JOSÉ ANTONIO MELGARES/CRONISTA OFICIAL DE LA REGIÓN DE MURCIA

A las puertas ya de las Fiestas del Carmen en su edición correspondiente a 2017, me propongo recordar a los mayores y contar a los más jóvenes como fueron éstas hace cincuenta años, siendo prior de la comunidad local de PP. Carmelitas el P. Pedro Tomás y conventual, entre otros, el P. Dionisio Tomás.

Las Fiestas del Carmen siempre se han considerado como “las otras fiestas de Caravaca”, han marcado el comienzo de la inactividad estival local y por tanto la partida antes de las gentes a sus posesiones del campo, y más tarde a las playas de Águilas y Mazarrón principalmente. La fuerte personalidad del barrio de este mismo nombre, y la presencia durante ya casi quinientos años de los frailes entre la sociedad civil y en la pastoral local, han convertido sus fiestas en unos días que constituyen un verdadero registro en el calendario festivo anual, precedidas siempre del “novenario” a la Virgen del Carmen al que antaño las gentes acudían masivamente, el cual preparaba anímicamente y caldeaba el ambiente hasta llegar a su cenit el 16 de julio, fiesta litúrgica de la Virgen del Carmen en que antaño se celebraba en la ciudad el “Triunfo de la Cruz” hasta su desaparición del calendario litúrgico eclesial.

Damas de las Fiestas del Carmen

Damas de las Fiestas del Carmen

Las Fiestas del Carmen, como recordará el lector según su edad, han cambiado su aspecto formal de acuerdo con los tiempos, no así en lo fundamental. Ha dependido de los frailes que integran la comunidad de PP. Carmelitas, y del prior de turno, el que el aspecto religioso se complementara, o no, con otro estrictamente popular; habiendo habido períodos de luz y de sombras en su desarrollo, y ello en lo complementario, insisto, nunca en lo fundamental.

Hace medio siglo, cuando corría el año 1967 y los “setentones” de ahora vivíamos nuestra primera juventud, las Fiestas del Carmen se celebraban aún con el esquema que en la década de los cincuenta propuso el recordado P. Amado, que aún perduraron en el tiempo, aunque muy transformadas, hasta el que propuso el P. Eduardo, vigente en nuestros días.

Por el discreto programa editado por los PP. Carmelitas, que imprimió la imprenta “Rivero” (en la Pl. Nueva), sabemos que el predicador del “novenario” fue el P. Antonio Ribas. Que el 9 de julio un grupo de alumnos del aún existente Colegio “Niño Jesús de Praga” hicieron su primera comunión y que los días 15 y 16 se celebró el “Jubileo Carmelitano”, una práctica hoy en desuso, muy esperada por nuestros padres y abuelos.

El 16 de julio hubo “Rosario de la Aurora”, a las 6,30 de la mañana, desde las Monjas a los Frailes. A las 10.30 Misa Solemne y a las 20,15 procesión con la imagen de la Virgen por las calles del barrio. Todo ello se vio arropado por un discreto programa de festejos populares como “La Rondalla” que cada noche (desde el 1 de julio) inundaba de música e ilusión las calles de la ciudad. Una carrera ciclista juvenil a las 4 de la tarde del día 15 y las verbenas de la víspera y día de la fiesta en la Glorieta.

Fue la reina de las fiestas María Encarna Pérez Muñoz (nieta del popular empresario del calzado “Tomasín”), y su corte de honor estuvo formada por Puri Sánchez López, Maribel Guerrero Navarro, Resu Oñate Barquero, Juana María Sánchez Romero, Loli Salcedo Robles, Isabel García López, Loli Pérez Muñoz, Matilde Corbalán González y Mari Sol Guerrero Reina.

El plato fuerte, tanto en las vísperas como en los propios días de fiesta era la actuación de la “Rondalla Carmelitana”, que cada noche salía del convento y recorría la ciudad por zonas y calles, dando serenata primero a la Virgen a las puertas de su iglesia, y luego a la reina en el domicilio de su abuela, en La Glorieta. Con antelación se había anunciado la visita a las señoras y señoritas de unas determinadas calles, quienes recibían a la Rondalla a las puertas de sus casas o en los balcones de las mismas, entregando un donativo con cuyo montante se financiaban los gastos de las fiestas. La visita de la Rondalla a los barrios populares, donde las viviendas se encuentran a pie de calle, congregaba a mucha gente en torno a la misma. En los barrios de pisos en altura, la presencia de la Rondalla pasaba más desapercibida. Al frente del grupo musical siempre iba un padre carmelita que aportaba “seriedad” a la colecta, y encabezando el mismo, como músico “guía” Paco “el López”.

La madrina o reina de las fiestas era elegida entonces, por un año, entre las familias del barrio, recordándose entre ellas a Mercedes Muñoz Marsilla, Carmen Reinón Tobajas, Pilar Marín Fuentes, Caridad García-Esteller Guerrero, María Teresa Robles Oñate, Carmen López Guerrero, Carmen Pozo y Matilde Corbalán, quien precedió a la ya mencionada María Encarna Pérez Muñoz, la cual, al año siguiente, coronó públicamente a Mari Cruz Carrascal.

El programa de fiestas, de ocho páginas más portada y contraportada, recoge una coplilla de S. Simón Stok, el “Saludo” del prior de la comunidad, una colección de estrofas populares dedicadas a la Virgen del Carmen y un poema de versos de arte mayor, original de Antonio Sánchez González titulado “Mi escapulario”. De entre las estrofas mencionadas, compuestas en versos octosílabos, termino con la que dice: Dos fiestas hay en mi pueblo, / dos fiestas incomparables: / el día de la Patrona/ y el de la Virgen del Carmen.