasado que no está olvidado, porque el 90 por ciento de lo que está en libro es cierto.

Me planteé un bebé que soy yo naciendo del vientre de su madre en el Hospitalico que es donde nacíamos todos los bebés en Yecla, lo describo con pelos y señales y son impresiones que yo tengo en la memoria. El libro no es nada ortodoxo, es un libro complicado de leer porque al final son ejercicios de introspección y, cuando tu navegas por esas aguas oscuras y a veces sucias, yo no sé engañar, el trabajo que hago con el escritura es el mismo que hago con la escultura, la realidad es la que pone la evidencia de las cosas, mi trabajo es un espejo de las cosas y, este libro, se convirtió en mi espejo, en un espejo que al final me sirvió para revivir durante todos esos meses tan terribles que vivimos.

El hilo conductor del libro son mis primeros nueve días de vida en los que yo hago una argumentación de presente, pasado y futuro en un solo hilo por eso no es un libro rápido de leer, sino que hay que masticarlo lentamente.

En ese sentido me ha ayudado muchísimo porque pude descubrir cosas y llegar a espacios, sitios y habitaciones que estando, nunca las había descubierto. Es como esa luz que ilumina esa habitación que siempre tienes escondida.

Lidó Rico: “La puesta en escena de un pasado que no está olvidado me sirvió para liberarme”
Lidó Rico

¿El lector reconocerá espacios de Yecla o va mucho más allá y podemos ver los primeros nueve días de vida de una persona cualquiera?

Cualquiera se puede ver reflejado en el propio personaje de Remo, cualquiera puede ver a su abuela, a su abuelo, a su madre, y yo pienso que tiene casi ese instinto de universalidad al comportamiento, a la forma de ser de las personas. Yo pienso que al final todos los hombres son los mismos hombres, todas las personas son las mismas, lo que nos diferencia en ese contenido es lo que nos da el devenir, el presente. Creo que la genética tiene hasta un punto intangible que nunca podemos decir hasta que parte pertenecemos en nuestra familia pero sí que el presente continuo desarrollado en una ciudad te marca como a mí me ha marcado mi forma de ser, el hecho de trabajar como trabajo es desde esa infancia donde mi padre nos ponía a mi hermano y a mí a hacer bisagras para poder ganarnos el sustento desde pequeños y poder ganar nuestro dinero y, todo eso a mí me ha valido para trabajar y para ser lo que soy ahora mismo.

Cualquier persona puede verse identificado con esos personajes e incluso los lugares, ese primer beso, todos esos detalles que se cuentan son detalles de carácter universal. Para mí el sueño es fundamental en las personas porque la realidad me interesa entre comillas bastante poco porque el sueño es donde nosotros nos extendemos y donde somos realmente. Si pensamos que vivimos por y para un cuerpo, por y para la carne, la existencia sería tristísima. Yo soy de los que piensan que situaciones como la del alma, la de la empatía, muchas situaciones que se escapan a nuestro propio yo y, en ese aspecto el libro te puede ayudar a reconocerte un poco más por dentro, pienso que al final es como esa mina que tú te vas metiendo poco a poco y vas encontrando un pequeño filón y al final cuando te das cuenta has excavado infinitas galerías y has ido descubriendo minerales que estaban ocultos pero que existían, no es una frivolidad sino que surge de una necesidad casi fisiológica que es mi trabajo. Con el paso del tiempo me da incluso la sensación de no haberlo escrito yo porque, cómo he podido estar tantas miles de horas metido ahí y que nivel de pasión, porque yo soy de las personas que si no hay pasión no trabaja.

¿Sirvió el libro entonces como arma para sacarle esos demonios durante el encierro?

Mucho. El libro supuso un viaje en el que la sinrazón del contexto que estábamos viviendo me dio mucha cordura y me mostró que nosotros somos para dentro, no para fuera, que la vida se nos puede escapar en cualquier momento y, en ese sentido, yo creo que cuanto más trabajemos ese aspecto interno, ese alma, llámala viernes, el cielo que podemos tener es mucho más grande y en ese aspecto el libro me ha valido para muchísimas cosas.

¿Cómo recibía su pareja estos testimonios desde la distancia?, ¿les llevó a conocerse más?

Sin duda. Ella me conoce mucho y Carmen sabe que el engaño está fuera de mi sistema de vida. Se sorprendía igual que me llegaba a sorprender yo porque te puedo asegurar que todos esos sitios que se van narrando existen. Yo cuando paso por el Campico de la Libertad en la entrada a Yecla desde Murcia, el descampado está exactamente igual que cuando yo aprendí a montar en bicicleta, donde está la casa de mi madre y me alertaba para que no cruzara la carretera. Cada vez que pasas es como si el tiempo se hubiera congelado allí y me sobrecoge.

Sin duda se emocionaba con todas las historias que le contaba. Tiene también una dosis de ironía, porque yo no entiendo la vida sin ironía. Las personas que dan lecciones magistrales de la vida me dan un poco de sarpullido, siempre he sido el último de la fila, a mí no me interesa estar en primera línea no me interesa la preponderancia del yo y, en este caso, sí que le entusiasmaba hasta el nivel de obligarme a que le contara más cosas y yo iba deambulando de una abuela a la otra, de un sitio a otro, de un beso a otro, de cuando llegó Julio Iglesias a Yecla… cosas totalmente ciertas.

¿Amigos suyos de infancia también se habrán visto reflejados en el libro?

En una sola palabra, me han dicho que qué cabrón… en el sentido más cariñoso de la palabra porque entraban perfectamente en esas descripciones que he llegado a hacer porque pensaban que el abuelo o la madre que yo describía era la suya.

¿Ha sido su primer contacto con la palabra escrita?

Desde siempre mi trabajo ha estado acompañado en cierta forma con la escritura. En mi última exposición ‘Amotinados’ en la Cárcel Vieja de Murcia, dentro del aspecto fundamental de llegar al público porque muchas veces la materia se queda corta y la gente no termina de verla, con un pequeño empujón de la palabra de repente esa obra se expande, y en el caso de esta última exposición hice una especie de cartela para cada obra en el que la gente la leía y recibí un feed back maravilloso de gente anónima y desconocida que me pedían poder leer más.

Siempre he tenido la palabra casi como una necesidad en un determinado momento para poder acompañar esas cosas que hace la intuición a través de la materia porque al final yo aprendo, la palabra ha sido en mi vida algo necesario, un contrapunto que abre un universo. Mi concepto del arte es como un tren que te empuja, y la obra de arte es ese empuje y depende lo que quieres que avance y, el hecho de apoyarme en la literatura hace que esa obra avance dos metros más para que la gente pueda avanzar en este conocimiento.

A nivel de palabra dura y escrita, El Sueño de un Remo ha sido mi bautizo. Por el momento no he vuelto a escribir de esta manera, aunque sí desarrollando diversos textos que tienen que ver con las exposiciones que tengo próximamente y que dan ese apoyo conceptual. Ahora mismo me vería incapaz porque me sobrecoge las miles y miles de horas, de madrugadas, que yo le dediqué al libro. Soy una persona de mucha paciencia soy como el Laureano Buendía de la palabra haciendo pescaditos de oro y hago y deshago, pero no creo, sinceramente, aunque no digo que de esta agua no beberé, que vuelva a sentarme en ese aspecto y principalmente porque no tengo tiempo para hacerlo. Sí me ha gustado, me siento como cumplido, satisfecho en cierta forma de toda esa experiencia que he tenido y ahora mismo no tengo una necesidad de volver a hacerlo para superarme, a lo mejor, en un momento dado, yo creo que la sorpresa del hombre es fundamental, pero ahora mismo no tengo idea en editar ni hacer otro libro porque se lo que cuesta llegar hasta ahí. Es muy difícil, muy duro y realmente la gente cuando lee un libro no es consciente del tiempo que esconde ese libro y, aún más, cuando te hace desnudarte, cuando te desnudas las cosas se empieza a poner seria. Al principio hasta tenía un poco de sonrojo porque pensé el que lo lea va a saber realmente quién es Lidó Rico hasta el último pelo, pero, no tengo nada que esconder, la naturalidad es lo que tiene que ser.

Durante la promoción del libro, el hecho de ponerme al otro lado, ha sido muy interesante. Siempre he sido un simple lector y cuando te ves en el otro lado del escenario… está siendo una experiencia preciosa.

¿Estará en la Feria del Libro de Murcia?

Sí, estaré con la Fea Burguesía el 13 de octubre, por la mañana firmando ejemplares y, por la tarde, haciendo una presentación que va a venir Charo Guarino a presentarlo que ha sido una de las primeras personas que leyó el libro.

¿En qué está trabajando en este momento?

Ahora mismo me falta vida. Estoy preparando una cantidad ingente de exposiciones para año y medio. Tengo diversas inauguraciones, estoy con un proyecto maravilloso que se titula ‘Orados’, un proyecto sobre la Sierra Minera en el que se descentraliza la cuestión artística, llevarla de la capital a otros lugares, y hacer un proyecto sobre la minería y la sierra minera de Murcia. He cogido diversos enclaves en Mazarrón, La Unión y Cartagena y, de hecho, la primera inauguración será en poco más de un mes en el Museo del Teatro Romano de Cartagena que habla de la época romana, de porqué Augusto construyó ese teatro para sus nietos Cayo y Lucio mezclándolo con la minera y, es algo que nunca se ha hecho porque cuando hablamos de pasado no nos gusta, está como superado, pero cuando hablamos de la minería que ha sido el motor económico de la Región a principios de siglo, se cobró muchísimas vida, fue algo terrible y yo, a través del arte contemporáneo que siempre tiene que ser una herramienta, se convierte en un vehículo para poner en boca de todos y, a través de la materia rendir un homenaje a todos los mineros de la Región y es un proyecto fascinante.

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