JOSÉ ANTONIO MELGARES GUERRERO/CRONISTA OFICIAL DE LA REGIÓN DE MURCIA

El caleidoscopio de festejos que enmarcan las Fiestas de la Cruz de Caravaca, y que arropan los actos principales o rituales que no han variado a lo largo del tiempo por constituir la esencia misma de la Fiesta, cuales son los religiosos, han tenido épocas de auge, declive y hasta han llegado a desaparecer del propio calendario festero con el correr de los tiempos. Ni los más mayores recuerdan ya las denominadas “serenatas” de finales del S. XIX y comienzos del XX; y sólo unos pocos, de los entrados en años, como sucede al Cronista, recordamos el peculiar festejo de LA RETRETA, que tenía lugar durante las primeras horas de la noche de cada cuatro de mayo.

La Retreta

La Retreta

Los de mi generación, recordamos durante nuestra niñez y primera adolescencia, una repetida y familiar frase que pululaba escrita en las fachadas de muchos edificios de nuestras calles y plazas, que decía VIVA LA RETRETA. Los mayores que nosotros recuerdan, incluso, que en muchos casos a la frase aludida seguía otra: VIVA DON PEDRO SEBASTIÁN.

El término RETRETA lo define el Diccionario de la Real Academia, entre otras acepciones, como la fiesta nocturna, en la que recorren las calles de un lugar, las tropas, con faroles, hachas de viento, música y, a veces carrozas con atributos varios”.El festejo caravaqueño en cuestión, se parecía mucho al murciano Entierro de la Sardina y consistía en una cabalgata nocturna de carrozas, que transportaban seres mitológicos de cartón piedra, desde las que sus tripulantes arrojaban caramelos y pequeños juguetillos de cartón y barro, junto a miles de “pitos” de madera (pues aún no se había desarrollado la edad del plástico”), por los que pugnaba la muchedumbre situada a lo largo del recorrido callejero. Las carrozas, en número indeterminado, dependiendo del presupuesto de cada año, iban tiradas por bueyes o mulas, escoltadas por bandas de música y decenas de bengaleros y chisperos que iluminaban la noche y difuminaban las siluetas reales, creando un ambiente mágico, fantástico y sensual, cuando la iluminación callejera era menos intensa que la actual.

La primera noticia escrita de la RETRETA data de 1910 y la recoge el semanario local LA LUZ DE LA COMARCA en su número de 10 de julio, al dar cuenta del Cabildo de la Cofradía de la Cruz celebrado el 3 del mismo mes, en que se felicitó públicamente al farmacéutico Ricardo Torres Escriña “por sus trabajos en la confección de la bonita carroza que presentó la Comisión de Festejos en LA RETRETA, número el más bonito de todos los incorporados a las Fiestas de la Cruz”. Al año siguiente, el acta del Cabildo General celebrado el 9 de julio, reproduce el siguiente acuerdo: “El Cabildo da un voto de gracias a D. Juan José Ibáñez Cánovas (el Poeta Ibáñez), por el celo e interés con que ha desempeñado sus cargos, y muy particularmente en el número de la Retreta, que tan extraordinariamente ha llamado la atención”. Dos años después, el 13 de abril de 1913, en vísperas ya de las Fiestas de aquel año, el semanario EL SIGLO NUEVO, recoge un elogioso comentario editorial sobre el tema de la RETRETA, al que denomina “festejo magno y número principal de las Fiestas de la Cruz”, en cuya organización estaba implicado el comercio y la industria alpargatera local, así como las sociedades del Casino y Círculo Artístico.

El festejo fue en aumento. LA RETRETA de 1912 fue, sin duda extraordinaria, poniéndose por sus organizadores tan alto el listón, que sus hermanas de 1913 y 1914 no sólo no pudieron superarlo, sino que se llegó a temer, incluso, por su desaparición. En mayo de 1915, el apoyo personal del diplomático local Pedro Sebastián de Erice y sus correligionarios políticos del estrafalario Partido Sebastianista (al que en otra ocasión me referiré), resucitaron el festejo, pero como arma política de su campaña electoral. Fue entonces cuando más apoyo popular tuvo y más discutido se vio su contenido entre las facciones políticas locales de la época.

LA RETRETA languideció al extinguirse la llama sebastianista, y dejó de celebrarse durante la dictadura del general Primo de Rivera, los años de la II República, la Guerra Civil y la posguerra.

Pasó el tiempo hasta que en 1950, siendo Hermano Mayor de la Cofradía de la Cruz el médico oftalmólogo Miguel Robles Sánchez-Cortés, el cortejo nocturno de luz y color salió a la calle de nuevo, recorriendo en aquella ocasión la Gran Vía y la calle Mayor. Se contrataron carrozas al artista carrocista murciano Antonio González Conte, y en su organización figuraron personas como Juan Rico, Casimiro “el del Ocaso”, Alfonso “el Firma”, Manuel Campos, Juan “el Bata”, Diego Jiménez-Girón, Martín Robles y Alfonso “el Pili”, entre otros, con años de mayor esplendor que otros. La RETRETA se vino celebrando hasta 1959 en que se produjo la Reconversión de las Fiestas. La Revista-programa que anualmente edita la Cofradía de la Cruz, en su edición de 1960 ya no recoge la celebración del festejo al que nos referimos, y en su lugar se incluye la Gran Paradade Moros y Cristianos en la Gran Vía, que en la actualidad sigue celebrándose como epifanía de la Fiesta de Moros y Cristianos, en que cada año se eleva el listón y se pone a prueba la imaginación, el buen gusto y la forma de ser de los caravaqueños de siempre.

LA RETRETA, que comenzó siendo una excusa del comercio local para atraer a la gente a la ciudad, como había sido antes la construcción de la Plaza de Toros, tuvo sus años de apogeo y declive, constituyendo hoy sólo un bello recuerdo del pasado festero, y por tanto un importante capítulo del rico patrimonio antropológico caravaqueño.