Laura Caballero Escámez/Psicóloga Máster en Gerontología y Máster Sanitario de Práctica Clínica en Salud Mental.

¿Por qué suceden?Laura Caballero Escámez

Las rabietas son conductas normales en las primeras etapas del desarrollo, ya que los niños no tienen la capacidad de expresar mediante el lenguaje sus emociones, así que es su comportamiento el que habla por ellos, siendo las rabietas una forma de expresar su individualidad recién descubierta. Suelen comenzar en torno al año de vida, siendo más frecuentes después de los dos años y lo habitual es que disminuyan en frecuencia e intensidad conforme el niño adquiere el lenguaje, siendo casi inexistentes a los cuatro años. Forman parte del desarrollo correcto y normal de nuestros hijos e incluso son esenciales para la evolución de su personalidad.

Existen múltiples motivos por los que los niños tienen este tipo de conductas, y es importante aprender a reconocer el origen de estas rabietas para poder actuar de forma eficaz ante estos episodios que ponen a prueba la paciencia de los padres. Hoy precisamente hablaremos de esos motivos, y en el próximo artículo sobre consejos para manejar esas situaciones. Enseñar a nuestros hijos a tolerar las pequeñas grandes frustraciones de la infancia, los convertirá en adultos con estabilidad emocional.

Algunos de estos motivos pueden ser:
• La frustración del niño por no poder hacer algo «inmediatamente».
• El deseo de controlar la situación.
• El deseo de llamar la atención, de ser el centro, para recibir cariño, ya que algunos niños descubren que portándose mal reciben mucha atención y que cuando son «buenos», los adultos no les hacen caso.
• Cuando las normas de comportamiento son poco claras o incoherentes, el niño trata de descubrir dónde están los límites.
• Cuando los padres dan otras muestras de incoherencia o inconsistencia.
• Cuando necesitan satisfacer necesidades primarias, como hambre o sueño.

Un estilo educativo demasiado permisivo y la falta de coherencia entre las diferentes personas que le cuidan suele mantener estas conductas. Además, si el niño consigue siempre su objetivo mediante la rabieta, se favorecerá la multiplicación de estos episodios.

Es importante que se comprenda el principio de este artículo.Nuestros hijos no nos montan una rabieta (al menos las primeras) para manipularnos y fastidiarnos. Es la manera de canalizar sus frustraciones. No olvidemos tampoco que los adultos somos su modelo a seguir. Cuando en una familia hay explosiones emocionales frecuentes, portazos, llantos, gritos…el niño copia el modelo y reproduce las rabietas de los adultos en su mundo infantil. Como ya hemos adelantado, en el próximo artículo daremos algunos consejos para manejar estas situaciones. Con paciencia, naturalidad y calma se pueden llegar a prevenir y controlar estos episodios.