GLORIA LÓPEZ CORBALÁN

Qué puta es la vida, o la muerte, según se mire, que te alcanza cuando menos te la esperas y casi nunca como tú te habías imaginado. Esta semana se marchó Fonsi Nieto, de una manera que nadie la esperaba. Siempre pensé que moriría a 200 por hora y sobre una moto. Y ya ves, la vida se le fue en un instante cuando estaba parado y sobre un quad,


Era, de los Fonsi, el que más me gustaba. Su vida en Ibiza, su pelo largo y blanco, su coraje en la vida para todo y hasta su clase y discreción para romper una familia para irse con otra pero que, sin embargo, supo mantener unida.
Los 70 años del campeón 12+1 dieron para mucho, en circuitos, caídas y podium. Pero solo dieron para dos mujeres. Era sencillo hasta para eso. Su primer amor fue Pepa Aguilar. Cuando se conocieron tenían 14 años y eran casi unos niños, ella dependienta de una droguería, él aprendiz de mecánico. Harían las cosas como se hacían entonces, después de 10 años de noviazgo y cuando el futuro piloto ya era casi una leyenda, se dieron el sí quiero. Al año y medio nació Gelete y poco después Pablo. Para entonces ya habían dejado atrás Vallecas y muchas cosas habían cambiado. Hasta ellos. Fonsi no pensó jamás irse de su casa por muchas otras metas que se cruzaron en su camino. Pero en 1990 se tropezó, sin querer, con Belinda Alonso, una exmodelo con una cabellera de leona que me enamoró hasta a mí.
Podía haber hecho como otros, mantener el tipo, aguantar la vida que llevaba, engañarla a ella y a él mismo, tomar pastillas para dormir al lado de su mujer mientras soñaba con otra, pero no. Le salió a cuenta ser honesto con todos y se fue. «Me fui de casa porque me enamoré de Belinda a lo bestia, como un caballo de carreras. En el amor he vivido quizá las cosas más bonitas que me han pasado. Cuando me enamoro, soy probablemente más apasionado que con las motos, pero el amor te da mucha vida y también muchos problemas».
El tiempo le dio la razón y salió ganador, como siempre. Porque una mentira duele muchas veces, pero la verdad solo una. Siguió acudiendo a ver a sus hijos a diario y a su Pepa jamás le faltó de nada, ni siquiera al respeto de no quererla. Fueron amigos hasta el final. En el 2000 se casó con Belinda y tuvieron un hijo, Hugo, que se lleva estupendamente con sus dos hermanos.
Todos juntos han llorado este fin de semana al campeón, al padre, al ex, al hermano, al tío, al abuelo pero sobretodo, al amigo.
En una de sus últimas entrevistas dijo que esperaba tranquilo la muerte, que había tenido una vida plena y feliz, porque entendió muy pronto que solo hay una y nadie sale con vida de ella.
Supongo que esa será la clave la felicidad.