JUAN DAVID SÁNCHEZ

Desde época republicana y mediante La Ley de las XII Tablas, los primeros romanos tenían la obligación de enterrar a sus difuntos fuera de la urbe. Fue una medida que pretendía acrecentar la higiene de la ciudad, evitando así pestes y otras enfermedades. En el mundo pagano el lugar de enterramiento era la “necrópolis” a diferencia del mundo cristiano en el que encontramos el “cementerio”. Son dos lugares que conllevan una gran carga semántica conceptual distinta, ya que la “necrópolis” se concibe como la ciudad de los muertos, y el “cementerio” es un lugar de reposo y sueño, donde únicamente se descansa en espera de la resurrección del cuerpo. El espacio funerario ahora no será retiro sino dormitorio temporal, como expresa la misma etimología latina “coemeterium”.

Catacumbas romanas

La práctica de la religión de los primeros cristianos no tiene ningún rasgo material o rasgo característico. Será a partir de la primera mitad del siglo III d.C., cuando nos encontremos con las primeras apariciones de un arte propiamente cristiano, muy especialmente vinculado al mundo funerario.

La conciencia de los primeros cristianos en la resurrección, acometió un de cambio de rito, por lo que los cuerpos ya no eran incinerados, sino que eran inhumados y envueltos en sudarios de tela en nichos bajo tierra. Uno de los primeros asentamientos catacumbales fue el cementerio de San Sebastián en Roma, Vía Apia, hacia el siglo II d.C., en dónde la naturaleza del terreno, era la más adecuada y fácil para construir una red de galerías que abasteciese a la comunidad cristiana. El suelo de Roma contenía un tipo de piedra fácil de trabajar, el tufo. No solo las razones de aprovechar el suelo de Roma eran por su material, sino también por aprovechar espacios anteriormente habilitados por canteras, en donde la población romana había trabajado durante años. La construcción de estos cementerios subterráneos corría a cargo de los llamados fossores, que a su vez se dividían en grupos distintos como los quadratari, pictores o musivari.

Estos lugares fúnebres eran decorados con pinturas que evocaban los principios del cristianismo, pero debemos recordar uno de los grandes problemas que tuvo el cristianismo con la imagen y la idea de representar. La Patrística tenía miedo a la idolatría, es decir, a la adoración de imágenes. Algunos autores como Clemente de Alejandría o Minucio Felix, en sus escritos de manera indirecta condenaban la imagen de culto. Pero ya en el siglo IV, la iglesia aceptó como necesaria la creación de una iconografía propia.

Aun así en las catacumbas de Roma, en una primera época, hasta la segunda mitad del siglo II aproximadamente, prevaleció la simbología criptica como el crismón, el pez o el ancla, todos ellos aludiendo a la salvación y la esperanza. También se tomaron préstamos paganos. Pero después de esta centuria,

comienza a reflejarse la verdadera iconografía cristiana con temas salvíficos, temas del Antiguo y Nuevo Testamento, como Daniel en el foso de los leones, el Bautismo o la Adoración de los Magos, y temas de la pasión.

También la representación de la mujer tuvo cabida en estos lugares. Se trata de pinturas que reflejan la actitud y vida de una época, sin duda una de las más importantes por su contenido, que nos sirve para hacer una aproximación a cómo era la vida y pensamiento de éstas en la comunidad cristiana primitiva.

Como he dicho precedentemente, en los albores del siglo II, se comienza a desarrollar el complejo catacumbal, conociendo algunas de las más importantes de Roma, como son la de San Calixto, Priscila y Domitila. Desde sus inicios, el interior de las catacumbas estaba destinado a personalidades y familias desconocidas de la urbe, pero fue a principios del tercer siglo, cuando comienzan a ser enterrados santos y mártires. De ahí, que casi todas de las catacumbas de Roma, reciban el nombre de santos o mártires donde se encuentran enterrados. En estos momentos, se propaga el cristianismo por todo el imperio. Al principio los emperadores no estarán de acuerdo con esta “nueva religión”, incluso se realizan persecuciones a los primeros cristianos. Fue el emperador Constantino el primero en abrazar el Cristianismo.

Los siglos III y IV fueron de máximo esplendor para estos lugares funerarios. Es una etapa en la que el cristianismo está en pleno auge, con lo cual hay una relación directa de influjo. Si bien el cristianismo potenció el auge de las catacumbas, cierto es que también conllevó el abandono de éstas, con la difusión de los enterramientos intramoenia, prácticamente en el interior de la ciudad. Tras este acontecimiento, los enterramientos en las catacumbas fueron cada vez más raros a partir del siglo V, aunque se testimonia que hasta el siglo VII se siguen produciendo enterramientos, pero en menor abundancia.