LAURA CABALLERO/PSICÓLOGA

A finales de los 80, surgen las terapias contextuales, una tercera generación de terapias que son una extensión de la terapia cognitivo-conductual. Para este grupo de terapias lo importante es la función que la conducta tiene en el contexto en el que se da, y el individuo se considera como un todo. De hecho, algo que tienen en común todas las terapias de tercera generación, es la importancia que tiene el lenguaje en nuestra conducta, sobre todo, como ahora veremos, en la influencia que tiene el lenguaje a la hora de producirnos sufrimiento cuando nos creemos de manera literal nuestros pensamientos. El lenguaje es nuestra manera de interactuar con el contexto. Es una manera de expresar hacia fuera lo que interpretamos sobre el mundo. Podríamos considerar que nuestros pensamientos son nuestro lenguaje “hacia dentro”.

La Terapia de Aceptación y Compromiso es una terapia de tercera generación que se basa, como su propio nombre indica en la aceptación de eventos desagradables internos, tales como pensamientos, emociones o sensaciones. Por otro lado, también se centra en indagar en los valores que son importantes para la persona y en comprometernos con llevar a cabo acciones que estén en consonancia con estos valores.

La Terapia de Aceptación y Compromiso se basa en el modelo de flexibilidad psicológica o también llamado Hexaflex, que lo que persigue es que pasemos de la rigidez psicológica a ser más flexibles para que podamos adaptarnos a mayor cantidad de situaciones. Este modelo se basa en seis conceptos que se trabajan en las sesiones a lo largo de la terapia y que se representan en cada vértice de un hexágono:

  1. ESTAR EN EL PRESENTE. Desarrollar la Atención plena o Mindfulness para aprender a estar aquí y ahora.
  2. DEFUSIÓN COGNITIVA. Dar un paso atrás y ver los pensamientos, las emociones, las sensaciones desde una posición de observador y esto se realiza a través de distintos ejercicios y metáforas. De hecho, en la terapia de aceptación y compromiso se utilizan muchísimas metáforas.
  3. ACEPTACIÓN. Abrirnos a la experiencia tanto de emociones, sensaciones desagradables y pensamientos. De hecho, la evitación experiencial es un concepto central en Aceptación y Compromiso, que propone que gran parte de nuestros problemas se deben a no querer enfrentarnos a experiencias desagradables.
  4. YO CONTEXTUAL. Se refiere a ese yo observador que está relacionado con el término de defusión cognitiva que ya hemos descrito. No es lo mismo pensar que soy un desastre que ponernos en una posición de observador y ser conscientes de que estamos teniendo el pensamiento «soy un desastre”.
  5. Debemos clarificar cuáles son los valores que quiero que guíen mi vida, para establecer objetivos y llevar a cabo acciones en consonancia.
  6. COMPROMISO CON LA ACCIÓN. Guiados por los valores que hemos establecido, nos comprometemos con llevar a cabo acciones, aunque eso nos pueda hacer sentir incomodidad o malestar, que aprenderemos a manejar con las demás estrategias que ya hemos explicado.

Todos estos elementos se van trabajando a través de las sesiones y es una terapia que está dando muy buenos resultados para un amplio número de problemas.