Juan Antonio Sánchez Giménez/Twitter @juanandeniro
Ya han pasado las fiestas de la Santísima y Vera Cruz de 2014. En la retina de todos quedarán como unas fiestas en general con buen sabor de boca, calurosas, multitudinarias y en las que todo se ha desarrollado con relativa normalidad. La peña Caprichoso destrozó el cronometro de la carrera de los Caballos del Vino, logrando un recordentrada-bandas histórico; reyes, sultanes y amazonas lucieron brillantes como nunca y las nuevas medidas de organización del desfile infantil de la mañana del día 3 de mayo se mostraron más que razonables. Yo mismo entono el mea culpa por haberme en desacuerdo al principio y espero que sigan desarrollándose en años sucesivos.
Pero la autocomplacencia nunca ha sido buena compañera y no debemos olvidarnos de que nos encontramos en una brutal crisis económica y que la Fiesta la sigue notando con un descenso importante de componentes de grupos, kábilas y peñas hace no mucho tiempo bastante numerosas que tienen que hacer actualmente encajes de bolillos para subsistir. Probablemente esta difícil situación económica pasará (nadie sabe cuando con exactitud), pero no estaría de más tomar estrategias de futuro para consolidar aquellos colectivos festeros que estén en situación quebradiza y de paso hacer la Fiesta más fluida (que no menos intensa). Estoy hablando de reducir el número de grupos, kábilas y peñas. Ojo, no significa esto dejar en la cuneta ni prohibir salir a nadie, vaya por delante que estamos hablando de unas Fiestas en las que debe primar la hermandad y la concordia por encima de todo. Simplemente que se fusionen de manera voluntaria aquellos grupos, peñas o kábilas que estén en una misma situación hasta que se llegue a un número deseado y acordado. Se aminoran así gastos, se incrementa el número de componentes y se permite afrontar un proyecto festero con ciertas garantías. Ya hay algunas experiencias notables en el caso de de los Caballos del Vino como el Mudacid o el Solterón-Triana. De esta manera también disminuirían retrasos tan grandes como los del pasado 2 de mayo (la entrega de premios de los Caballos del Vino terminó a las ocho de la tarde), evitando que los actos se desluzcan por su excesiva duración y ¿por qué no decirlo?, el festero de a pie, moro, cristiano y caballista iría menos acosado por las agujas del reloj, disfrutando del momento como dicen los más veteranos que ya no se hace por la excesiva masificación. ¿Y cuál sería el número óptimo de grupos, kábilas y peñas?. Pues por ejemplo 10 de moros, 10 de cristianos y 50 de caballos. Apenas se notaría en la calidad del espectáculo que es nuestra Fiesta, pero si podría traducirse en cierta fluidez y ya a nivel interno daría solidez y solvencia económica a dichos proyectos.
Este año también ha sido especialmente emotiva la entrada de bandas del 1 de mayo con la interpretación justo antes del himno de Caravaca de la conocida marcha mora Chimo por parte de seis bandas de música para conmemorar su cincuenta aniversario. Simplemente espectacular ver como retumbaba una abarrotada plaza del Arco y ojalá se repita en años sucesivos tan bien acogida iniciativa (el año que viene la marcha Caballeros de Navarra cumple veinticinco años y su grupo titular cincuenta…). Pero en medio de aquel bonito acto fuimos no pocos los que echamos de menos un elemento imprescindible en nuestras fiestas; la banda municipal de Caravaca. Sin ellos el himno de Caravaca, la bandeja de flores (que hay mucho jovenzuelo que no sabe ni lo que es, pero eso ya es otra cuestión) o la diana no es lo mismo. Es nuestra banda, la banda de todos los caravaqueños y como tal debe tener un papel principal en estos días. Y como de bandas va la cosa es el segundo año que no oímos la de tambores y cornetas de la Vera Cruz, más conocida como la banda de Pablo. Icono tanto del Bando Cristiano como de la Fiesta caravaqueña durante décadas, veterano festero ya antes de la renovación de 1959 creo que el mejor homenaje que se puede hacer a este hombre ya anciano que se ha entregado en cuerpo y alma a las fiestas de la Vera Cruz durante toda su vida es la pronta recuperación de la misma, y volverá oír el sonido más añejo y auténtico del casco viejo de Caravaca en las noches de invierno. Desconozco las causas de que no haya podido salir a la calle en los últimos dos años, pero si la cuestión de recuperarla no se torna fácil se podría pedir la colaboración a la banda de tambores y cornetas de Caravaca, una muy buena banda de Semana Santa que tenemos en nuestra ciudad, y cuyos muchos de sus integrantes son también festeros de pro que quizás algún día podrían engrosar las filas de una revitalizada Banda de tambores y cornetas de la Vera Cruz, encabezando como siempre al Bando Cristiano.
No quisiera en estas líneas que cordialmente me brinda El Noroeste dejar de agradecer a los presidentes de los bandos y a todos los cargos de responsabilidad festera la enorme labor que llevan a cabo, pidiendo disculpas de antemano si alguna de mis palabras les ha podido incomodar. Son opiniones muy personales que hago desde la buena fe y la intención de aportar ideas para el engrandecimiento de nuestras fiestas, algo que sin ellos y su esfuerzo seria simple y llanamente imposible. Me gustaría terminar este artículo citando a dos célebres personajes y que creo que pueden venir al hilo de la materia tratada: La primera es del poeta mexicano Octavio Paz; «La mucha luz es como la mucha sombra; no deja ver». La segunda es del filósofo alemán Arthur Schopenhauer y viene a decir…»En la música todos los sentimientos vuelven a su estado puro y el mundo no es sino música hecha realidad».