José Antonio Melgares Guerrero/Cronista Oficial de la región de Murcia, de Caravaca y de la Vera Cruz.

El próximo 12 de abril, la compañía lírica Emilio Tuhillier que dirige desde el punto de vista escénico José Antonio López Navarro Jata, y en lo musical el maestro Salvador Romera, presenta en el teatro de la Plaza Nueva la zarzuela que lleva por título La del Soto del Parral, última de una serie de espectáculos del denominado Género Chico que dicha compañía viene representando desde 1964 en que comenzó su actividad en el seno del grupo festero cristiano de Caballeros de S. Juan de Jerusalén con la representación entonces de Katiuska y Luisa Fernanda dirigidas en aquel año por Cristóbal Díaz Azorín y, desde el punto de vista musical, por Ramón Orrico.

El teatro de aficionados en Caravaca es muy antiguo, bien representando espectáculos musicales, bien haciéndolo con comedias. Las primeras noticias que obran en mi poder al respecto, en tiempos modernos, datan de 1934 cuando el escritor Fernando Guerrero y su cuñado el músico Diego Sánchez Cortés compusieron la obra  original de ambos Verbeneras (una estampa lírica de costumbres madrileñas en la que, entre otros, actuaba mi padre). En los primeros años cincuenta funcionó una compañía de aficionados que dirigía el abogado local D. Cristóbal Rodríguez, con el nombre de Cuadro Artístico de la Santísima Cruz, del que se hizo amplio eco la Revista de Fiestas de 1955, donde el lector interesado puede ver incluso las fotos de sus componentes. Algún que otro grupo funcionó durante más o menos tiempo en el que participaron, entre otros, el alcalde Amancio Marsilla y la profesora Dª. Encarna Guirao, hasta que en los primeros años sesenta y dirigida por Matías Albarracín Crespo, los integrantes de la muy joven cábila festera de Los Rifeños montaron obras de teatro y zarzuela para allegar fondos con los que sufragar los gastos que ocasionaba la Fiesta.

De 1964 data el cuadro escénico mencionado al principio, en el seno de los Caballeros Sanjuanistas, también para financiar su grupo festero. Tras años de inactividad, en los que la Fiesta se nutría económicamente del productivo sistema de los boletos del que en otra ocasión me ocuparé, en 1980 se reorganizó el grupo Sanjuanista con Jaime Talavera y José Luís Martínez-Iglesias entre otros, bajo la dirección de José Antonio Jata, quien acababa de regresar de su estancia en Madrid. Aquel año se puso en escena una Antología de la Zarzuela para la que contaron con el barítono Oscar Poveda, comerciante del sector del calzado, y con Matilde La Gorriona que hacía de tiple. El espectáculo se montó a base de romanzas, dúos y números de coros de La del Soto del Parral, La Tabernera del Puerto, La Canción del Olvido y otras conocidas zarzuelas, cuyo éxito de público y crítica animó a los aficionados a seguir trabajando en esa línea, representando las obras en el Cine Gran Vía pues el estado ruinoso del Tuhillier no permitía su utilización. En 1981 montaron La Tabernera del Puerto con decorados de la  empresa valenciana Viuda de Muñoz (quien en adelante y hasta la actualidad los viene facilitando), dirección artística de José Antonio Jata, dirección musical de D. Antonio Martínez Nevado y pianista Salvador Romera, actuando como barítono José Luís Martínez-Iglesias, como soprano Matilde La Gorriona, tenor: Jaime Talavera y bajo: Oscar Poveda.

Al concluir aquel año estrenaron El Huésped del Sevillano, inspirada como se sabe en La ilustre fregona de Cervantes, para la que se contó con una nueva revelación: Carmen Cano y añadiéndose a los artistas mencionados Manolita Abril.

Tras unos años de inactividad por motivos diversos que no vienen al caso, en 1984 y en el Pabellón Municipal (hoy Salones Castillo), se estrenó La Rosa del Azafrán a beneficio del Monumento al Moro y al Cristiano, interviniendo José Daniel Ansón como barítono.

La restauración y rehabilitación el teatro, concluida en 1986, animó al grupo que se había constituido como tal con el nombre de Emilio Tuhillier como reivindicación de la restauración del viejo coliseo que, como se sabe, se llevó a cabo siendo Ministro de Cultura Ricardo de la Cierva y Alcalde de Caravaca Pedro García-Esteller Guerrero.

El 25 de abril de aquel año tuvo lugar la función inaugural del Tuhíllier con La Montería, estrenándose al año siguiente El Último Romántico. En 1988 La Parranda y en 1989 La Dolorosa. El año 90 fue de continuado movimiento por los teatros de toda la Región, representándose La Parranda que, por su ambiente murciano es tan del gusto de los aficionados del todo el territorio regional.

En 1991 se montó La Revoltosa. En el 93 La Linda Tapada y en el 95 Los Gavilanes. Con el nuevo siglo prosiguió la actividad zarzuelera estrenándose en el año 2000 Behemios, en 2002 se repuso La Montería y se estrenó La Rosa del Azafrán. En 2005 El Cantar del Arriero. En 2011 La Alegría de la Huerta y en 2013, como se ha dicho, se estrenará La del Soto del Parral.

Resulta de todos modos imposible, en un texto de extensión limitada como éste, hacer una relación de todos cuantos han intervenido en las distintas épocas, pero no me resistiré a mencionar la dirección musical de D. Antonio Martínez Nevado durante años y, posteriormente de Salvador Romera y Neli Martínez Rivero, siendo siempre director José Antonio Jata.

El montaje y puesta a punto de una zarzuela cuesta el trabajo ininterrumpido de todo un largo año, ensayando dos días por semana  el aspecto musical y otros dos el texto del libreto, siempre ocupando el puesto de apuntador primero Adrián Caparrós y a su fallecimiento su hermano Bartolo.

La compañía Emilio Tuhillier ha participado con éxito reconocido en Abarán y Petrel, y ha actuado en la mayoría de los teatros de la Región de Murcia, además de haberlo hecho en pueblos de Alicante y Albacete. Los beneficios económicos obtenidos se destinan al aumento del patrimonio de la misma, para apoyos de voz y música excepcionalmente llegados de fuera de la ciudad, y para emprender algún que otro viaje de placer de sus componentes.

Su ya larga historia da para contar muchas anécdotas relacionadas con los diversos lugares urbanos que han tenido para ensayar y para estrenar sus espectáculos, con las vicisitudes personales de artistas y técnicos, con los apoyos de la Banda de Música Municipal, los no menos importantes apoyos de cantores llegados de la vecina Cehegín y, sobre todo, con la larga nómina de participantes, alguno de los cuales ya ha fallecido.

La actividad y comportamiento de la compañía Emilio Tuhillier, heredera en el tiempo de otras de parecida o similar naturaleza, es a todas luces encomiable por su impecable trayectoria en el pasado y por el brillante futuro que le aguarda. Su nombre y su quehacer artístico bien merecen la pena figurar en el virtual libro de honor en el que Caravaca escribe con letras de oro los de sus más ilustres personajes y, también, el de las actividades más elogiables llevadas a cabo por aquellos.