José Antonio Melgares Guerrero/Cronista Oficial de Caravaca y de la Vera Cruz.

Durante muchos años se ha dicho en la ciudad que lo que no encuentras en la tienda de Nieto es porque no lo hay en Caravaca. Y es que el comercio aludido, en el lugar urbano donde confluyen las calles Mayor y Colegio (antigua Colegio Viejo), ha gozado del predicamento y fama popular que se ha ganado a lo largo del tiempo, gracias a la dedicación y profesionalidad de la familia que siempre lo regentó.

Rafael Nieto. El fundador.

Rafael Nieto. El fundador.

El negocio fue fundado por Rafael Nieto Fernández, oriundo de Quintanar de la Orden, hacia 1870, quien junto a su socio Joaquín Rodríguez llegó a Caravaca procedente de Albacete en esa fecha. Uno y otro eran empleados de la empresa comercial Fonteche y Cano y conocían la ciudad y sus posibilidades económicas pues ambos eran comerciales de aquella. Alquilaron un bajo a la familia Haro, el mismo en que hoy se encuentra, y abrieron un gran bazar donde había de todo cuanto el lector pueda imaginar.

En 1890 se deshizo la sociedad y comenzó a funcionar en solitario Rafael Nieto, quien por entonces casó con la caravaqueña Mariana Navarro García, estableciendo el domicilio familiar muy cerca del negocio, en la C. del Colegio, donde años después tuvo su domicilio, encuadernación y papelería José María Sandoval. Allí llegaron al mundo los cinco hijos fruto del matrimonio: Rafael, Vicente (fallecido niño), Manuel, Mariana y un segundo Vicente.

Inicialmente todos apoyaron físicamente el negocio, aunque finalmente se haría cargo del mismo Manuel, tomando los demás caminos diferentes en la vida. Y aunque el establecimiento permaneció siempre donde hoy sigue, no sucedió igual con el domicilio familiar de los Nieto que, pocos años después, cambiaría a la C. Mayor, frente a la antigua tienda de Los Giménez y a un paso del negocio.

Manolo Nieto.

Manolo Nieto.

Tras la muerte de Rafael, hacia 1940 (tras haber abierto sucursales en Alicante y Bullas), se hizo cargo de la tienda Manolo, como he dicho, quien vino al mundo el 5 de febrero de 1909 y caso en 1941 con Elisa Melgares Bolt, trayendo al mundo entre ambos a Rafael y Elisa, sus hijos. Hacia 1969 Manolo Nieto amplió el establecimiento hacia el interior del mismo, tras adquirir un edificio a Dª. María Aguilera, con lo que amplió su capacidad y lo dotó de otra salida en la C. del Escritor Gregorio Javier, trasladando la residencia familiar a los pisos altos del mismo.

A lo largo de su dilatada existencia, la Tienda de Nieto fue siempre referente social y punto de encuentro de gentes de varias generaciones. Sus puertas siempre estaban abiertas, en horario comercial de verano e invierno, según el criterio personal del viejo Rafael, y en su fachada colgaban muestras diversas de los productos a la venta en su interior. En el ático de la misma, siempre se exhibieron mercancías de gran tamaño (estufas, tubos metálicos…) y, durante años, sendos anuncios de Norit y Tintes Iberia flanquearon aquella gran superficie expositora.

Entre los empleados se recuerdan, como los más antiguos, a Diego Candel y Miguel Abad Azucar (quien luego se estableció en Archena). Después: Javier Ferrer, Rafael Campos Orrico, y Manolo el Brigada; además de Pilar Alejo, Piedad López Bolt, Carmen Carrasco, Dalia Ros, Francisco Olivares y Salvador Medina, quien entró de niño y marchó al jubilarse a la edad reglamentaria. Por lo que es preciso afirmar que la Tienda de Nieto fue una verdadera escuela de comerciantes, de la que salieron personas, para establecerse por su cuenta, que luego dieron mucho de sí en la actividad comercial local.

Originariamente aquel inicial bazar contó con secciones de alimentación y vestido, que luego cedieron paso a las de ferretería, mercería, cristalería, géneros de punto, cacharrería, loza, cristal, menaje de cocina, juguetería, armería e instrumentos musicales de cuerda (y sus derivados).

Exterior del establecimiento.

Exterior del establecimiento.

Entre sus proveedores hay que mencionar a Fabra y Coats y Riviere de Barcelona. Almacenes Cuadrado (mercería y géneros de punto), Carlos Dinvier (juguetes) y Telesforo Julver(instrumentos musicales), de Valencia; y Victor Sarajeta (armería) de Vitoria. Entre sus clientes, además de toda la población sin distinción de clases sociales ni económicas, los cargueros del campo y pueblos y pedanías colindantes, que inicialmente venían en carros tirados por animales y luego en furgonetas, llevándose productos al mayor. Entre ellos: Pepe el de La Encarnación, Marcos Navarro (de La Risca), Antoñico y Los Meleros (de Archivel) y Luís Lacal (de Nerpio, además de otros muchos cuya relación es imposible en un texto de extensión limitada como este.

Manolo Nieto, como el resto del comercio caravaqueño de otros tiempos, vendió mucho al fiao, e incluso al trueque en los primeros momentos, habiendo habido deudas de difícil o imposible cobro apuntadas en viejas libretas que aún conserva la familia.

La competencia la formaban otros almacenes del ramo, casi todos ellos vecinos, alineados e lo largo de la C. Mayor e inmediaciones. Fue el caso de Diego Marín, Miguel el de la Tienda, Perico Roñoso y Cristina la Torda entre otros, permaneciendo la de Nieto como único testigo de una actividad previa a la especialización comercial de nuestro tiempo.

Manolo Nieto vivió siempre por y para su negocio, atendiendo gustoso a la clientela todos los días a todas horas. Los lunes en jornada ininterrumpida de 9 de la mañana a 6 de la tarde, y en las vísperas de la fiesta anual de reyes hasta bien entrada la media noche. Declinó siempre vincularse a la política local por propios principios comerciales y su única afición, al margen de su trabajo y la familia, fue la tertulia del Círculo Mercantil (entidad de la que fue socio fundador), a la que acudían Enrique López Sevilla, Antoñiles, José Mari (el del Hotel Victoria), Pepe Jiménez, Pepe Gómez y Pedro Antonio Orrico entre otros. Aquejado de demencia senil, falleció el 7 de abril de 1994, con 85 años, habiendo dejado el negocio en manos de su hijo Rafael, quien forma la tercera generación.

El sonido de sus persianas metálicas al subir y bajar cada día al inicio y cierre de la actividad, el aroma característico de su interior y la contemplación del viejo rótulo de su fachada, forman parte del patrimonio de sensaciones comunes locales de la memoria colectiva caravaqueña, conservada en el viejo álbum donde se almacenan en la mente tantas fotos de bordes amarillentos que no son sino instantáneas del recuerdo, actualizadas voluntaria o involuntariamente en el presente cotidiano.