JAIME PARRA


El fotógrafo de Bullas Damián Guirado obtuvo el segundo premio en el concurso de fotografía que se celebró por los veinte años de Zacatín. En esta entrevista nos habla de sus comienzos, qué tipo de fotografía prefiere y que buscó con la que resultó segunda en el del Zacatín.

-¿Por qué decidió presentarse al concurso de fotografía del Zacatín?
-Suelo presentarme a los concurso de la zona, incluso alguno regional: en noviembre me presenté a uno de Semana Santa en Cieza. Es la única de las maneras de materializar el trabajo: hay que enseñarlo y, si obtienes algún premio, redundará en la buena valoración de la fotografía en sí y si además tiene una repercusión económica viene muy bien para el tema de financiación. La fotografía es una afición extremadamente cara. No es por desanimar a nadie pero para tener el equipo adecuado los gastos son notables.
-¿Cuándo empezó su afición a la fotografía?
-Mis primeros pasos fueron en un mundo todavía analógico, aunque algunos prefieren llamarlo el periodo clásico. Yo sería un adolescente y fue en torno a las casas de la juventud donde se crearon varios colectivos, entre ellos de fotografía. Aprendimos además a revelar. Lo que pasa es que la fotografía entonces era cara: en el sentido de que se veía de manera física una vez que estaba revelado; el revelar en color suponía mandarlo al laboratorio. Eso implicaba un costo. Con el mundo digital se salva ese escollo; resulta caro tener los equipos, pero la fotografía es barata en cuanto a producción y ejecución. Y luego está la visualización: la fotografía digital permite que, si no te gusta, se borra. Puedes ver antes el resultado y no a posteriori como con el revelado. La irrupción de la fotografía digital fue el revulsivo necesario a quienes queríamos continuar con esta afición que es muy gratificante, sobre todo cuando obtienes algún reconocimiento.
-¿Qué se ha perdido y qué se ha ganado con el cambio del analógico al digital?
-Yo creo que lo que se ha perdido es un poco esa imagen romántica de la fotografía en cuarto oscuro, el revelado y la luz roja. Pero yo te diría que en cuanto a calidad, con un equipo en condiciones: cámara buena, monitor perfectamente calibrado, que es muy importante, en esas condiciones la digital no desmerece a la analógica: la calidad es superior. Aún así están los puristas que consideran que un baritado en blanco y negro del cuarto oscuro no tiene parangón con uno en blanco y negro digital. Pero para mí en la digital es pasmosa la calidad final.
-¿Trata la fotografía después de echarla?
Es otro eterno debate y yo creo que es porque no se diferencia entre revelado y procesado y el retoque. La fotografía, incluso en el mundo analógico, se procesaba, en cierta medida llevaba cierto retoque. Lo que se captaba no era finalmente lo que salía: había técnicas para velar las zonas más iluminadas, más claras, o a dar luz a través de velados de otras zonas. Todo eso se hacía con la ampliadora y el cuarto oscuro. No hay que confundir el retoque con el revelado. Una fotografía digital siempre requiere de un procesado para que finalmente salga fuera: se necesita de tocar ciertos parámetros como luminosidad, sombras, blancos y negros, pero eso no es retocar, es procesar.
-¿Qué tipo de fotografía prefiere?
-Soy un mercenario de la fotografía: me gusta todo, desde la macro hasta la social, el retrato, el paisaje, me gusta experimentar todo. Como dice refrán: “oficial de muchos oficios, maestro de ninguno”. Como me gusta tocarlo todo no tengo especialidad. Pero quizá prefiera el tele, los primeros planos, jugar con desenfoques… lo que no quita que calce un gran angular y me vaya una mañana a hacer paisajes.
-¿Qué trataste de conseguir con la fotografía que ha obtenido el segundo premio?
Presenté una serie de tres en blanco y negro. Fue una apuesta arriesgada: el blanco y negro sabemos que tiene quien alaba y bendice y t sus detractores. A mí me gusta mucho la fotografía en blanco y negro, hago bastante blanco y negro cuando la proceso. En el Zacatín quise representar ese mercado tradicional clásico, rural…, además de mi propio gusto por el blanco y negro. La del segundo premio se ve la calle Entreplazas, comunica Plaza de España y la que conocemos en Bullas como Plaza Vieja; y está con un manto de paja porque fue hecha en un mercadillo del Zacatín medieval en febrero: representa gente que está mercadeando, que fue el título de la foto: “Mercadeando”. Y todo ello aprovechando un puesto del propio mercado que me dio la posibilidad de enmarcarla. En la parte superior se puede ver la techumbre de una lona móvil del puerto y así le di un aspecto como si se viese desde un puesto del mercado.
-¿Ha expuesto en Bullas?
-Hay un refrán que dice que que nadie es maestro en su tierra, y es verdad. Lo único mío es una exposición que se montó con ánimo que perdure en la Torre del Reloj. Hice de la propia torre, que es muy singular en Bullas, y son también en blanco y negro: hay imágenes nocturnas, diurnas, gran angular, objetivos, contraluz… de todo un poco: imágenes de la Torre en todos sus aspectos, y también de lo que el visitante ve desde la Torre, como una panorámica de Bullas muy sugerente. También hay una, creo que bastante buena, de la maquinaria del reloj que aún está en uso y se conserva.