MANUELA SEVILLA

El ajuar de Nuestra Señora de la Esperanza cuenta con innumerables tocados, enaguas, medallas, cruces, rosarios,… Todo tipo de joyas regaladas por sus devotos junto a exvotos y otros elementos, entre ellos algunos tan anecdóticos como un capote de torero. Sería prácticamente imposible la descripción de cada uno de estos elementos, pero sí lo haremos de las cuatro coronas que posee actualmente.


La tradición de representar a la Virgen con corona real es muy antigua, existiendo ya en las catacumbas romanas. Durante la Edad Media se difunde este elemento iconográfico por Occidente representándola sentada en un trono como reina. A partir del siglo XII se representa la Coronación de María por Cristo y posteriormente por la Santísima Trinidad. Es también frecuente en el Barroco representar a María de pie, sin el Niño, en actitud protectora o intercediendo por los difuntos. La corona se considera atributo de realeza y divinidad, es el símbolo de María como Reina de los Cielos. Vamos a describir las distintas partes de que se compone. El aro es la corona de la antigüedad reducida a su mínima expresión; se compone de una banda rematada por una moldura. Esta franja está decorada con motivos florales, reminiscencia de las coronas vegetales que en la antigüedad portaban dioses y héroes. El canasto está montado encima del aro y forma todo un bloque con el mismo. Es una parte cilíndrica y troncocónica y en ella la decoración vegetal es muy variada, encontrando también elementos arquitectónicos como volutas y relieves ovales. Ya en el siglo XVII se le añade bandas superiores cruzadas o imperiales ricamente ornamentadas, también con motivos vegetales. Las ráfagas tienen cuatro elementos constructivos comunes a casi todas las coronas; la diadema, los resplandores, la cruz y las estrellas.
Nuestra imagen de la Virgen de la Esperanza es donada por Juana Sánchez en su testamento, en 1617, a la Ermita de la Fuensanta, el actual Santuario, denominado así por la fuente conocida como el “gota a gota”. En el testamento no se hace mención a ninguna corona. Posteriormente en testamentos de otras personas se hace alusión a alhajas y joyas, pero no a coronas. En la visita de 1771 del Vicario Carreño de la Orden de San Juan de Jerusalén, propietaria de estas tierras, encontramos algunos datos: nos habla de una corona de plata y describe el trono plateado y la cueva con cristal donde está “La Pequeñica”. Esta disposición difiere con un grabado del s. XVIII en el que se representa a la Virgen llevando corona pero sin “La Pequeñica”. En 1790 se cita “una corona imperial y rostrillo de lo mismo, con diversas piedras en él “. Esta corona sería la denominada “dieciochesca” que desapareció, aunque Juan José Álvarez Buendía donó una prácticamente igual, que localizó en un anticuario de Alicante.

CORONA DIECIOCHESCA
Corona plateada con piedras semipreciosas, de cuatro imperiales que se juntan para contener la bola del orbe, en el imperial frontal tres elementos con su significado diamante incrustado en rayos solares, zafiro negro que representa la muerte vencida de Cristo y, por último, esmeralda, símbolo de la Esperanza. Diadema decorada con motivos vegetales, ráfagas biseladas rematadas por 10 estrellas (falta una) de 8 puntas con piedras semipreciosas en su interior, y en el centro la cruz. Es la corona más antigua que posee la Virgen y la de mayor valor histórico.

CORONA MENESES
La adquisición de coronas para la Virgen siempre ha sido motivada por acontecimientos relevantes. Uno de ellos por el que los hermanos Laureano y Pedro José López entregan una corona a la Virgen, comprada con el donativo de varias personas, para conmemorar la realización, a partir de 1913, de los diferentes caminos para acceder al Santuario («El Defensor» 27 de Abril de 1913). Ha tenido varias coronas de este estilo pero se han perdido o incluso vendido para realizar obras o reformas en el Santuario.
La que tiene actualmente se adquirió en Meneses, empresa de Orfebrería fundada en 1840 que trabajaba la plata de color blanco, famosa también por sus cuberterías Meneses Orfebres. Se adquirió después de la Guerra Civil, en la que desaparecieron las joyas de la Virgen así como las manos, aunque la imagen fue salvada porque se escondió. Pieza de ligero canasto con esbeltos imperiales que sostienen cruz sobre orbe, diadema desmontable, con motivos vegetales y ráfagas biseladas, es la corona que menos utiliza la virgen.

CORONA IMPERIAL GRANDE
El primer domingo de junio de 1945, al comenzar el regreso al Santuario, la imagen de la Virgen tropezó con un cable, en la Plaza del Convento, y se rompió en dos tras caer al suelo. Se inició una suscripción popular para arreglarla, lo que se consiguió junto con un donativo del Ayuntamiento, utilizando el dinero sobrante para pagar el manto encargado en Lorca. Al mismo tiempo Doña Marina Buendía Soler organizó una recogida de alhajas para la adquisición de una corona, que se encargó en Madrid con la ayuda del capellán castrense D. Manuel Iniesta Barrot, calasparreño.
Se encargó en Santarrufina Orfebres, fundada en 1887 en Madrid. Corona de plata bañada en oro, aro y canasto muy decorado con motivos vegetales. En el centro volvemos a ver una piedra de color verde, los imperiales cerrados con la bola del orbe y la cruz triunfal representando el triunfo de Cristo sobre el mundo, diadema y ráfagas muy trabajadas, los rayos biselados, y doce estrellas de ocho puntas con circonitas en su interior, en el centro un medallón con el escudo del Ayuntamiento de Calasparra. Esta corona se utilizó en la renovación de la Virgen como Patrona de Calasparra en 1952.

CORONA CORONACION
No todas las vírgenes son coronadas, pueden llevar corona, pero solamente aquellas que tienen mayor importancia por devoción, peregrinaciones, o porque su culto está más extendido, podrán ser coronadas. Cuando es el Papa el que concede la coronación canónica esta se llama “coronación canónica pontificia”. Así fue, por ejemplo, la coronación de la imagen de la Virgen de la Fuensanta, el 24 de abril de 1927. Si es el obispo el que concede la coronación, se llama coronación canónica diocesana. En nuestro caso fue el 8 de Septiembre de 1996 siendo el Obispo D Javier Azagra quien le colocó la corona.
Asesorados por Juan José Álvarez Buendía, se aceptó la propuesta presentada por Don Fernando Marmolejo Camargo, uno de los orfebres más importantes de España, autor, entre otras obras, de las margaritas que culminan la Giralda de Sevilla y el Camarín de la Macarena de la misma ciudad
Se trata de una pieza de un kilo y cuarto de oro y piedras semipreciosas. Consta de corona imperial y resplandores, que tiene unas características artísticas especiales. Incluye ocho escudos esmaltados con alegorías de la Virgen, además de los del Obispo, Comunidad Autónoma y Ayuntamiento de la Villa.
Los resplandores finalizan en doce estrellas, que representan las doce tribus de Israel, están sujetas con muelles para que se muevan. Toda la corona está sembrada de espigas de arroz, cuyos granos son pequeñas perlas, y en el interior cuelga un ancla, símbolo de la esperanza. En la parte inferior, dos ángeles coronan perpetuamente a la Virgen. El arco de la parte superior representa la cueva del santuario, que alberga una esfera representando a la tierra, y una cruz, en recuerdo de la Redención. Culmina la corona el anagrama de María: M entrelazada con A.

También tiene la Virgen otras donadas por sus feligreses, que si no son de gran valor artístico, sí sentimental. Es el caso de la corona donada por una barcelonesa que visitando la Virgen en el momento antes de la coronación, en la que es preceptivo que esté sin ella, viéndola tan “desangelada”, le mandó la corona de su hija cuando fue reina de la fiestas.
Todas estas coronas llevan un trocito de familias y personas que con sus donaciones, de dinero y joyas, intentan que nuestra Virgencica muestre todo su esplendor, buscando un poco de Esperanza en sus vidas. Agradezco la colaboración de Fulgencia Sánchez Ruiz y Juan José Páez por los datos aportados.