GLORIA LÓPEZ CORBALÁN

En este mundo de dioses y podemitas hay gente para todo. Están los que nunca sueñan, esos que no viven, sobreviven. Luego están los que sueñan, casi siempre pobres, que viven sobreviviendo. Y también están los que ayudan a realizar los sueños de los otros, casi siempre ricos y que no saben lo que es malvivir. Aquell@s que no puso dios en sus manos ningún don, pero les dejó las fortunas para sobrellevar la mediocridad de sus vidas. No fue el caso de Lady Ottoline Morrell. Era rica, sin ningún arte reconocido, pero nunca fue mediocre. Los mediocre fueron todos aquellos a los que ayudó y que la dejaron sola al final de sus días, enferma y sin dinero. ..

Ottoline Violet Anne Cavendish-Bentinck nació un 16 de junio como una más de la familia real inglesa. Hija del teniente Arthur Cavendish-Bentinck y su segunda esposa, Augusta Browne, y descendiente por línea materna de no sé qué duque que le dejó un fortunón que ella aprovechó muy bien y los artistas… más.
En 1902 se casó con Phillip Morrell, un diputado liberal viudo y con hijos (que incorporó al matrimonio, total, donde come Bloomsbury, comen dos más) y con el que tuvo dos gemelos, pero solo sobrevivió la niña. El matrimonio era moderno, tirando para liberal. La marquesa es el claro ejemplo que las ganas no entienden de sexo ni materia ni clase social: lo mismo se liaba con un filósofo como Bertrand Russell que con la pintora Dora Carrington, que con el jardinero.
Ottoline fue una de las principales protectoras del círculo de Bloomsbury. Su casa, situada en el famoso barrio londinense era la sede del grupo, por el que pasaron, y los que recogió durante la I guerra mundial a artistas como Virginia Woolf, Aldous Huxley, Katherine Mansfield, Henry James o Robert Graves. Les apoyó, les dió cobijo, les compró sus obras, les dió de comer y beber, y algun@s hasta se los tiró, y aún así nunca la consideraron una de ellos. No sé si por excéntrica o rica ella, o por envidiosos ellos, el caso es que la retrataron con mala idea y airearon sus polvos con el jardinero. No es otra que la famosa protagonista de El amante de Lady Chaterley de D.H. Lawrence. Para la fama que le dio al escritor y al jardinero, que mal se lo pagaron.
En fin, además de ser mecenas y rica, en su tiempo libre era decoradora y diseñadora de jardines (que pasión oye, por los jardines y sus trabajadores) y escribía sus memorias (que no creo yo que sean las de Adriano).
Antes que la bondad, se le acabó la fortuna heredada de la línea sucesoria de no se cuantos siglos, y los últimos diez años de su vida los pasó postrada en una cama, enferma de cancer de mandibula y abandonada hasta por el jardinero (que se iría a regar otros jardines, digo yo).
Solo Virginia Woolf permanece a su lado cuando la muerte dio con ella un 21 de abril de 1938. Generosa hasta con su propia muerte, no fue del cáncer que padecía, sino de un medicamento experimental que estaba tomando, convencida de que su disposición a someterse a nuevas curas ayudaría a otros a sobrevivir.
Pienso que moría tranquila y satisfecha ( y no lo digo solo por el jardinero), porque cada cual reparte lo que tiene, los hay que solo tienen maldad, y las hay que solo reparten bondad. Sin ella, ni su casa, ni su bondad para acogerlos a todos, no tendríamos hoy tantas obras del grupo de Bloomsbury.