ISABEL ESPÍN
Un joven inglés se encontraba en una sala de conferencias con la mirada perdida y una postura más bien propia de alguien que no se halla en sintonía con el medio que le rodea. Un tanto desorientado, miraba al móvil durante el tiempo en el que owen-jones-madridllegaban a sus oídospalabras de un idioma que domina demasiado poco, éstas provenían del hombre que estaba a su lado, ese que había hecho posible que él estuviera ahí.
Pero, llegado su turno, cogió el micrófono y decidió levantarse, mientras, miraba con timidez al auditorio del Círculo de Bellas Artes, donde todos los presentes habían ido para escucharle. No necesitaba presentarse, aun así lo hizo, aunque a parte de decir que se trataba de Owen Jones y realizar un par de chistes sobre su edad, no comentó nada sobre sus logros profesionales. Quizás, porque intuía que ya otros se habían dedicado a alabar su influencia en el Reino Unido o puede que el motivo fuese que quería demostrar a aquellos que le prestaran atención por qué su pensamiento tiene tanta repercusión.
El discurso que recitó se centró de igual manera en la historia del Estado del Bienestar y en la lucha de los neoliberales por imponer su visión reduccionista de Estado, a la vez, que lo fundía con la situación actual. Sin embargo, trascendió más allá de estos temas para reivindicar que debe parar la lucha entre vecinos para enfrentarnos al verdadero causante de nuestro sufrimiento, es decir, las élites que gobiernan y deciden por nosotros cómo debemos vivir. Para ello, es esencial eliminarlos prejuicios y la envidia que corroe al hombre corriente, o mejor expresado, tiene que cambiarse ese desprecio, que se encuentra enfocado hacia los que dentro de su clase social tienen la suerte de padecer menos, para unirse y seguir unos objetivos comunes: el bien de la ciudad, como era comprendida para los griegos clásicos.
Por más que su visión de un mundo mejor parezca demasiado utópica para convertirse en realidad, defendió y alimentó que es posible, siempre que conservemos la esperanza. Ésta fue la palabra clave de la conferencia, pues con ella se podía vislumbrar la emoción que sentía por vivir en un lugar “bueno”. Para nuestro joven protagonista, la esperanza no se trata simplemente de un estado de ánimo transitorio que aflora en los peores momentos sino que significa un modo de vida, con ella podemos plantearnos cualquier situación y luchar por que se cumpla. Sin embargo, también advirtió que si desaparece este don de los dioses que quedó en la caja de Pandora, lo único que podríamos hacer es aceptar un destino oscuro y manipulado.