Francisco Fernández García
(Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz)

Como su título indica, el libro recoge casi 350 referencias hemerográficas sobre las fiestas patronales de Caravaca, celebradas en honor de la Stma. y Vera Cruz, desde 1839 hasta 1959. La delimitación de las fechas viene por una parte de la más antigua que he encontrado y por la otra, por ser la de la renovación de los grupos de Moros y Cristianos, que traerá consigo sensibles cambios en la organización y desarrollo de las fiestas.


A lo largo de los años que llevo trabajando en el Archivo Municipal de nuestra ciudad he ido recopilando cuantas noticias publicadas en prensa he encontrado sobre Caravaca, ya que siempre he considerado que, con las debidas precauciones, tienen un gran valor testimonial e histórico. De hecho yo utilizo con frecuencia los periódicos y revistas como fuente de información para algunas de mis investigaciones, intentando siempre contrastar estas reseñas con los correspondientes documentos que las corroboren, lo que a veces es imposible, por lo que resulta finalmente ser la prensa el único modo de conocer algunos sucesos.
Dentro de la diversa temática que abarcan las noticias publicadas sobre lo sucedido en nuestra ciudad, siempre me llamaron la atención las referidas a las fiestas, por lo que conforme las he ido encontrando las he ido transcribiendo formando una especie de álbum de recortes donde consultar para conocer lo sucedido cada año, sirviendo así como fuente documental para investigaciones y escritos referidos esta temática.
Conforme ha ido pasando el tiempo el álbum ha ido engordando, enriqueciéndose en contenidos y abarcando un sin fin de historias, anécdotas y curiosidades, hasta que llegó un buen día en el que pensé que estaría bien poder compartir ese álbum con todos aquellos que como yo aman y respetan sus tradiciones e historia, facilitando un instrumento útil para conocer directamente el desarrollo de cada una de las ediciones festeras, contribuyendo de este modo al mejor conocimiento de la historia de nuestras fiestas, de lo que se habla con frecuencia pero no siempre acertadamente. También pensé que sería una atractiva forma de cerrar a modo de trilogía mis publicaciones sobre las fiestas, tema al que he dedicado muchas horas de investigación y estudiado en todas sus facetas y manifestaciones.
Quiero agradecer al Excmo. Ayuntamiento de nuestra ciudad, especialmente a su Concejal de Cultura Oscar Martínez, su sensibilidad y apoyo a este proyecto, así como a las muchas personas que a lo largo del tiempo han contribuido a materializar esta compilación, e igualmente a Carmen Camacho por su deliciosa ilustración para la portada que recoge con precisión el espíritu que anima la obra, que para ser más sugerente y atractiva incluye una cuidada selección de imágenes, algunas de ellas inéditas, relacionadas con las fiestas y también de los más significativos y relevantes espacios caravaqueños relacionados con ellas; siendo dignas de mención la hasta ahora más antigua fotografía de las fiestas, fechada el 3 de mayo de 1889, en la vemos a un numeroso grupo de caravaqueños esperando en el Templete la celebración del baño de la Cruz, que en esa época se efectuaba por la mañana, y las impresionantes fotografías del caravaqueño J. López realizadas a finales del siglo XIX.
En un primer momento pensé en redactar un libro tomando como base las noticias publicadas, pero rápidamente cambié de opinión ya que, desde mi punto de vista, gran parte del valor de esta compilación, independientemente del interés documental ya reseñado, reside en su variedad, en las diferentes formas de abordar idénticos asuntos, en la ideología y los gustos particulares de cada uno de los redactores y en los sociales de cada época, en la crítica y en la complacencia, etc. De modo que resultaba obvio que la única forma de transmitir todo eso era transcribir con fidelidad su contenido, dejando al lector las posibles observaciones que pueda extraer de cada una de ellas.
El periodo que abarca este trabajo es muy interesante desde el punto social y económico por los grandes cambios y transformaciones que suceden en él, pero también desde el particular mundo festero caravaqueño, ya que durante él se conforman en gran medida las fiestas tal y como hoy las entendemos. Antes, las fiestas eran la cita anual de todos los caravaqueños y de los cada vez más frecuentes visitantes que llegaban a nuestra ciudad en busca de diversión, novedades, provisiones y de paso participar o contemplar las ceremonias que cimentaron y dieron fama a nuestras fiestas.
Hay descripciones precisas y detalladas de como llegaban estos visitantes a principios del siglo XX, los de la alta sociedad y también los campesinos, que lo hacían en carros llenos de los suministros y pertrechos necesarios para pasar los días que estuvieran en nuestra ciudad, pues no hay que olvidar la escasez de servicios de una mediana ciudad de provincias como era Caravaca en esa época. Problema que también sufrían tanto los tratantes de ganados y comerciantes que acudían a la feria como los que lo hacían para presenciar las famosas corridas de toros que tenían lugar en nuestra Plaza de Toros durante las fiestas, que llegaban algunos días antes teniendo que pernoctar aquí, convirtiéndose Caravaca en estos días en un hervidero humano favorecedor de intercambios económicos y culturales.
Todo eso lo reflejan con precisión las crónicas, se trata de testimonios directos de los sucesos ocurridos, que nos informan, entre otras muchísimas cosas, de la antigüedad y tradición de las carreras de los Caballos del Vino, de su evolución y la creación del concurso de enjaezamiento, de la novedad de los Moros y Cristianos y sus simulacros de combates, de su aceptación y reconocimiento, de sus crisis y desapariciones, de los pasacalles de los gigantes, su adquisición y sus reparaciones, de las bandas de música, de los conciertos en el real de la feria, de las ceremonias y procesiones, de las solemnes funciones religiosas con prestigiosos oradores sagrados que pronunciaban sermones de más de una hora de duración, de tracas y fuegos artificiales, de fastuosos festejos hoy desaparecidos como la Retreta, la Batalla de Flores o los Juegos Florales y sus antecesores los Certámenes Literarios… y también de los mil y un recursos que se probaron y que desaparecieron sin dejar la más mínima huella y recuerdo.
Las crónicas muestran igualmente la sociedad de cada época, desde el regeneracionismo elegante de finales del siglo XIX a los aires modernizadores de principios del siglo XX, en la que los ideales pequeñoburgueses casi terminan con algunos de los actos más típicos y característicos de nuestras fiestas. En este sentido es muy ilustrativa la crónica en verso compuesta por Juan José Ibáñez, que no se ha vuelto a publicar desde su aparición hace 115 años, en la que con su gracia particular pasa revista a todos los números del programa.
En definitiva, un libro recomendable para todos aquellos interesados por Caravaca y sus fiestas, un bonito y solidario regalo para esta navidades, pues no hay que olvidar que el importe recaudado por su venta se destinará a la Fundación Española contra la Leucemia, que tan importante labor social realiza.